La selección de Inglaterra encontró este sábado el antídoto perfecto para espantar los fantasmas del pasado reciente y disipar de golpe las dudas acumuladas. Tras el doloroso traspié sufrido frente a España y la gris imagen proyectada en el ajustado triunfo ante la República Checa, el combinado dirigido por Thomas Tuchel saltó al terreno de juego decidido a reivindicar su condición de potencia continental. La víctima de su furia ofensiva fue una irreconocible Croacia que jamás encontró respuestas tácticas para frenar el vendaval británico sobre el césped.
El inicio arrollador del bloque inglés convirtió el choque en un auténtico monólogo desde el pitido inicial. El frente de ataque de los Three Lions rotó posiciones con una sincronía milimétrica que desquició por completo a la zaga balcánica, incapaz de fijar marcas ni anticipar las llegadas en segunda línea. Para cuando el colegiado señaló el camino de los vestuarios al término del primer acto, el marcador ya reflejaba un abultado e incontestable 4-0 que dejaba la contienda absolutamente vista para sentencia.
En medio de una actuación coral sobresaliente, la figura de Jude Bellingham emergió como el director de orquesta indiscutible de la velada. El centrocampista del Real Madrid completó una actuación antológica al participar de forma directa en cuatro de los tantos de su equipo, firmando un gol en su cuenta particular y repartiendo hasta tres asistencias de oro. A su lado brilló con luz propia Anthony Gordon, quien volvió a erigirse en un puñal constante por el costado izquierdo para confirmar su magnífico estado de forma.
Apenas se habían consumado ocho minutos de juego cuando la pizarra inglesa asestó su primer zarpazo de la tarde. En una acción de puro talento asociativo, Bellingham sirvió un envío medido dentro del área para que Harry Kane batiera al guardameta con un remate contundente que inauguró el casillero. Aquel tanto tempranero marcó el inicio de la pesadilla para el cuadro ajedrezado y encendió a una grada entregada al despliegue físico y técnico de sus futbolistas.
La voracidad del conjunto de Tuchel no se detuvo con la ventaja inicial y en el minuto 21 llegó el segundo golpe de la contienda. Tras una gran maniobra individual en el área, Gordon cedió el cuero con generosidad para que Bellingham, acompañando la jugada desde atrás, solo tuviera que empujar el esférico al fondo de las mallas. Minutos más tarde, el propio atacante culé amplió la cuenta anotando por tercer partido consecutivo con la camiseta nacional al cazar al segundo palo un centro quirúrgico enviado por Jarell Quansah.
Desesperación croata y fiesta goleadora en el segundo acto
El único atisbo de orgullo balcánico en la primera mitad se produjo en el minuto 41 en las botas de Mateo Kovacic. El centrocampista del Manchester City intentó meter a los suyos en el duelo tras sortear la salida de Jordan Pickford en un mano a mano vertiginoso; sin embargo, con todo a favor y la portería totalmente desguarnecida, el volante envió el remate fuera, subrayando el desconcierto generalizado de su selección. Para colmo de males croata, Bukayo Saka castigó de inmediato el error anotando el 4-0 antes del descanso tras recibir una nueva cortesía en forma de pase de Bellingham.
El regreso de los vestuarios no alteró un ápice el guion del compromiso, a pesar del triple cambio introducido por el seleccionador Slaven Bilic en un intento desesperado por taponar la sangría en la medular. Nada más reanudarse el juego, Harry Kane volvió a castigar la pasividad de los centrales rivales firmando su doblete particular, demostrando el letal olfato rematador que le caracteriza en el Bayern Múnich y apagando cualquier conato de reacción por parte de los visitantes.
Con el triunfo en el bolsillo y un ritmo de partido que invitaba a la dosificación física, Inglaterra levantó ligeramente el pie del acelerador sin renunciar jamás a la pegada que martirizó a su oponente durante toda la tarde. Rebasada la media hora de la segunda mitad, Saka repitió suerte en el luminoso para redondear su cuenta personal, castigando las facilidades defensivas de una Croacia completamente rota entre líneas y resignada a su suerte.
El broche definitivo a una fiesta inolvidable para la hinchada local lo colocó Morgan Rogers en el minuto 87. El atacante culminó una nueva transición vertiginosa impulsada por un omnipresente Bellingham, quien regaló su tercera asistencia del encuentro con un pase milimétrico que permitió al atacante firmar el definitivo y escandaloso séptimo tanto de la tarde frente al delirio de los aficionados.
La contundente exhibición de los pupilos de Thomas Tuchel sirve para despejar cualquier sombra de duda sobre el proyecto del técnico germano al frente de los Three Lions. Apoyada en la jerarquía imperial de Jude Bellingham y la voracidad rematadora de sus atacantes, Inglaterra envía un aviso demoledor a sus rivales continentales y sella una victoria balsámica que consolida su liderato y restaura la confianza de cara a las grandes citas internacionales. @mundiario
