Por: Héctor E. Contreras.
I-Corintios 1:26-29. En un lecho de pasto, la piel del camaleón se vuelve verde. Encima de la tierra, se transforma en marrón. El animal cambia según el ambiente. Muchas criaturas se adaptan a la naturaleza con el camuflaje que Dios les dio, para ayudarlos a sobrevivir. Es natural adecuarse y adaptarse al medio ambiente. Sin embargo, los seguidores de Cristo Jesús son nuevas criaturas, nacidos de arriba y cambiados desde adentro, con valores y estilos de vida que confrontan al mundo y chocan con la moral aceptada. Los cristianos de Corinto luchaban con su ambiente. Cercados de corrupción y de todo pecado concebible, sentían la presión a adaptarse. Sabían que eran libres en Cristo, pero ¿qué significaba esa libertad? ¿Cómo debían ver a los ídolos o a la sexualidad? Estas no eran sólo preguntas teológicas; la Iglesia estaba siendo socavada con la inmoralidad y la inmadurez espiritual.
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, Efesios 4:1-3. Preso en el Señor: Esto nos recuerda que, aun cuando el apóstol está en la cárcel, todavía insiste en que Cristo es su verdadero captor. Digo significa “de suficiente peso”, una cualidad que se origina en lo que Cristo ha derramado sobre nosotros, más allá de todo lo digno que podamos ser. La unidad es una responsabilidad de todo creyente en Jesucristo y debe ser buscada seriamente. Dios nos ha escogido para ser los representantes de Cristo en la tierra. A la luz de esta verdad, Pablo nos desafía a tener vidas dignas al llamado que hemos recibido; el maravilloso privilegio de ser llamados propiedad de Cristo. Esto incluye ser humilde, gentil, paciente, comprensivo y pacificador. La gente observa nuestra vida. En lo personal, te hago las siguientes preguntas: ¿Puedes ver a Cristo en tí? ¿Qué tan bien cumples como representante de Él? Luego de estas dos interrogantes, debo añadir dos más: ¿Cúal es tu vocación, tu llamado? Es el mismos Pablo que escribe lo siguiente:
“Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”, Romanos 11:28-29. Dios es fiel a la promesa del pacto que dio a los padres, y la cumplirá. La palabra “porque” muestra que el verso 29 es una razón dada para demostrar la veracidad del verso 28. Mientras que los dones y el llamamiento de Dios, alude directamente a los privilegios del pueblo de Israel, por lo que algunos consideran que lo dicho en el verso 29 se refiere a dones espirituales. Otros, por el contrario, citan pasajes como Jueces 16:20 y I-Samuel 16:14, para indicar que uno puede perder el derecho a esta dádiva especial. A continuación detallo los versos citados: “Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él”, Jueces 16:20 y “El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová”, I-Samuel 16:14. En ambos casos, Dios se había apartado de estos hombres por su desobediencia al llamado recibido. Cuando Dios te escoges para servirle, debes tener en cuenta que, si Él te escogió, te llamó con llamamiento santo, según la siguiente declaración de la Biblia: “Por tanto, no te averguences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”, II-Timoteo 1:8-9. Nunca te avergüences de lo que eres, mucho menos si has sido escogido y llamado por Dios para su servicio. ¡Dios está por tí!
El ministerio es servicio, y un “ministerio” del evangelio es, en primer lugar, un siervo de la Palabra de Dios que predica el mensaje con entendimiento y con gran valor. Y segundo lugar, alguien que atesora la Palabra de Dios y la defiende sin descanso, comunicando su verdad con absoluta fidelidad. Esta no es una tarea fácil, porque la Palabra de Dios enfrenta una oposición violenta. De ahí que el “ministro” de Dios debe aprender que la paciencia, la fortaleza y el trabajo duro, son necesarios para alcanzar el éxito en su misión.
Lo más importante para tu llamamiento es que, siempre debes recordar que tú no eres un camaleón, que cambia de aspecto o de color conforme al color en que se encuentra en su hábitat. Eres santo para Dios, escogido por Él solamente para servir. “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”, I-Corintios 1:26-29. Esta es una evaluación del apóstol Pablo a los convertidos en Corinto que demuestra la mutua oposición entre la sabiduría humana y la divina. Sólo unos pocos procedían del mundo de la cultura y las esferas sociales más sofisticadas de aquellos tiempos. La esencia de la verdadera sabiduría reside en el conocimiento de los caminos y los propósitos de Dios y vivir en armonía con las realidades últimas creadas por el Señor.
La sabiduría humana a la que Pablo se opone no es la del intelecto o la educación, sino que es la falsa independencia humana con respecto a Dios y la tendencia hacia la autosuficiencia. Dios rechaza la sabiduría humana a causa de su orgullo y la autoglorificación. Dios desea gente humilde en su Camino.
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”, I-Tesalonicenses 5:24. La fidelidad de Dios asegura que permanecerán “irreprensibles” hasta el retorno de Cristo. Al finalizar, debo hacer las preguntas del título de este mensaje: ¿Cuál es tu vocación, cuál tu llamado? Lo más importante para responder estas preguntas, es que debes enfocarte en lo que eres tú, luego estar en disposición de aceptar el reto delante de Dios y dar inicio al llamamiento que Él te hace. En ocasiones pensarás en tu interior que no tienes vocación para esto o aquello; sin embargo, debo decirte que, de Dios nace todo lo que es perfecto, todo lo que es honesto, todo lo que es bueno.
Que su gracia esté en tí hoy y siempre y que te haga entender la magnitud de tu llamado para su obra en este mundo. Sólo di ¡si! Estoy dispuesto. Bendiciones abundantes del cielo.




