La paradoja que deja la victoria de la Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt tiene un nombre: BSW. El partido de Sahra Wagenknecht, nacido de una escisión de Die Linke (La Izquierda) y situado en la izquierda económica, pero en posiciones conservadoras sobre inmigración, identidad y afín a Rusia, puede acabar proporcionando a la ultraderecha la llave que le falta para conquistar el poder regional.
La AfD obtuvo alrededor del 44 % de los votos y 39 de los 83 escaños del nuevo Parlamento de Sajonia-Anhalt. No tiene mayoría absoluta, pero tampoco existe una alternativa viable. La BSW, con cinco diputados y superando por la mínima el umbral del 5 % para tener representación en el Landtag, se ha convertido así en la bisagra que podría permitir el primer Gobierno de ultraderecha en una región alemana desde el final de la II Guerra Mundial. La dirección de la formación no habla de una coalición con la AfD, pero sí cooperar con ella en asuntos concretos.
“Una formación con más del 40 % no puede ser simplemente excluida”, ha defendido Claudia Wittig, una de las candidatas de la BSW. El presidente regional del partido, Thomas Schulze, también ha admitido puntos de coincidencia. Y ahí reside el verdadero problema para el cortafuegos alemán.
La BSW comparte con la AfD posiciones relevantes sobre políticas más restrictivas en inmigración, el levantamiento de sanciones contra Rusia, la recuperación del suministro energético basado en el gas ruso, el cese al apoyo militar a Ucrania y una profunda reforma de la radiotelevisión pública, Deutsche Welle. Sin embargo, la formación de Wagenknecht mantiene un programa económico de marcadamente de izquierda radical en el que reivindica salarios, pensiones, vivienda pública y un Estado mucho más intervencionista. La AfD, en cambio, plantea un ideario económico eminentemente liberal que contrasta con esa su acentuado etnonacionalismo y una concepción identitaria mucho más radicales.
Pero para una investidura o una votación parlamentaria no es necesario compartir toda la ideología. Basta con coincidir en suficientes asuntos. La posición de la BSW se ubica como una anomalía dentro del escenario abierto tras las elecciones: mientras los principales partidos mantienen el rechazo a cualquier cooperación con la AfD, la formación de Wagenknecht ha dejado abierta la puerta a trabajar con ella en determinados ámbitos.
Cinco diputados que pueden cambiar las reglas
Wagenknecht ha planteado incluso un modelo alternativo, con la investidura de un ministro presidente que sea independiente, respaldado por un Gobierno de expertos y mayorías variables. Esa fórmula permitiría al BSW influir en la política regional sin integrarse formalmente en un Ejecutivo de la AfD. El obstáculo es que Ulrich Siegmund, candidato de la ultraderecha, no quiere renunciar a encabezar el Gobierno. Tras obtener el mejor resultado de la historia de la AfD en un Land alemán, el partido está convencido de que existe claramente un mandato para intentar gobernar, y ha rechazado soluciones que considera meros “apaños”. La formación pretende, en primer término, encontrar una mayoría estable.
La relevancia de la BSW no está solo en sus cinco escaños. Está en que cuestiona el principio que durante años ha mantenido aislada a la AfD: el Brandmauer, el cortafuegos que impide a los partidos tradicionales cooperar con la extrema derecha. La Unión Cristiano Demócrata (CDU), el Partido Socialdemócrata (SPD), Los Verdes y Die Linke mantienen su rechazo a gobernar con la AfD.
Si una iniciativa de la AfD sale adelante gracias a los votos del BSW, el aislamiento deja de ser absoluto. Si además la formación de Wagenknecht se abstiene en la tercera ronda de votaciones que permita a Siegmund acceder a la presidencia regional, el resultado sería todavía más trascendente. La propia AfD ha empezado a explorar otras vías. Con 39 escaños, necesita apoyos adicionales para alcanzar una mayoría.
La CDU cuenta con 15 asientos y los partidos que podrían construir una alternativa se encuentran ante combinaciones complejas, aunque la suma de todos sigue dando 39 parlamentarios. El problema radica en que, así como el grupo más pequeño del Landtag de Sajonia-Anhalt puede darle el primer Gobierno regional a la AfD, no parece estar por la labor de dar un ‘sí’. En ese caso, y si la BSW optara finalmente por la abstención, los ultras deberían buscar el respaldo individual de algún tránsfuga en otras fracciones, toda vez que el resultado podría ser un empate. Para eso, las miradas apuntan a los democristianos.
De la supervivencia a la condición de árbitro
El giro resulta especialmente llamativo porque el BSW llega a Sajonia-Anhalt después de atravesar una crisis que amenazaba su propia supervivencia. La formación fue creada en 2024 por Wagenknecht tras abandonar Die Linke. Su apuesta consistía en recuperar a votantes de izquierda desencantados con las políticas identitarias y con la orientación “woke” de los partidos tradicionales, combinando protección social con posiciones restrictivas en inmigración y una política exterior crítica con el apoyo militar a Ucrania.
La posible cooperación entre BSW y AfD no se explica únicamente por la inmigración. Ambos partidos han construido posiciones próximas sobre Rusia y Ucrania, cuestionan el aumento del gasto militar y defienden recuperar vínculos energéticos con Moscú. También comparten críticas a la radiotelevisión pública y una lectura muy severa del funcionamiento de las élites políticas tradicionales de Berlín. En Sajonia-Anhalt, el BSW ha situado además la educación, la energía y la protección de los hogares entre los terrenos donde pretende encontrar acuerdos.
Es precisamente esa combinación la que hace singular al partido de Wagenknecht: izquierda económica y conservadurismo cultural, una fórmula que le permite disputar parte del mismo electorado del este de Alemania al que también aspira la AfD. @mundiario
