EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
Iglesia Metodista Libre, Inc La Senda.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM
Prensa Hispana ,e Hispana Multimedios agradece la presencia semanal del pastor Hector Contreras en nuestro periódico digital
El Gran Santo Domingo, sus articulos son de grandes aportes. El pastor Contreras es ejemplo de familia, espiritualidad y ministerio fiel.
Hechos 3:4.
Todos, de alguna forma u otra, sabemos a qué va un mendigo, un paralítico; otras veces personas que viven del pedir frente a los templos, parques y últimamente en las esquinas de nuestras principales avenidas.
El relato de Hechos 3 no está loajeno a nuestra realidad de hoy día. Dice el verso 2 que el hombre era cojo de nacimiento, también que era llevado cada día a la puerta del templo para pedir limosna a los que visitaban. Existe también un gran negocio con personas como estas, que muchos viven de la explotación de ellos.
Lo más lejos que tenía el cojo de la historia, era que ese día comenzaría a caminar normal como cualquier otro hombre. El verso 2 describe su inutilidad. Jamás tendría que someterse a la voluntad de los que lo explotaban cada día desde su nacimiento.
Pedro y Juan no disponían de ninguna moneda en sus bolsillos; pero si poseían el recurso más preciado que persona alguna podría tener, la fe gigante que llega a todo aquel que ha confesado a Jesucristo y es capaz de aceptar el reto en momentos decisivos de su vida, con el único propósito de bendecir a otros y glorificar el nombre de Dios.
El Espíritu Santo imparte el poder y la autoridad de parte de Dios y hacer lo que debe hacer sin ningún tipo de temor, porque lo que hace es por el poder de la Sangre de Jesucristo. Cuando Pedro le dijo al hombre: ¡Míranos! En mi forma de ver las cosas humanamente, pensaría que recibiría una gran limosna, sin embargo, para la mayor sorpresa de su vida, en vez de recibir unas cuantas monedas, recibió lo que muchos buscan hoy, la salud de sus cuerpos enfermos.
Las palabras utilizadas por los hombres de Dios, pueden ser necesarias para este tiempo. Hay un clamor que se escucha por doquier, desde el norte hasta el sur, desde el este hasta el oeste, hombres y mujeres que padecen enfermedades, el Covid-19 que ha hecho estragos, no sólo en nuestro País, sino más allá, en tierras lejanas, hasta allí ha llegado esta invasión de la salud.
¡Míranos! Atento el hombre, asombrado tal vez, esperanzado en que recibiría algo para comer ese día, vaya sorpresa, cuando los siervos del Dios Viviente les dicen: «No tenemos plata ni oro, pero lo que tenemos te damos; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda», Hechos 3:6.
Después de estas palabras, dice el verso 7 que fue tomado por la mano derecha levantándolo y al momento sus pies y tobillos se les afirmaron al instante. El hombre saltó, se puso en pie y anduvo, entrando al templo junto a los apóstoles, saltando y alabando a Dios. En un instante fue totalmente sanado, porque Dios, lo que hace es completo, perfecto, nunca a medias.
En su vida, jamás había pisado la puerta del templo donde era llevado diariamente, ahora lo hace alabando y glorificando el nombre de Dios junto a Pedro y a Juan. ¡Alabado sea el nombre de Dios por siempre!
De ser un mendigo desde su nacimiento, en un abrir y cerrar de ojos, fue sanado. Los apóstoles utilizaron el nombre completo de «JESUCRISTO DE NAZARET», ¿Por qué utilizar el nombre completo del Señor? Porque el nombre Jesús era común en esa época, como hoy también lo es.
Se utiliza el nombre completo como título de nuestro Señor. «Jesucristo» (Mesías de Nazaret). «Jesús» («Josué» o «Jeshua»). Al utilizar el nombre completo de nuestro Salvador, recibimos la autoridad completa de parte de nuestro Dios. La sanidad de este hombre, causó una revuelta en toda Jerusalén, dice la Biblia que se llenaron de asombro y espanto por el gran milagro de ese día, Hechos 3:10.
El mendigo, utilizado desde quien sabe que tiempo por explotadores de gente como él, ese día glorioso recibe una total sanidad de sus piernas entumecidas por años. Su liberación llegó a su vida por el poder de la Sangre de Jesucristo. Esa sangre, el poder glorioso de Dios en la persona de su Espíritu Santo, aún hoy sigue fluyendo en favor de los necesitados.
¡Míranos! En este tiempo, miremos fijamente al autor y consumador de la fe, a Jesucristo y encontraremos,