Designado por Suga, el nuevo presidente del PLD se ha impuesto en segunda ronda al ministro encargado de la vacunación en Japón, Taro Kono. Tras sacarle solo un voto de ventaja en la primera ronda, donde quedaron descartadas las candidatas Sanae Takaichi
y Seiko Noda, Kishida amplió la diferencia en el cara a cara final. Según informa la agencia de noticias Kyodo, obtuvo 257 votos frente a los 170 de Kono, haciendo valer así el apoyo que tenía entre los diputados del PLD por su carácter continuista. Por su parte, Kono era visto como un reformista muy popular entre sus bases.
Para superar el impacto económico del coronavirus, Kishida ha prometido una inyección de 30 billones de yenes (230.000 millones de euros). Además, ha modulado su discurso neoliberal con propuestas socialdemócratas para reducir las diferencias entre ricos y pobres, potenciar la clase media y ayudar a los más desfavorecidos, como los trabajadores que no tengan empleos fijos y las familias humildes con niños pequeños.
Fin del estado de emergencia
Kishida, que el año pasado perdió la votación interna del PLD frente a Suga, toma las riendas de Japón cuando ya empieza a verse la luz tras la larga epidemia del coronavirus. Este jueves se levanta por fin el estado de emergencia, vigente desde abril, gracias a la reducción de contagios que han traído las vacunas tras los repuntes del verano, sobre todo después de los J
uegos Olímpicos. Con esta vuelta a la normalidad, la economía nipona aspira a remontar el vuelo tras el durísimo golpe de la pandemia, que obligó a cerrar las fronteras a principios de año y limitar los horarios comerciales de los restaurantes. A partir del jueves, se empezarán a levantar las restricciones y los bares podrán servir alcohol y no tendrán que cerrar a las ocho de la tarde, lo que había forzado el cierre de muchos de ellos.
Con la esperanza en haber dejado atrás lo peor del coronavirus, Kishida pretende liderar el resurgir de Japón en medio de una creciente tensión internacional en Asia entre Estados Unidos, su aliado, y China, su vecino con el que mantiene disputas territoriales. Como antiguo ministro de Exteriores, Kishida conoce bien los entresijos de la diplomacia y tiene muy buenas relaciones con la Administración demócrata. Buena prueba de ello es que, en 2016, se apuntó el tanto de la visita a Hiroshima de Obama, la primera de un presidente estadounidense en ejercicio para rendir homenaje a las víctimas de la bomba atómica. Además, firmó un acuerdo con Corea del Sur para poner fin a las reclamaciones de las ‘mujeres del consuelo’, las esclavas sexuales explotadas por el Ejército imperial nipón durante la II Guerra Mundial.
Tercera generación de una familia de políticos
Casado y con dos hijos, encarna la tercera generación de una familia de políticos, ya que su abuelo y su padre fueron diputados y está emparentado también con Kiichi Miyazawa, quien fue primer ministro. Educado en Nueva York, donde su padre estuvo destinado, estudió Derecho en la Universidad de Waseda y se licenció en 1982. Tras trabajar primero en un banco y luego como asistente de un diputado, fue elegido para el Parlamento en 1993 por la circunscripción de Hirohisma. Como ministro durante el primer Gobierno de Shinzo Abe entre 2007 y 2008, fue ascendiendo hasta convertirse en una de las figuras más respetadas del PLD. Mucho más joven que su antecesor, Kishida aspira a revitalizar la política nipona gracias a este cambio en el Gobierno, pero con continuidad.

