¿Hace cuánto tiempo no has tenido la ocasión de ir en busca de ayuda, por alguna necesidad que se te ha presentado? ¿Has vivido algo similar, en cuanto a que debes acudir a una persona que entendemos es la única que puede brindarte el soporte, para socorrer o auxiliar por causa de algo que de repente se te ha presentado? Cuando una persona está angustiada por un período prolongado y no logra salir adelante por sí sola, por lo regular, debe acudir a un representante de la salud; en este caso, un psicólogo. Sin embargo, el tema que trataré, está motivado a la necesidad de hoy de tener a alguien a quien acudir en tiempo de angustia, de dolor, enfermedad o pérdida de un ser querido.
“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él le dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, Mateo 16:13-16. Cesarea de Filipo se halla a varios kilómetros al norte del Mar de Galilea, en el territorio gobernado por el tetrarca Filipo. La influencia de las culturas griega y romana se notaba por todas partes y los templos e ídolos romanos abundaban por doquier. Cuando Filipo llegó al poder, reconstruyó y renombró la ciudad en honor del emperador. La ciudad primero se llamó Cesarea, como la capital del territorio de su hermano Herodes. En su conversación con sus discípulos, en los cuales también existían las dudas por las respuestas a sus preguntas, porque desde el punto de vista común de la gente, para ellos Jesús era uno de los profetas que había resucitado. Es posible también, que como conocedores del AT elllos se aferraban a lo escrito muchos años antes de Jesús, donde dice que Dios iba a levantar un profeta de entre la gente. “Profeta levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”, Deuteronomio 18:18.
Con todo y el desconocimiento que existía en cuanto al Cristo, de entre ellos se levanta uno y responde a Jesús las palabras que se quedarían hasta el fin. “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Pedro confesó que Jesús era divino y el prometido y tan esperado Mesías. Si Jesús te hubiera hecho la misma pregunta, ¿qué hubieras respondido? ¿Es Él tu Señor y Mesías? La respuesta es tuya en absoluto. Al hacerlo, aceptas que Jesús es el Señor de tu vida, a quien puedes acudir en cualquiera que sea tu situación hoy.
“Y yo también te digo, que eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”, Mateo 16:18-19. La roca sobre la cual Jesús construiría su iglesia, se puede entender como Jesús mismo, en alusión a la salvación que Él prometía al morir y resucitar de entre los muertos. Pedro fue el primer gran líder en Jerusalén; por ende, el Señor le dice a ti te daré las llaves del reino de los cielos. Las palabras del Señor al dirigirse a Pedro, nacen de la confesión de éste, es decir, de Pedro. Cuando Jesús habla sobre esta roca, se refería a Pedro como líder por su identidad y el rol de líder que había mostrado este hombre. Así como Pedro había revelado la verdadera identidad de Cristo, Jesús revelaba la identidad y el rol de Pedro. Más tarde, Pedro recuerda a los cristianos que son la iglesia construida sobre el fundamento de los apóstoles y profetas con Jesucristo como la piedra angular. “Acercándose a él, piedra viva, desechadas ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa. Y el que creyere en él, no será avergonzado”, I-Pedro 2:4-6.
Acercándose a Cristo, los creyentes se convierten en la casa espiritual de Dios; es decir, el templo, donde, como sacerdocio santo, ofrecen sacrificios espirituales agradables para Dios. Es un día hermoso para decidirte por Cristo Jesús, quien es la Roca viva; también tu Salvador.
El versículo 19 ha sido motivo de discusión por siglos. Algunos dicen que las llaves significan la autoridad que se requiere para llevar a cabo la disciplina, la legislación y la administración de la Iglesia. Otros aseveran que las llaves dan la autoridad, para anunciar el perdón de los pecados, Juan 20:23. Otros manifiestan que las llaves pueden entenderse como la oportunidad de traer gente al reino de los cielos, por medio de la presentación del mensaje de salvación que se encuentra en la Palabra de Dios. Por tal razón, es el mismo Pedro que escribió las siguientes palabras: “Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y le dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones”, Hechos 15:7-9. Nadie en lo absoluto puede abrir o cerrar el reino de los cielos para otros, pero Dios nos usa como servidores del Reino para ayudarles a encontrar la puerta de entrada. Para todos los que creen en Cristo y obedecen sus palabras, las puertas del Reino de Dios están totalmente abiertas y así se convierten también en portadores de las llaves de este Reino, porque reciben la autoridad de Dios por medio del Espíritu Santo, para proclamar al mundo que Jesucristo es el Señor para gloria del Padre y que también Él es la Roca firme del fundamento de la iglesia, la cual eres tú. ¡Gloria al que vive! ¿Estás de acuerdo? Eso espero.
“Pero algunos de vosotros no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, sino le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”, San Juan 6:64-68. ¿Por qué las palabras de Jesús hicieron que muchos de sus seguidores lo abandonaran? Existen varias razones, veamos: 1-) Es posible que se hayan dado cuenta de que sería Él el Mesías-Rey conquistador que esperaban. 2-) Rehusó ceder ante sus exigencias egocéntricas. 3-) Enfatizó la fe, no los hechos y 4-) Sus enseñanzas eran difíciles de entender y algunas de sus palabras eran ofensivas.
Al creer en nuestra fe, es posible que nos sintamos tentados a apartarnos, porque las lecciones de Jesús son difíciles. ¿Reconocerías tú dándote por vencido, pasando por alto ciertas enseñanzas o rechazando a Cristo? En lugar de eso, te invito pedir al Señor que te muestre el significado de sus enseñanzas y te revele, por medio del Espíritu Santo, como aplicarlo a tu vida y luego tengas el valor de actuar en base a la verdad de Dios en tí.
Para nuestro Señor, no existen términos medios. Cuando preguntó a sus discípulos si también querían irse, les mostraba que podían tanto aceptarlo como rechazarlo. La intención de nuestro Señor no era rechazar a la gente con sus enseñanzas; sencillamente decía la verdad. Cuanto más escuchaban las personas el verdadero mensaje del Señor, más se dividían en dos bandos: los que le buscaban con sinceridad, porque deseaban entender más y, los que le rechazaban, porque no les gustaba lo que escuchaban. Fue después que algunos le abandonaron, preguntó a los doce si también harían lo mismo, a lo cual Pedro le respondió: ¿A quién iremos? En su estilo directo, Pedro respondió por todos nosotros. No existe otro camino. A pesar de que existen muchas filosofías y autoridades autoproclamadas, únicamente Jesús tiene palabras de vida eterna. La gente busca la vida eterna por todas partes y no ven a Cristo, quien es la única fuente. Te invito a permanecer en Jesús, aunque confundido o extraviado en ocasiones, pero nuestro Señor y Salvador Jesucristo es la única vía para llegar a Dios. ¿A quién iremos, a quién irás hoy?
Cuando Pedro estaba encarcelado junto a otros discípulos por anunciar las palabras del Reino, la Biblia revela que un ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel una noche, sacándolo de ésta. Al estar ya liberado, el ángel le dijo: “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas estas palabras de esta vida,” Hechos 5:17-20. Después de acudir a Jesús, el autor y consumador de la fe, hacemos esto; anunciamos la palabra que hemos recibido de Él, Cristo el Señor. Es la única forma de que otros conozcan de la Palabra de Dios.
Dios sea con cada persona que, de alguna forma, Él hace que pueda leer estos escritos, recordándoles que Cristo está con sus brazos abiertos aún, esperando por cada uno de ustedes. Bendiciones abundantes del cielo para todos.


