El perdón, fuente de libertad.

Por: Héctor E. Contreras.

Números 14:17-18.

En su travesía a través del desierto, antes de llegar a la tierra que Dios había prometido a su pueblo Israel, el líder escogido por Dios para conducir aquella multitud de gente de todo tipo, Moisés, a quien Dios le ordenó escoger 1 príncipe, por cada tribu, con el propósito de realizar un reconocimiento de la tierra a la cual debían entrar. Al llegar la gran comisión luego de realizar el levantamiento de lugar, rindieron su informe a Moisés y  Aarón de todo cuanto a su entender pudieron ver e investigar de aquella tierra desconocida para ellos. La mayoría de los comisionados tuvo miedo de lo que pudo ver en el reconocimiento de la tierra a la que habían sido enviados, diciendo: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Más el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac”, Números 13:27-28. Los hijos de Anac eran  hombres gigantes, y habitaban aquellas tierras, lo que hizo que cundiera el pánico entre estos hombres. Sólo dos de ellos, quienes habían sido los escogidos como líderes para conducir esta comisión, se atrevieron a contrarrestar a la mayoría de los que conformaban este grupo. Estos fueron Josué y Caleb. Caleb tuvo el coraje de mandar a callar al grupo que se oponía cruzar a la tierra que habían estudiado y hecho el levantamiento de lugar, diciendo: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”, Números 13:30. Al escuchar el informe negativo de la mayoría de los comisionados, fue cuando el pueblo comenzó a llorar y a quejarse. Sus lamentos fueron tan fuertes, que permanecieron toda una noche quejándose y llorando contra el liderazgo escogido por Dios. Fueron palabras de rebeldía y decían: “¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!Números 14:2, añadiendo en el verso 3 esta pregunta: “¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?. Al ver la rebelión del pueblo, la Biblia dice que Moisés y Aarón se postraron rostro en tierra delante de la congregación, verso 5

Más adelante, la multitud habló de apedrear a los líderes con todo y haberles rogado se abstuvieran de tal actitud, porque esto iba en contra de los designios tomados por Dios, para con su Pueblo Israel, verso 10. Esta rebelión en pleno desierto en contra de todo cuanto Dios quería para toda aquella gran congregación, es entonces que  el Señor alza su voz y dice a su siervo Moisés estas palabras: “¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos”, Números 14:11-12

Con toda su arrogancia y rebelión en contra de lo que Dios había decidido para beneficio de su propio bienestar, la mayoría seguía pensando aún en lo que habían dejado atrás en Egipto, donde hombres y mujeres, incluyendo los niños, eran esclavos, subyugados por el poder total y dictatorial del faraón. “Te pondré sobre gente más grande y fuerte”, fueron las últimas palabras de Dios cuando habló a Moisés anteriormente. A mi entender, creo que Moisés no buscaba nada que no fuera estar dentro de los propósitos de su Señor. Como líder, en ocasiones debemos librar grandes batallas, pensando siempre en el bienestar más alto en favor de las personas a quienes servimos. 

Sin importar las palabras, el enojo de Dios contra su pueblo, el cual se había enardecido y revelado y con su mente en total oscuridad, hay un hombre que conoce al Dios de la misericordia y le dice a su Señor: “Yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como hablaste, diciendo: Dios, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable”, Números 14:17-18. Tardo para ira y grande en misericordia. La ira, por largos años, ha sido la causa de grandes guerras, muertes y destrucción, son las secuelas de estos acontecimientos bélicos, los cuales traen a los pueblos y naciones, grandes pérdidas. Una guerra no es solamente bélica, existe la guerra psicológica, la que se convierte en la más destructiva de todas, por sus pensamientos negativos, y  en otras ocasiones, son las que atizan en busca de sus propios beneficios. 

