Estados Unidos lidera la violencia de extrema derecha mientras Europa registra un fuerte repunte

El último informe del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo documenta 190 incidentes vinculados a la violencia de extrema derecha en 15 países durante 2025. La cifra supone un aumento del 33,8% respecto al año anterior y refleja un fenómeno que ya no puede entenderse como aislado ni circunscrito a contextos nacionales concretos. La mayoría de los casos analizados se relacionan con amenazas e incitación a la violencia, aunque también se registraron 19 episodios de agresiones consumadas.

El crecimiento no solo es cuantitativo, también geográfico. El número de países afectados ha pasado de nueve a quince, lo que dibuja una expansión que se comporta como una red de conexiones débiles pero persistentes. En este mapa, España aparece entre los cinco países europeos con más incidentes, con un aumento significativo respecto al año anterior.

Estados Unidos como nodo central y exportador ideológico

Estados Unidos se sitúa como el principal foco del fenómeno, con 99 incidentes, más de la mitad del total global. El informe lo define como epicentro global no solo por volumen, sino por su capacidad de exportar modelos ideológicos y tácticas organizativas hacia otros continentes. Grupos como Patriot Front o Blood Tribe funcionan como referencia para células emergentes en Europa y Oceanía, mientras que el ecosistema digital amplifica discursos que cruzan fronteras con facilidad.

Uno de los elementos centrales es la narrativa del llamado reemplazo blanco, una idea que interpreta los cambios demográficos como una amenaza existencial. Esta construcción ideológica actúa como combustible emocional y político, transformando la percepción de la realidad en un relato de conflicto permanente. Bajo esa lógica, la violencia aparece como una respuesta justificada ante un supuesto colapso inminente del orden social.

El informe subraya que esta dinámica no siempre se traduce en ataques directos, pero sí en un clima constante de intimidación que normaliza la amenaza como herramienta política.

Europa entre la radicalización juvenil y los espacios grises

En Europa, el Reino Unido, Alemania, España y otros países muestran incrementos significativos. En el caso británico, el repunte se asocia a tensiones acumuladas tras el Brexit y a la actividad de grupos neonazis organizados. Alemania mantiene una preocupante continuidad histórica en la presencia de redes extremistas, mientras que en España se destaca la detección de células vinculadas a organizaciones internacionales con estructuras más complejas de lo que se percibía hasta ahora.

Un elemento especialmente inquietante es la radicalización de menores a través de redes sociales. En países como Suecia, adolescentes de apenas 10 a 12 años han sido captados mediante contenidos aparentemente cotidianos, como memes o discursos sobre identidad masculina, que funcionan como puerta de entrada a narrativas de odio. La frontera entre lo digital y lo real se difumina hasta convertirse en un terreno fértil para la captación.

Además, el informe advierte de una diferencia clave entre Europa y Estados Unidos. Mientras en el contexto norteamericano el extremismo opera más en los márgenes del sistema político, en Europa existen zonas de contacto más difusas entre discursos institucionales y narrativas radicales. Esa permeabilidad actúa como un suelo húmedo donde ciertas ideas extremas pueden germinar sin ser detectadas a tiempo.

El fenómeno descrito no es solo una suma de incidentes. Es una estructura en expansión que se comporta como una red subterránea, silenciosa en la superficie pero activa en sus conexiones. La combinación de digitalización, crisis sociales y discursos simplificados está alimentando un escenario donde la intimidación se convierte en estrategia y la violencia en advertencia.

Frente a este panorama, la respuesta no puede limitarse a la reacción judicial o policial, aunque estas sean necesarias. El reto pasa por intervenir en los espacios donde se construyen estas narrativas antes de que se solidifiquen como identidades políticas cerradas. Ignorar ese proceso sería dejar que el hielo siga creciendo bajo la superficie hasta fracturarla sin aviso. La democracia se juega también en esos territorios invisibles donde las ideas empiezan a tomar forma mucho antes de convertirse en acción. @mundiario