Ucrania ha llevado la guerra hasta uno de sus escenarios políticamente más sensibles: Moscú y sus alrededores, precisamente cuando Rusia celebraba el último día de sus elecciones a la Duma. El ataque nocturno del 19 al 20 de septiembre ha sido descrito por el alcalde de la capital, Serguéi Sobianin, como el mayor registrado hasta ahora contra Moscú. La magnitud resulta significativa no solo por el número de drones empleados, sino por la combinación de objetivos energéticos, logísticos y urbanos.
Según las autoridades rusas, más de 1.600 drones fueron interceptados desde el sábado en distintas zonas del país, incluidos Crimea ocupada y el mar Negro, y unos 450 se dirigían hacia Moscú. El Ministerio de Defensa situó en 1.110 los aparatos derribados durante la noche. Son cifras oficiales que no han podido ser verificadas de forma independiente y que deben interpretarse con cautela. Lo que sí está constatado es que varios drones alcanzaron sus objetivos y que la ofensiva obligó a restringir temporalmente las operaciones en los principales aeropuertos de la capital.
Uno de los principales objetivos fue la refinería de petróleo de Moscú, situada en el distrito de Kapotnia. Varias instalaciones del complejo resultaron dañadas y se declaró un incendio. La planta ya había sido atacada anteriormente por Ucrania y constituye una pieza relevante del suministro de combustible de la capital y de su entorno.
Reuters señala que la refinería procesó 11,6 millones de toneladas de crudo en 2024 y produjo alrededor de 2,9 millones de toneladas de gasolina y 3,2 millones de toneladas de diésel. Su importancia explica por qué las instalaciones energéticas se han convertido en uno de los principales objetivos de la campaña ucraniana de ataques de largo alcance contra territorio ruso.
El objetivo militar y económico de esta estrategia es distinto del de una operación convencional en el frente. Ucrania intenta reducir la capacidad rusa de refinar combustible, transportar recursos y sostener una guerra prolongada, mientras obliga a Moscú a distribuir sus sistemas de defensa aérea sobre una superficie cada vez mayor.
La propia Moscú ya ha experimentado problemas de abastecimiento de combustible después de anteriores ataques contra refinerías. La presión sobre estas instalaciones tiene, por tanto, una dimensión industrial y económica brutal, que va más allá de los daños inmediatos provocados por cada ataque.
La ofensiva también afectó edificios residenciales. En la región de Moscú, un bloque de 21 plantas tuvo que ser evacuado después de que se incendiara su cubierta. Unas 400 personas, entre ellas alrededor de 70 niños según Reuters, fueron desalojadas. También se registraron daños en viviendas y otros edificios.
El balance de víctimas evolucionó durante la jornada. Las primeras informaciones hablaban de dos fallecidos y unos 20 heridos en la región. Posteriormente, las agencias internacionales informaron de una tercera persona que murió en el hospital a consecuencia de sus heridas.
Kiev confirma el ataque y amplía su guerra de largo alcance
El presidente Volodímir Zelenski confirmó que Ucrania había ejecutado la operación y afirmó que habían sido alcanzadas una instalación clave de la industria petrolera y un centro logístico. El presidente ucraniano presentó la acción como parte de la capacidad de respuesta de largo alcance de Kiev y anunció que Ucrania trabaja para ampliarla.
Zelenski aseguró además que se utilizaron distintos sistemas de fabricación nacional, entre ellos drones y armas de largo alcance como Flamingo y Pelican. Sin embargo, las informaciones disponibles sobre algunos modelos concretos y sobre qué arma alcanzó cada objetivo no han podido ser verificadas independientemente. AP sí recoge la afirmación de Zelenski sobre el empleo de esos sistemas.
La evolución tecnológica es uno de los elementos más importantes de esta fase de la guerra. Ucrania, que al comienzo de la invasión dependía en gran medida de sistemas suministrados por sus aliados, ha desarrollado progresivamente una industria propia de drones de largo alcance capaces de atacar objetivos situados a cientos de kilómetros de la frontera.
Eso permite a Kiev cambiar la geografía del conflicto. Moscú deja de ser únicamente el centro político desde el que se dirige la guerra para convertirse también en un espacio que debe ser protegido frente a ataques procedentes de cientos de kilómetros de distancia.
