Xabi Alonso vio las grietas del Madrid antes de que fuera tarde

El Real Madrid no siempre necesita fichajes para corregir sus problemas: a veces necesita comprender mejor a los futbolistas que ya tiene. Xabi Alonso se marchó sin resolver todas las dificultades que encontró en el vestuario blanco, pero algunas de sus decisiones apuntaban hacia cuestiones que siguen condicionando al equipo. La posición de Fede Valverde, la creatividad de Arda Güler y la gestión de Vinicius no son asuntos aislados. Juntos dibujan un desafío mayor: construir un colectivo en el que el talento individual no termine convirtiéndose en un obstáculo para el funcionamiento general.

La paradoja es que varias de las ideas que generaron dificultades durante la etapa del técnico tolosarra vuelven a aparecer bajo la dirección de José Mourinho. El entrenador portugués debe encontrar respuestas para problemas que no se solucionan únicamente con autoridad, cambios de sistema o declaraciones contundentes. El Madrid dispone de futbolistas capaces de decidir partidos, pero necesita encontrar la mejor manera de conectarlos. Según MARCA, las coincidencias entre ambas etapas vuelven a situar en primer plano tres debates que Xabi ya había comenzado a afrontar.

El caso de Valverde resume una contradicción habitual en los grandes equipos: la polivalencia de un jugador puede ser una ventaja para el entrenador y, al mismo tiempo, limitar su rendimiento cuando se convierte en una solución permanente para cualquier emergencia. El uruguayo aporta energía, recorrido, intensidad y llegada al área. Sin embargo, sus virtudes no se aprovechan de la misma manera en todas las posiciones. Utilizarlo para cubrir una necesidad puntual es una cosa; convertir esa función en una obligación constante es otra muy diferente.

El futbolista ya había expresado sus preferencias sobre el asunto. En septiembre de 2025, Valverde reconoció que no había crecido aprendiendo a jugar como lateral, una declaración que puso sobre la mesa una cuestión que iba más allá de la pizarra. Xabi, por su parte, sostuvo que ningún jugador le había pedido ocupar una posición determinada. El episodio reflejó la dificultad de conciliar las necesidades colectivas con las características y expectativas de los protagonistas. En un vestuario repleto de estrellas, incluso una decisión táctica puede adquirir una dimensión personal.

Los últimos partidos refuerzan el debate sobre su ubicación. El Madrid ha terminado dos encuentros recientes con Valverde abierto a la banda y ha conseguido remontar en ambos, mientras que el doble pivote junto a Aurélien Tchouaméni ha vuelto a dejar interrogantes. No significa que la solución pase siempre por desplazar al uruguayo, ni que la pareja de centrocampistas carezca de utilidad. La cuestión es determinar qué necesita cada partido y qué posición permite explotar mejor sus cualidades. Xabi comprendió que disponer de un futbolista capaz de jugar en varios lugares no equivale a tener resuelto el funcionamiento del equipo.

Arda Güler, la pieza que puede cambiar el ritmo

El segundo dilema tiene que ver con Arda Güler y con una carencia diferente: la necesidad de un jugador que aporte pausa, imaginación y capacidad para encontrar líneas de pase donde otros solo ven espacios cerrados. El Madrid puede acumular potencia física, velocidad y futbolistas preparados para atacar en profundidad, pero necesita también alguien que interprete cuándo conviene acelerar y cuándo es mejor conservar la pelota. El talento del turco reside precisamente en esa posibilidad de conectar líneas y ofrecer soluciones creativas. Su presencia puede modificar la manera de atacar, no solo añadir otra alternativa a la alineación.

Xabi había defendido la necesidad de darle continuidad y confianza. Su apuesta por Güler respondía a una convicción futbolística: los jóvenes con condiciones para asumir responsabilidades necesitan minutos, pero también un contexto que les permita equivocarse y aprender. La creatividad no siempre aparece de inmediato ni puede exigirse como si fuera un recurso que se activa desde el banquillo. Para consolidarse, el turco necesita participar en un equipo que encuentre mecanismos para aprovechar su visión, sus asociaciones y su capacidad para alimentar a los delanteros.

La entrada de Güler frente a la Roma, acompañada por la de Bernardo, volvió a alimentar la discusión sobre la construcción del centro del campo. No se trata de afirmar que el turco sea capaz de resolver por sí solo las dificultades del Madrid, sino de entender qué ofrece que otros perfiles no proporcionan de la misma manera. Un equipo con muchos jugadores de recorrido puede dominar los espacios y, aun así, sufrir para desorganizar una defensa replegada. Ahí adquiere importancia el futbolista que cambia la orientación, encuentra un pase interior o administra el ritmo de una posesión. Xabi había identificado esa necesidad y había insistido en invertir minutos en su desarrollo.

El tercer frente es también el más delicado porque afecta a la relación entre el entrenador y una de las principales figuras del equipo. Vinicius necesita recuperar su mejor versión, pero el desafío consiste en ayudarlo sin convertir su condición de estrella en una excepción permanente a las reglas colectivas. Durante la etapa de Xabi, la sustitución del brasileño en el Clásico de octubre de 2025 provocó una escena de tensión que dejó al descubierto el coste de imponer decisiones impopulares. El entrenador intentó sostener su autoridad y el jugador terminó disculpándose ante sus compañeros, el club y el presidente. El episodio mostró que una discusión deportiva puede transformarse rápidamente en una crisis institucional cuando intervienen jerarquías, expectativas y egos.

Mourinho se enfrenta ahora a una cuestión que exige algo más que firmeza. La meritocracia permite que los minutos y las posiciones dependan del rendimiento, pero aplicarla en un vestuario de estrellas requiere sensibilidad para distinguir entre exigir y desproteger. Vinicius necesita responsabilidades y confianza, aunque ninguna de las dos debería garantizarle un lugar al margen de lo que ocurra sobre el campo. El entrenador debe encontrar ese equilibrio sin alimentar la percepción de que existen privilegios ni convertir cada sustitución en una batalla de autoridad. El Madrid no puede permitirse que la gestión de sus figuras desplace al fútbol del centro de la discusión.

La lección que deja la experiencia de Xabi Alonso es que reconocer un problema no garantiza tener tiempo, respaldo o margen suficiente para resolverlo. Valverde necesita una función que potencie sus virtudes, Güler requiere continuidad para aportar una creatividad distinta y Vinicius demanda una gestión capaz de combinar exigencia con confianza. Son tres asuntos conectados por una misma pregunta: cómo transformar una colección de grandes futbolistas en un equipo que funcione como tal. Mourinho tendrá que responder desde su propio método, pero el desafío no cambia con el nombre del entrenador. En el Real Madrid, la autoridad se demuestra tomando decisiones; la verdadera dificultad consiste en conseguir que esas decisiones mejoren al equipo sin romper el equilibrio que lo sostiene. @mundiario