Hamás cede el poder en Gaza a un comité de tecnócratas y disuelve su propio Gobierno

La Franja de Gaza podría estar dando los primeros pasos para salir de la crisis, al menos sobre el papel. Hamás comunicó este lunes la desaparición formal del Ejecutivo que dirigía el enclave palestino y expresó su voluntad de entregar la administración civil a un comité de tecnócratas diseñado dentro del acuerdo de alto el fuego alcanzado con Israel y patrocinado por EE UU.

El anuncio representa uno de los movimientos más significativos desde la entrada en vigor de la tregua el pasado octubre. Aunque apenas modifica la realidad sobre el terreno —donde la milicia islamista continúa controlando amplias zonas de Gaza y mantiene intactas sus estructuras de seguridad—, sí altera el tablero de negociaciones al situar el foco sobre la siguiente fase del acuerdo, cuyo desarrollo permanece completamente bloqueado.

La decisión fue presentada por Ismail al Thawabta, director de la Oficina de Medios del Gobierno gazatí, durante una comparecencia en Deir al Balah, en el centro de la Franja. Posteriormente, el Gabinete publicó un comunicado en el que confirmó la disolución del denominado Comité de Emergencia creado tras los ataques del 7 de octubre de 2023 contra Israel y la dimisión de Muhammad Abdul Jaliq al Farra, quien ejercía la dirección interina del Ejecutivo.

Hamás asegura que ha completado todos los preparativos administrativos y jurídicos para que el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés) asuma la gestión del territorio. Se trata del organismo tecnocrático dependiente de la Junta de Paz presidida por Donald Trump y contemplado en el plan de paz auspiciado por Washington, aunque Israel todavía no ha autorizado su despliegue efectivo en la Franja.

La milicia palestina subraya que únicamente permanecerá en sus puestos el personal “técnico y profesional”, con el objetivo de garantizar la continuidad de los servicios públicos y evitar un vacío administrativo. Según las cifras difundidas por el propio Gobierno gazatí, unas 60.000 personas forman parte actualmente de la administración civil. Sin embargo, el comunicado evita cualquier referencia al desarme de Hamás, uno de los requisitos centrales de la segunda fase del alto el fuego. El grupo armado suní continúa rechazando entregar las armas mientras el Ejército israelí permanezca desplegado en Gaza.

La tregua atrapada en un punto muerto

La maniobra tiene un evidente componente diplomático. Con la cesión formal de la administración civil, Hamás pretende demostrar que está dispuesto a cumplir una de las principales condiciones políticas del acuerdo de paz y trasladar la responsabilidad del bloqueo a Israel. En su declaración, el movimiento islamista insta a los mediadores internacionales y a la comunidad internacional a acelerar la entrada del NCAG para que pueda asumir sus competencias “nacionales y administrativas” y contribuir a estabilizar el territorio.

La reacción de la Junta de Paz creada para supervisar la aplicación del acuerdo fue inmediata. El organismo, impulsado por EE UU, tomó nota del anuncio, aunque recordó que espera “acciones y no promesas” y reiteró que el principio fundamental del proceso sigue siendo la existencia de “una sola autoridad, una sola ley y una sola arma”, en clara alusión al futuro del brazo armado de Hamás.

El anuncio llega cuando la implementación del alto el fuego atraviesa su momento más delicado. La segunda fase del acuerdo permanece paralizada desde hace meses. Israel continúa realizando ataques prácticamente diarios sobre distintos puntos de la Franja y ha ampliado su presencia militar en amplias zonas del territorio. Paralelamente, las tareas de reconstrucción siguen sin comenzar, centenares de miles de desplazados continúan viviendo en campamentos improvisados y el comité tecnocrático permanece bloqueado fuera de Gaza.

En los últimos días, representantes de Hamás mantuvieron conversaciones en Egipto con Nickolay Mladenov, representante de la Junta de Paz para Gaza impulsada por la Administración estadounidense, precisamente para intentar desbloquear la aplicación del acuerdo.

El paso anunciado por Hamás posee, por ahora, un alcance principalmente simbólico. La organización conserva el control efectivo de buena parte de la Franja y sus estructuras de seguridad siguen operando allí donde no está presente el Ejército israelí. No obstante, la decisión modifica el relato político de las negociaciones. Al renunciar formalmente a la gestión gubernamental y aceptar el traspaso a un órgano independiente de perfil técnico, Hamás intenta reforzar su imagen ante los mediadores internacionales y aumentar la presión sobre Israel para que permita la entrada del NCAG. @mundiario