Gianni Infantino parecía haber entrado este verano en la mayor crisis de poder de sus diez años al frente de la FIFA. Su intento de permitir la entrada de inversores privados en el negocio de sus principales competiciones provocó una rebelión internacional, terminó retirando el proyecto y abrió por primera vez en mucho tiempo un debate serio sobre su continuidad. Poco más de un mes después, el escenario empieza a cambiar.
Francia ha dado este jueves un nuevo paso contra el presidente de la FIFA. La Federación Francesa ha decidido retirarle el apoyo para las elecciones de 2027, una medida aprobada por unanimidad por su comité ejecutivo después de considerar rota la confianza en la actual dirección del organismo. El polémico proyecto de comercialización de las competiciones aparece entre los principales motivos de ese distanciamiento.
El movimiento francés prolonga una oposición que comenzó a crecer a finales de julio. La UEFA y sus 55 federaciones rechazaron entonces de forma unánime la posibilidad de transferir participaciones de la Copa del Mundo y otras competiciones a inversores privados. La presión llegó hasta el punto de amenazar con no participar en torneos organizados por la FIFA mientras el proyecto siguiese adelante.
Infantino acabó retirando aquella iniciativa. El golpe parecía dejarlo enormemente debilitado: UEFA, la Confederación Asiática y Concacaf habían cuestionado abiertamente su gestión, mientras diferentes federaciones nacionales comenzaron a reconsiderar el respaldo que hasta entonces había parecido prácticamente automático. La posibilidad de llegar a las elecciones de 2027 con una candidatura alternativa empezó a adquirir sentido.
Pero encontrar un rival está resultando mucho más complicado que encontrar críticos. El equilibrio actual de apoyos apunta a que Infantino conservaría los votos suficientes para ser reelegido, especialmente gracias a su fortaleza entre numerosas federaciones africanas, sudamericanas, oceánicas y países con los que ha construido relaciones estrechas durante una década. No existe todavía una votación ni un recuento oficial, pero la perspectiva interna vuelve a situarlo como claro favorito.
El otro problema es el candidato. Aleksander Ceferin no pretende presentarse, mientras nombres con peso internacional que podían aparecer como alternativas tampoco han dado el paso. Nasser Al-Khelaifi y Victor Montagliani han descartado competir por la presidencia. A poco más de dos meses del 18 de noviembre, fecha límite para presentar candidaturas, la oposición continúa sin una figura capaz de unir a los diferentes bloques contrarios a Infantino.
El tiempo juega a favor del actual presidente. Infantino confirmó en mayo que buscará la reelección y la propia FIFA ha fijado las elecciones para el 18 de marzo de 2027 en Rabat. Si ningún rival consigue construir una candidatura transversal antes de noviembre, el enorme rechazo generado durante el verano podría terminar teniendo muchas menos consecuencias electorales de las que parecía inicialmente.
Eso está obligando a sus adversarios a replantear la estrategia. La discusión empieza a desplazarse desde cómo sustituir a Infantino hacia cómo limitar el poder de la presidencia y reforzar los controles sobre las grandes decisiones de la FIFA. Más transparencia, mayor participación de las confederaciones y mecanismos de supervisión más fuertes aparecen ahora como objetivos posibles si derrotarlo en las urnas termina siendo inviable.
La contradicción es considerable. Infantino perdió una de las mayores batallas políticas de su mandato cuando tuvo que abandonar su proyecto de abrir parte del negocio del Mundial al capital privado. Europa mostró que podía bloquear una reforma impulsada desde la presidencia y Francia acaba de demostrar que el desgaste continúa. Sin embargo, frenar una decisión concreta resulta mucho más sencillo que construir una mayoría mundial capaz de sustituir a quien dirige la organización desde 2016.
La elección todavía está lejos y el escenario puede cambiar antes del cierre de candidaturas. Pero la crisis ha dado un giro inesperado. Infantino acumula más oposición que hace unos meses y Francia acaba de abandonar públicamente su bloque de apoyos, pero sus rivales siguen sin resolver la pregunta decisiva: quién puede derrotarlo. Mientras no aparezca esa persona, la rebelión que llegó a poner en duda su futuro amenaza con terminar reforzando precisamente aquello que quería combatir: su permanencia al frente de la FIFA. @mundiario