Además, la coincidencia temporal con las elecciones legislativas rusas es imposible de ignorar, aunque atribuir al ataque un objetivo político concreto exige distinguir entre hechos y declaraciones. El alcalde Sobianin afirmó que la ofensiva fue diseñada para perturbar los comicios, pero no presentó públicamente pruebas que permitan demostrar esa intención. El hecho objetivo es que los ataques se produjeron durante la tercera y última jornada de votación y provocaron restricciones aeroportuarias, evacuaciones y una importante movilización de los sistemas de defensa aérea.
Las elecciones de 2026 son las primeras parlamentarias celebradas desde el comienzo de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Vladímir Putin las ha presentado como una expresión del respaldo social a su política y a las fuerzas rusas desplegadas en Ucrania.
Al mismo tiempo, Reuters y AP han señalado que la oposición contra la guerra ha tenido un espacio muy limitado. La mayoría de candidatos contrarios a la campaña militar no pudo concurrir y el partido liberal y pacifista, Yábloko, quedó fuera de la competición parlamentaria. El Kremlin parte, por tanto, de un escenario político en el que Rusia Unida mantiene una posición dominante.
Our long-range responses had a very significant impact in the Moscow region last night. One of Russia’s key oil industry facilities and the aggressor’s logistics facility were hit. These are billions of dollars that sustain the war machine. The systems used included FP-1, RZ-100,… pic.twitter.com/ka5mlDSgb7
— Volodymyr Zelenskyy / Володимир Зеленський (@ZelenskyyUa) September 20, 2026
Rusia responde mientras continúa la guerra de desgaste
La ofensiva ucraniana tampoco se produjo de forma aislada. Rusia mantiene diariamente ataques con drones y misiles contra distintas regiones de Ucrania. Durante las últimas horas, las autoridades ucranianas informaron de muertos y heridos en Kiev, Jersón, Donetsk, Járkov, Zaporiyia, Sumy y otras zonas.
La dinámica es cada vez más parecida a una guerra de desgaste industrial: Rusia intenta deteriorar la infraestructura energética, logística e industrial ucraniana, mientras Ucrania busca hacer lo mismo dentro de Rusia, especialmente contra refinerías, depósitos, centros logísticos y otras instalaciones vinculadas directa o indirectamente al esfuerzo bélico.
El momento añade otra variable. El invierno se aproxima y ambos países necesitan garantizar combustible, electricidad y capacidad industrial. Por eso las infraestructuras energéticas se han convertido en uno de los principales campos de batalla de esta fase del conflicto.
La ofensiva sobre Moscú llega, además, pocos días después de que el presidente estadounidense Donald Trump afirmara que Rusia y Ucrania habían acordado dejar de atacar sus respectivas instalaciones energéticas. Zelenski había matizado posteriormente que Kiev estaba dispuesto a respaldar una desescalada si existían garantías de que Moscú cumpliría el compromiso. Reuters informó entonces de que Ucrania consideraba necesario verificar la voluntad rusa antes de asumir plenamente ese acuerdo.
El ataque del 20 de septiembre demuestra, al menos sobre el terreno, la fragilidad de cualquier entendimiento limitado mientras no exista un mecanismo capaz de impedir nuevas operaciones.
La principal consecuencia estratégica de esta ofensiva no es únicamente el incendio de una refinería o el número de drones lanzados. Es la constatación de que Ucrania ha desarrollado la capacidad de concentrar ataques de largo alcance sobre la capital rusa a una escala que obliga a Moscú a dedicar cantidades crecientes de defensa aérea a proteger su propio territorio.
El Gobierno ruso asegura haber neutralizado una parte muy elevada de los aparatos. Pero el hecho de que algunos alcanzaran la refinería, viviendas y otras instalaciones demuestra que una defensa eficaz no equivale a una protección absoluta. La guerra entra así en una fase en la que la distancia geográfica ofrece cada vez menos seguridad. Moscú, las refinerías rusas, los centros logísticos ucranianos y sus infraestructuras energéticas forman parte de un mismo tablero de ataques y represalias. @mundiario
