La derrota de Carlos Alcaraz ante Ben Shelton dejó mucho más que la eliminación del vigente campeón del US Open. El partido terminó a las 3:33 de la madrugada en Nueva York, el final más tardío registrado en la historia del torneo, después de cuatro horas y 28 minutos de tenis que llevaron una de las grandes citas del año hasta un horario difícilmente compatible con cualquier lógica deportiva.
El problema es que no fue una excepción. Durante los seis primeros días del torneo ya se habían registrado tres partidos terminados después de las 2:00 de la madrugada y otros dos más allá de la 1:00. El Shelton-Alcaraz simplemente llevó hasta un nuevo extremo una tendencia que se había repetido desde el comienzo del Grand Slam.
El propio Shelton ya había sufrido uno de esos horarios. Su partido de segunda ronda terminó a las 2:07, varios días antes de protagonizar el récord frente a Alcaraz. Más llamativo todavía fue el caso de Venus Williams, obligada a comenzar su encuentro contra Sofia Kenin a las 00:13, el inicio más tardío de un partido en la historia del US Open.
La programación nocturna de Flushing Meadows explica buena parte del problema. La sesión del Arthur Ashe comienza a las 19:00 y habitualmente incluye dos partidos. Si el primero se alarga durante tres o cuatro horas, el segundo puede arrancar cerca de la medianoche. Y en el cuadro masculino existe además la posibilidad de disputar cinco sets, por lo que nadie puede garantizar cuándo terminará.
La franja nocturna es una de las grandes señas de identidad del torneo y también una parte importante de su producto comercial. Permite colocar a las principales estrellas en horario de máxima audiencia en Estados Unidos y facilita que el público de Nueva York llegue al recinto después de la jornada laboral. Adelantarla parece sencillo sobre el papel, pero afecta tanto a la televisión como a la separación entre las sesiones de día y noche.
El problema aparece cuando esa fórmula convierte la madrugada en parte habitual de la competición. Jessica Pegula ha cuestionado que tenga sentido que un jugador termine a las dos de la mañana cuando buena parte del público ya se ha marchado y la audiencia televisiva disminuye. Venus Williams también criticó su horario y aseguró que no conocía otro deporte en el que un profesional tuviese que comenzar a competir tan tarde.
Las consecuencias tampoco terminan con el último punto. Un jugador que acaba un partido a las tres de la madrugada todavía debe atender sus obligaciones posteriores, pasar por recuperación, comer y regresar al hotel. El descanso real puede comenzar varias horas después, con otro encuentro esperando apenas uno o dos días más tarde. En un Grand Slam, donde la recuperación forma parte de la competición, el horario puede terminar teniendo incidencia deportiva.
Otros grandes torneos ya han aplicado límites diferentes. Wimbledon mantiene un toque de queda a las 23:00, mientras Roland Garros concentra su sesión nocturna en un solo partido. El US Open y el Open de Australia han sido tradicionalmente los torneos más expuestos a encuentros que se prolongan hasta horas extremas.
Cambiar el formato masculino de cinco a tres sets en las primeras rondas aparece periódicamente como una posible solución, aunque genera bastante rechazo entre los propios jugadores y dentro del tenis. Los partidos a cinco sets continúan siendo uno de los elementos distintivos de los Grand Slam y reducirlos significaría modificar una parte fundamental de estas competiciones.
La organización del US Open ya ha reconocido que deberá estudiar alternativas para futuras ediciones. El desafío pasa por mantener uno de los grandes espectáculos nocturnos del tenis sin convertir una finalización a las dos o tres de la madrugada en algo normal. El Shelton-Alcaraz terminó a las 3:33 y batió un récord; el verdadero problema es que, viendo cómo se está programando el torneo, puede que este nuevo récord no dure mucho. @mundiario