En pleno desierto, aunque no existían los armamentos sofisticados de hoy, pero sí había en una gran cantidad del pueblo, la disposición de renegar lo que había en el corazón de Dios. La ira nos conduce hacia el precipicio de donde no existe regreso. Moisés, en su intercesión delante de Dios, conociendo de lo que era capaz su Señor, también conocía de su mucha misericordia. Tardo para la ira, pero grande en misericordia. El profeta Jeremías escribió: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”, Lamentaciones 3:22-23. Antes, en el verso 17 de este mismo capítulo, el hombre de Dios nos dice: “Mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien”. Aunque sin paz interior, en su corazón, no se le había olvidado de la bondad de Dios. Como Moisés, Jeremías también conocía de la misericordia de Dios. Si tu alma se ha alejado de tu misma paz y de la de Dios, te pido, en el nombre de Jesús, que trates de enmendar tu caminar contigo mismo, con las personas que has tenido alguna desavenencia y vuélvete a reconciliar con éstas, porque así podrás encontrar esa paz que se ha alejado de tu vida, de tu alma. 

 Al no existir paz en la persona, en ésta no se puede anidar nada bueno. Debo destacar algo más sobre el tema del perdón. Cuando se trata de perdonar, no es referirse solamente al pecado en las personas. El perdón abarca desde la perspectivas de haber recibido una ofensa o haberlo hecho a alguien allegado, y en ocasiones también con familiares. Si es así, al tener estas líneas en tus manos, te sugiero detenerte por un tiempecito e ir hasta donde debas ir en busca de ese amigo o amiga; puede ser también un hermano o hermana o una gran amiga, amigo, un hijo o tu hija. Te recomiendo, en nombre de Cristo Jesús, darle un gran abrazo que te salga del alma y así puedas vivir esta experiencia que sólo tú debes experimentar. Es un encuentro único, entre personas que se aman y que, por algo insignificante se han alejado. Hay una alabanza de Jesús Adrián Romero que dice: “Vuelve, vuelve a mi vida, vuelve a sentir las llamas de su amor”. Volverse, enmendar, pedir perdón y perdonar, es lo que nos vuelve personas sensibles, porque el perdón es un don de Dios y este don fue Jesucristo, quien derramó su sangre en la cruz de Calvario por toda la humanidad.  

La misericordia de Dios. La palabra hebrea para “misericordia”, es “hesed”, y llevándola a su traducción a nuestro idioma, equivale a: “Pacto de amor” o “Amor fiel”. La misericordia está vinculada al concepto de la compasión, de la verdad, fidelidad y bondad. Hoy también la misericordia de Dios es nueva para cada hombre o mujer que acuda a Él en busca de ella por medio de Jesucristo. En el verso 20, de Números 14, Dios escucha el ruego de su siervo Moisés y dice el Señor estas palabras: “Yo lo he perdonado conforme a tu dicho”. Moisés rogó a Dios por el pueblo; Dios escuchó su ruego, su intercesión. ¿Qué nos enseña la intercesión de Moisés ante Dios? Debemos aprender a nunca desmayar, por más ruegos, oraciones e intercesiones que hayamos hecho, jamás debemos claudicar, y esperar la respuesta de nuestro Dios. Ella llegará. Hay muchas personas que amamos, queremos que ellas conozcan lo que nosotros conocemos y llevamos en nuestro interior.  En ocasiones sentimos que es inútil nuestra oración o ruego delante de Dios; no, no debemos cansarnos nunca de interceder en favor de los nuestros, en especial por nuestros esposos/esposas e hijos, porque, recordemos, Dios escucha el clamor de sus hijos e hijos. 

A la llegada de la convicción del perdón al corazón, esta se origina por el poder del Espíritu Santo de Dios obrando en el interior del alma. El gran líder sudafricano, Nelson Mandela, quien estuvo prisionero por 27 largos años, al  ser dejado en libertad, dijo estas palabras: “Al salir por la puerta de la cárcel, supe que, si no dejaba atrás el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”. A esto se le llama una verdadera decisión y convicción de lo que es dejar atrás todo cuando nos impide avanzar en busca de la verdadera libertad. ¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen! Fue la exclamación de Jesús en la cruz del Monte Calvario. Hoy y ahora, es el tiempo del perdón, porque este nos lleva, nos conduce y nos guía hacia la libertad gloriosa por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. ¡A él sea la gloria!, eternamente y para siempre. Alguien dijo las siguientes palabras: “Pedir una disculpa, no significa que la otra persona tenga la razón. Significa que valoras más tu relación que tu ego”. ¡Dios es Bueno

Que la gracia de Dios llegue a cada corazón en Cristo Jesús.

 

 

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