Detener una guerra no significa necesariamente resolverla. Esa es la principal contradicción que vuelve a quedar de manifiesto en el conflicto entre Rusia y Ucrania, después de que Volodímir Zelenski se mostrase dispuesto a congelar temporalmente las líneas del frente como primer paso hacia un alto el fuego. La propuesta abre una puerta a la negociación, pero también plantea una cuestión decisiva: ¿puede alcanzarse una paz duradera cuando Moscú sigue defendiendo objetivos territoriales y políticos incompatibles con las aspiraciones de Kiev?
Zelenski considera que detener las hostilidades en las posiciones actuales puede ofrecer una salida realista al conflicto. Su planteamiento no implica aceptar las zonas ocupadas por Rusia como territorio legítimo ni renunciar a recuperarlas en el futuro. Se trata, en cambio, de separar el cese de la violencia de la resolución definitiva de las disputas territoriales.
La diferencia es fundamental. Congelar el frente permitiría reducir las operaciones militares y abrir un espacio para negociar, pero dejaría pendiente el problema que alimenta la guerra: el control de los territorios invadidos y las garantías necesarias para evitar una nueva ofensiva rusa.
Kiev también reclama compromisos de seguridad por parte de Estados Unidos y sus aliados. Sin ellos, una tregua podría convertirse en una pausa que Rusia aprovechase para reorganizar sus fuerzas. Por eso, el verdadero alcance de la propuesta no depende únicamente de que cesen los disparos, sino de que exista un mecanismo capaz de impedir que el conflicto vuelva a estallar.
Putin negocia sin abandonar sus objetivos estratégicos
Mientras Zelenski insiste en la vía diplomática, el Kremlin mantiene unas condiciones que dificultan cualquier acuerdo. Vladímir Putin ha defendido exigencias territoriales que van más allá del Donbás y ha reclamado cambios en la estructura militar y política de Ucrania.
Estas posiciones revelan el principal obstáculo para las negociaciones: Moscú no parece limitar sus aspiraciones a detener los combates, sino que pretende modificar las condiciones de seguridad de su país vecino. Para Kiev, aceptar esas demandas supondría exponerse a una pérdida de soberanía que podría prolongarse mucho más allá de la guerra.
La reunión entre Putin y Steve Witkoff, enviado de Donald Trump, ha vuelto a situar a Washington en el centro de los esfuerzos diplomáticos. El Kremlin ha mostrado disposición a retomar las conversaciones a tres bandas en noviembre, pero esa apertura no garantiza avances sustanciales.
La liberación del estadounidense Stephen James Hubbard, detenido en Rusia desde 2022, y los posibles acuerdos económicos entre Moscú y Washington también ilustran cómo los gestos humanitarios y las oportunidades comerciales pueden influir en el clima de las negociaciones. Sin embargo, ninguna de estas señales demuestra por sí misma que Rusia esté dispuesta a revisar sus objetivos militares.
El riesgo de negociar el futuro de Ucrania sin Ucrania
La iniciativa estadounidense plantea otro desafío: evitar que un eventual acuerdo se construya al margen del país que sufre la invasión. Zelenski ha insistido en que Ucrania está dispuesta a negociar en distintos formatos, pero rechaza que las grandes potencias decidan su futuro sin contar con Kiev. También considera importante la participación europea, tanto por su peso diplomático como por su posible contribución a las garantías de seguridad.
El desenlace dependerá de algo más que de la voluntad declarada de alcanzar la paz. Será necesario comprobar si Rusia acepta detener sus operaciones, si Estados Unidos puede ofrecer compromisos creíbles y si Europa participa en un marco capaz de sostener el acuerdo.
Congelar el frente podría ser el comienzo de una desescalada, pero no equivale a resolver el conflicto. Si la tregua no va acompañada de garantías verificables y de una negociación que respete la soberanía ucraniana, el silencio de las armas podría ser únicamente provisional. La oportunidad diplomática existe; la incógnita sigue siendo si Moscú está dispuesto a aceptar una paz que no consagre sus conquistas. @mundiario
