El Deportivo reclama rigor en el uso del VAR y distingue entre el fallo humano y el tecnológico

El Deportivo de La Coruña volvió a ganar. Pero también volvió a discutir. Y, sobre todo, volvió a sentirse observado por el VAR, ese actor omnipresente que en los últimos meses parece haber convertido cada partido decisivo en un ejercicio de incertidumbre. El triunfo ante el Leganés (2-1), sellado con una parada milagrosa de Ferllo en el minuto 104, deja tres puntos vitales en Riazor, pero también una estela de polémica que invita a una reflexión más amplia sobre el rumbo del arbitraje tecnológico.

El partido fue, en esencia, el retrato de una temporada que se estrecha hasta convertirse en un pulso nervioso. El Deportivo sabía que estaba ante la primera de cinco finales por el ascenso directo y que cada detalle podía inclinar la balanza. El ambiente en Riazor, con cerca de 29.000 aficionados empujando desde el primer minuto, reflejaba esa conciencia colectiva de que el margen de error ya no existe.

Durante largos tramos del primer tiempo, el encuentro se movió entre la cautela local y la resistencia visitante. El Deportivo trató de encontrar caminos por las bandas y buscó combinaciones que rompieran la estructura rival, pero el Leganés, pese a sus bajas, mostró un orden disciplinado y no renunció a salir al contragolpe cuando encontró espacios. El juego se trabó, se endureció y avanzó sin excesiva claridad ofensiva.

Un penalti señalado tras una revisión interminable y detenido por Ferllo en el minuto 104 reabre el debate sobre el uso del VAR en un triunfo clave ante el Leganés

El encuentro cambió de ritmo tras el descanso, cuando la ambición local empezó a pesar más que la prudencia. El primer gol llegó tras una jugada insistente que culminó Zakaria, un delantero que había entrado desde el banquillo y que respondió con eficacia a la apuesta ofensiva del técnico. Fue el reflejo de una idea clara: el empate no servía.

Pero el fútbol rara vez concede tranquilidad inmediata. El Leganés reaccionó con rapidez y encontró el empate por medio de Juan Cruz, en una acción que devolvió la tensión a un estadio que comenzaba a soñar con una tarde plácida. El partido se abrió entonces en canal, convertido en un intercambio constante de ocasiones y emociones.

En ese escenario apareció otra figura inesperada: Noé, canterano del Fabril recién ingresado al terreno de juego, que necesitó apenas un balón para firmar un gol de enorme calidad. Su disparo, seco y preciso, devolvió la ventaja al Deportivo y pareció encarrilar una victoria que se intuía imprescindible para mantener el pulso por el ascenso directo.

Sin embargo, el tramo final fue una sucesión de episodios que desbordaron lo estrictamente futbolístico. El Leganés empujó con insistencia y el Deportivo respondió con resistencia y nervios. Y cuando el partido parecía encaminado hacia su desenlace natural, irrumpió el elemento que lo cambió todo: el VAR.

La intervención del VAR volvió a situar al Deportivo en el centro de la controversia arbitral en un momento decisivo de la temporada

Una mano de Zakaria, con el jugador de espaldas a la portería y en aparente gesto involuntario, fue revisada durante largos minutos hasta derivar en un penalti que encendió las protestas. La escena se prolongó hasta el minuto 104, en un tiempo añadido que pareció interminable y que terminó con una escena dramática: Diawara frente al balón y Ferllo frente a su destino. La intervención del VAR volvió a situar así al Deportivo en el centro de la controversia arbitral en un momento decisivo de la temporada.

El guardameta riojano, convertido ya en especialista desde los once metros, adivinó el disparo y sostuvo el resultado. Fue su tercer penalti detenido desde que defiende la portería deportivista, una estadística que empieza a adquirir un peso simbólico en esta fase decisiva del campeonato.

Un debate incómodo

Pero más allá del desenlace heroico, el episodio vuelve a colocar al Deportivo en el centro de un debate incómodo. No es la primera vez que una revisión del VAR condiciona un partido de los coruñeses, y la sensación de incertidumbre acumulada empieza a generar un clima de desconfianza que trasciende a los propios protagonistas.

El problema no es la tecnología en sí misma, sino la percepción de que los criterios siguen siendo inestables. Cuando una acción similar puede interpretarse de manera distinta según el contexto o el árbitro, el VAR deja de ser una herramienta de precisión para convertirse en un foco de controversia permanente. Y eso afecta tanto a los equipos como a los aficionados.

En este caso, el Deportivo salió beneficiado por el fallo del penalti, pero no por la decisión que lo originó. Esa paradoja revela el núcleo del problema: el resultado deportivo se sostiene, pero la confianza en el sistema se erosiona. El triunfo permite al equipo situarse provisionalmente en puestos de ascenso directo, pero el debate arbitral continúa creciendo en paralelo.

Mientras tanto, el Leganés se marcha con la sensación amarga de haber competido hasta el límite sin obtener recompensa. Su reacción tras el primer gol demuestra que sigue vivo en la pelea por la permanencia, pero también evidencia lo estrecho que se vuelve el margen en esta fase de la temporada.

Para el Deportivo, la victoria representa algo más que tres puntos. Es una afirmación de carácter, una prueba de resiliencia y un recordatorio de que el ascenso se decide tanto en la precisión ofensiva como en la resistencia emocional. Pero también es un aviso: en un campeonato donde cada detalle pesa, la polémica arbitral puede convertirse en un protagonista tan determinante como cualquier futbolista.

