A su regreso de Ucrania, el vicecanciller alemán y ministro de Economía, Robert Habeck, ha insistido en el deseo de Alemania de una aplicación más consistente de las sanciones existentes contra Rusia y ha pedido además sanciones contra los países que compran uranio a Rusia. Durante sus conversaciones sobre este tema con las autoridades de Kiev, el asunto principal fue «la entrega de uranio para barras de combustible nuclear a Europa desde Rusia». Según su relato, los interlocutores ucranianos le preguntaron por qué aún no se sanciona la compra de uranio ruso «y no creo que haya una buena respuesta a eso». El Gobierno alemán considera que es algo que «tiene que suceder en algún momento, incluso si significa un cambio para los países que todavía usan uranio ruso en sus plantas de energía nuclear». «Eso me parece razonable, así que trabajaré por ello», ha avanzado la que será la línea del Gobierno alemán al respecto. El verde Habeck no se ha referido concretamente a ningún país que esté comprando uranio a Rusia, pero su queja coincide con las denuncias que desde febrero publica la organización Greenpeace, que señala que el sector nuclear en Francia está «bajo la influencia» de Rusia, que controla, según la ONG, más del 40% de las importaciones de uranio natural de Kazajstán y Uzbekistán. En 2022, cuando Moscú lanzó la invasión de Ucrania, «cerca de la mitad del uranio natural importado en Francia procedía de Kazajstán y Uzbekistán», exactamente el 43%. El uranio natural procedente de estos dos países pasa a manos del monopolio ruso del sector nuclear civil Rosatom , que controla el transporte de toda la energía nuclear que transita por territorio ruso, y viaja en convoyes ferroviarios hasta el puerto de San Petersburgo, para ser transportado después en cargueros hasta Francia, según la ONG. Noticia Relacionada estandar Si Londres se alinea con París y redobla su apuesta nuclear Ivannia Salazar Con Europa dividida sobre el cambio de modelo y la taxonomía verde, Reino Unido toma partido por Francia y dispara su inversión en centrales y minirreactores Estos transportes solo se pueden realizar con una licencia emitida por Rosatom. Francia tiene una planta dedicada al enriquecimiento de este material en Tricastin, en el sureste del país, y Greenpeace ha calificado de «escandalosa» la continuidad del comercio nuclear con Rusia, a pesar de que el sector que no está incluido en las sanciones internacionales, a diferencia de los hidrocarburos. Esta dependencia de Moscú podría explicar «por qué Francia continúa oponiéndose activamente a las sanciones contra Rosatom a nivel europeo», critica Greenpeace. Sistemáticamente burladas Habeck también ha subrayado la necesidad de una aplicación más consistente de las sanciones ya existentes contra Rusia y ha denunciado que son sistemáticamente burladas, de nuevo sin mencionar culpables. «Tenemos datos claros de que las sanciones existentes están siendo eludidas a través de terceros países», ha dicho, «esto no es de ninguna manera aceptable, también debe quedar claro para todos que esto no es un juego del escondite o un delito trivial, sino que se trata de las sanciones que se supone que ayudarán a terminar con la guerra» y que, al pasar por alto este comercio indirecto, «se socavan los esfuerzos por lograr un final de la guerra lo más rápido posible». «Tenemos datos claros de que las sanciones existentes están siendo eludidas a través de terceros países» Robert Habeck Vicecanciller alemán y ministro de Economía La importación indirecta de bienes se ha multiplicado en Rusia desde el inicio de la invasión. Poco después de dar la orden de avanzar a través de la frontera de Ucrania, la Duma permitió las importaciones indirectas a una lista de empresas, que incluye marcas como Mercedes, Volkswagen, Tesla, Miele, Philips, Appel y Samsung. El año pasado, Ruisa importó bienes por valor de 20.000 millones de dólares, el 6% del total, por este medio, al tiempo que se disparaba el comercio de productos electrónicos en países como Kazajstán, Kirguistán y Armenia, sobre todo teléfonos móviles y coches. Se trata de productos que incluyen piezas que a su vez pueden ser utilizadas como componentes para la fabricación de armas. Habeck defiende que debería haber un control de uso final para bienes aptos para la guerra y que las empresas tendrían que «probar dónde están los productos, para que no aparezcan de repente aquí en Donbass (en el este de Ucrania) a través de canales secretos, del lado de los rusos». Según el vicecanciller alemán, además, las empresas de países no pertenecientes a la UE que hayan pasado ilegalmente mercancías a Rusia deberían enfrentarse a sanciones. También es partidario de obligar a quien sepa de violaciones de sanciones a denunciarlas, «de lo contrario sería un delito penal». En el próximo paquete de sanciones se deberían decidir, según los deseos del Gobierno alemán, «estas y tantas otras medidas como sea posible».

