Zhang Yiming duplica su fortuna gracias a la IA y entra en el club de los más ricos de China

La fortuna de Zhang Yiming se duplica hasta los 105.000 millones de dólares y es la mayor de Asia. El fundador de ByteDance debe el salto a la inteligencia artificial, no a TikTok.

Claves de la operación

  • Bloomberg le atribuye 105.000 millones de dólares. Forbes rebaja la cifra a 84.000 millones, pero ambas listas lo sitúan como el hombre más rico de Asia, por delante de Gautam Adani.
  • ByteDance prevé invertir 30.000 millones en IA este año. Son más de 200.000 millones de yuanes en infraestructura, un 25% más que en el ejercicio anterior, con compra creciente de chips chinos.
  • El pacto de TikTok con Oracle y Silver Lake despejó el riesgo regulatorio. ByteDance conserva el 19,9% de la empresa conjunta estadounidense y ha podido redirigir caja hacia el negocio de IA.

De 13.000 a 105.000 millones en siete años: la aritmética de una valoración opaca

Bloomberg sitúa el patrimonio de Zhang en más de 105.000 millones de dólares, justo por delante del indio Gautam Adani. Forbes, más conservador, le otorga 84.000 millones y aun así lo mantiene en cabeza. La diferencia entre ambas listas supera los 21.000 millones de dólares, y no es un detalle menor: ByteDance no cotiza y nadie puede auditar el valor real del 21% que controla su fundador.

El cálculo parte de valoraciones de fondos como BlackRock o Fidelity, que sitúan la compañía en unos 548.000 millones de dólares de media. El patrimonio de Zhang se ha multiplicado por ocho desde 2019, cuando Bloomberg le atribuía 13.000 millones. Solo en septiembre sumó 12.000 millones, y en lo que va de año acumula un crecimiento del 61,8% desde los 65.200 millones que registraba en enero.

El pulso con Alibaba y Tencent se libra en chips y modelos de vídeo

La factura de la IA no aparece en los titulares, pero explica el salto. La compañía prevé invertir más de 200.000 millones de yuanes este año en infraestructura —unos 30.000 millones de dólares—, al menos un 25% más que el ejercicio anterior, según adelantó el South China Morning Post. ByteDance ha elevado su compra de chips chinos y estudia fabricar los propios, una vía que reduce su dependencia de proveedores extranjeros.

Ese gasto ha colocado a Seedance, su modelo de generación de vídeo, y al chatbot Doubao entre los más utilizados de China. Ahí choca de frente con Alibaba y Tencent, sus dos grandes rivales domésticos, en un mercado donde el acceso al cómputo avanzado sigue condicionado por los controles de exportación de Washington. ‘Juega bien sus cartas. Mantuvo el rumbo y continuó redoblando la inversión en IA’, declaraba Lian Jye Su, analista de Omdia, a Bloomberg.

ByteDance gasta en IA como una tecnológica de Silicon Valley, pero declara sus cuentas como una empresa china: nadie fuera lo verifica.

El pacto de TikTok en Estados Unidos cambió el tablero. La normativa de 2024 sobre soberanía de datos obligó a vender parte del negocio, la aplicación rozó el cierre en enero de 2025 y el desenlace fue una empresa conjunta con Oracle, Silver Lake y MGX —15% cada uno— en la que ByteDance conserva el 19,9%, según detalló Reuters. Lejos de debilitarle, el acuerdo liberó presión regulatoria y caja para concentrarla en el negocio que mueve la valoración.

Queda un elemento que ninguna lista de millonarios captura: el fundador dejó la presidencia en 2021 y desde entonces no concede entrevistas ni participa en foros públicos. Su silencio no ha frenado la revalorización de su participación, pero sí ha impedido que el mercado tenga una referencia externa de gobierno corporativo comparable a la de cualquier cotizada.

El riesgo que nadie descuenta en la fortuna de Zhang Yiming

Conviene mirar la escala con ojos españoles. Esa valoración de 548.000 millones de dólares equivale a cerca de veinte veces la capitalización bursátil de Telefónica, uno de los mayores valores del IBEX 35, y multiplica por más de diez el valor conjunto de Indra y Cellnex. La comparación no es gratuita: la web corporativa de ByteDance apenas ofrece métricas financieras verificables, mientras una teleco española publica cuentas auditadas cada trimestre y responde ante la CNMV.

Ahí está el punto débil. La fortuna de Zhang depende de tres equilibrios frágiles: la tolerancia de Washington al modelo de empresa conjunta, la capacidad de Pekín de garantizar chips pese a las restricciones y la conversión del enorme gasto en IA en ingresos publicitarios sostenidos. La mayoría de los analistas que cubren el sector considera que el primero de esos equilibrios es el más inestable, porque cualquier revisión legislativa en Estados Unidos reabriría el expediente de TikTok.

Observamos además una contradicción que las listas de ricos esconden: el pacto que salvó TikTok también recortó el porcentaje de ByteDance en su activo más visible. Lo que Zhang ha ganado en valoración lo ha hecho en un negocio —la IA— donde compite con capital mucho más transparente y con acceso directo a los mercados públicos. La próxima actualización de Forbes y Bloomberg dirá si la cifra aguanta; la prueba de fondo llegará cuando ByteDance tenga que poner precio verificable a su capital, sea con una salida a bolsa o con una nueva ronda. Hasta entonces, la mayor fortuna de Asia seguirá siendo una estimación tan sólida como opaca.

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