En definitiva, el Deportivo sigue avanzando hacia el ascenso con el corazón acelerado y el calendario como juez final. Pero el VAR, lejos de apaciguar las dudas, vuelve a instalar preguntas incómodas en el centro del debate futbolístico. Y en una temporada donde cada minuto cuenta, la sensación de justicia clara y uniforme se ha convertido, quizá, en el resultado más necesario. @mundiario


Antonio Hidalgo. / RCD
Antonio Hidalgo. / RCD

La crítica del Deportivo se basa en el rigor reglamentario

El Deportivo de La Coruña ha decidido fijar posición tras la nueva polémica arbitral vivida en su último encuentro liguero, un episodio que ha reavivado el debate sobre el papel del videoarbitraje en los momentos decisivos de la temporada. La voz elegida para expresar esa postura ha sido la del consejero delegado, Massimo Adalberto Benassi, que ha defendido una crítica basada en el rigor reglamentario más que en la confrontación institucional.

La victoria frente al Leganés dejó una sensación ambivalente en el club coruñés: alivio por unos tres puntos fundamentales en la lucha por el ascenso y, al mismo tiempo, inquietud por una decisión arbitral que consideran difícil de comprender desde el prisma del protocolo VAR. En ese contexto, Benassi quiso enfriar cualquier lectura de enfrentamiento con los organismos arbitrales y subrayó que la intención del club no es erosionar la confianza en el sistema, sino reforzarla mediante su aplicación estricta.

El dirigente fue especialmente claro al trazar una línea entre el arbitraje tradicional y la intervención tecnológica. Según explicó, el Deportivo asume como parte inherente del juego el error humano del árbitro sobre el césped, pero cuestiona la utilización del videoarbitraje cuando, a su juicio, no concurren los requisitos que marca el reglamento. La clave, insistió, está en el concepto de error “claro, obvio y manifiesto”, que debe justificar la revisión.

Desde esa perspectiva, el tiempo prolongado de análisis de la jugada controvertida se convierte en un argumento en sí mismo. Para el club, si una acción requiere varios minutos de estudio para ser interpretada, resulta difícil sostener que se trate de un error evidente. Esa interpretación, más que una queja puntual, apunta a una preocupación de fondo sobre la coherencia en el uso del sistema.

Benassi también quiso contextualizar el malestar dentro de una secuencia reciente de decisiones que, según la percepción interna del club, han tenido consecuencias directas en la clasificación. Sin dramatizar, recordó precedentes en los que el equipo salió perjudicado y advirtió que, en un campeonato tan ajustado, cada punto perdido o salvado puede marcar el desenlace final.

Aun así, el tono elegido por la entidad dista del utilizado por otros clubes en situaciones similares. El Deportivo ha evitado emitir comunicados oficiales y ha optado por trasladar sus inquietudes a través de conversaciones directas con los responsables arbitrales. El consejero delegado destacó la disposición al diálogo por parte del Comité Técnico de Árbitros y de la Federación, aunque reconoció que determinadas decisiones generan frustración en un contexto de máxima exigencia deportiva.

El entrenador, Antonio Hidalgo, reforzó esa línea argumental desde una perspectiva técnica. Sin cuestionar la actuación del árbitro principal, valorada como correcta en términos generales, centró sus críticas en el papel del VAR y reclamó la necesidad de aplicar criterios basados en el sentido común. En su análisis, la acción que originó la polémica se produjo en una posición natural del jugador, lo que refuerza la idea de que la revisión tecnológica debería haber sido más restrictiva.

Hidalgo también quiso poner el foco en el rendimiento colectivo del equipo, evitando que el debate arbitral eclipse el mérito deportivo. Recordó que la parada del penalti en los minutos finales no fue fruto del azar, sino del trabajo específico y la preparación del grupo, un aspecto que considera fundamental en partidos de alta tensión competitiva.

Ningún futbolista compareció

La gestión comunicativa del club tras el encuentro también revela un intento de controlar el relato en un momento sensible. Ningún futbolista compareció ante los medios en la zona mixta, una decisión interpretada como una medida preventiva para evitar declaraciones impulsivas que pudieran agravar la polémica. El entrenador, en cambio, sí atendió a los medios en cumplimiento de las obligaciones reglamentarias.

Este episodio se suma a una serie de situaciones recientes que han colocado al Deportivo en el foco del debate arbitral. Sin embargo, el club insiste en que su objetivo no es cuestionar la legitimidad del sistema, sino preservar la credibilidad de la competición en un tramo decisivo del calendario.

El contexto competitivo añade peso a cada decisión. Con el ascenso en juego y varios equipos separados por márgenes mínimos, cualquier interpretación arbitral adquiere una dimensión que trasciende el partido concreto. Por ello, el discurso institucional del Deportivo insiste en la necesidad de proteger la equidad del campeonato mediante una aplicación uniforme de las normas.

En última instancia, la posición del club refleja una tensión inherente al fútbol contemporáneo: la convivencia entre el error humano, tradicionalmente aceptado, y la expectativa de precisión absoluta asociada a la tecnología. El VAR nació para reducir injusticias evidentes, pero su uso continuado en acciones interpretables sigue alimentando el debate sobre sus límites.

Mientras el Deportivo continúa su carrera hacia el ascenso, el episodio deja una conclusión abierta: más allá del resultado, la confianza en el arbitraje depende tanto de la corrección de las decisiones como de la percepción de coherencia en su aplicación. Y en un campeonato que se decide por detalles mínimos, esa confianza puede resultar tan decisiva como cualquier gol o parada. @mundiario