Una cena con él bien puede costar una hecatombe. Un nombre, uno solo, ha sido el detonante de una insólita caída en desgracia de Donald Trump en su propio partido. Se trata de Nick Fuentes, un chaval de 24 años nacido en Illinois, que por su apariencia, sus americanas de color marino y sus camisas almidonadas, pasaría desapercibido en cualquier club de debate de una universidad americana de élite, pero que en realidad es un feroz agitador, adalid de ideas racistas y antisemitas sumido en una campaña para radicalizar al Partido Republicano y liberarlo de lo que él mismo ha definido como «la subversión judía y bastarda del credo americano». Fue el rapero Kanye West quien una noche antes de Acción de Gracias se plantó en Mar-a-Lago, la mansión de Trump en Florida , con dos acompañantes. Uno de ellos era Fuentes, alguien a la altura de las circunstancias, pues West , que ahora se hace llamar Ye a secas, se ha hundido en el ostracismo más absoluto por haber acusado a los judíos de controlarle a él y al resto del mundo. Trump no suele hacerle ascos a una buena polémica, y aceptó verse con West para cenar. Pero, según dice ahora, no fue avisado de quienes acompañarían al divo. La cena, según filtraciones posteriores, fue más bien tensa, y después de ella Fuentes proclamó que se había colado en Mar-a-Lago para recordarle a Trump quienes son sus seguidores de verdad, y con quién está en deuda. En ese sentido, Fuentes se define más trumpista que Trump, y lleva con orgullo haber estado en la marcha neonazi de Charlottesville en 2017 y el saqueo del Capitolio de 2021 , entre otras gestas del populismo radical. Después, West dijo: «A Trump le causó muy buena impresión Nick Fuentes». Era toda una provocación. Fuentes es un apestado en el Partido Republicano, alguien que ha sido expulsado de todas las plataformas digitales con un mínimo de controles, por sus bochornosas diatribas racistas y antisemitas, y por negar la existencia del Holocausto, entre otras lindezas. Lo cierto es que lo tiene todo: antivacunas en la pandemia, admirador de los talibanes por su celo y defensor de que se vuelva a privar a las mujeres del derecho a votar. Aprovechar la oportunidad Lógicamente, tras el enredo de la cena en la mansión de Trump, el establishment del Partido Republicano vio una oportunidad para, por fin, ponerle coto a Trump, justo cuando ha lanzado su tercera campaña a la presidencia. Las críticas han sido amplias, y el expresidente no está acostumbrado a ellas, por lo que ha quedado noqueado y a la defensiva. Hasta su propio número dos, el exvicepresidente Mike Pence, le ha instado a pedir perdón por «sentar a su mesa a un ultranacionalista, antisemita y negacionista del Holocausto». Son críticas potentes, dado que Pence ni siquiera criticó a Trump por incitar a una turba a descender sobre el Capitolio para ahorcarle. Fuentes, por su parte, sigue con su incendiaria campaña para provocar y alterar el orden establecido en los sectores conservadores. Su nuevo aliado en esa labor tendrá que ser West, que también se presenta a las elecciones de 2024, porque a Trump lo ha dejado a los pies de los caballos en uno de sus momentos más complicados.

