II-Corintios 3:1-3 y 5:12
Ministerio La Senda Inc.
El temor del Señor, equivalente al respeto y a la referencia adecuada, no es un temor aterrador que se vive ante una dictadura o un gobierno llamado de “manos duras”. Nuestro Creador es “Juez Justo”. Su justicia fortalece nuestra decisión para agradarle únicamente a Él. Motiva nuestros esfuerzos para ayudar a otros a confiar en Él. Todos, en la mayoría de los casos, conocemos qué es la apariencia, lo ficticio o engañoso de ésta. Cuando yo era muchacho, viajando desde la capital hacia el sur, en el trayecto de la carretera Santo Domingo/Azua, Carretera Sánchez, después de cruzar lo que antes se conocía como “El Número”, por las curvas estrechas que tenía, al descender e iniciar la gran recta de varios kilómetros hasta llegar a la ciudad de Azua, con un calor infernal en el interior del autobús, yo alcanzaba a ver a la distancia como si estuviera cayendo un torrencial aguacero. Esperando ansioso encontrarnos con lo que yo creía era una buena lluvia, en la medida en que avanzaba el vehículo, ¡vaya sorpresa! No era más que un espejismo físico causado por el mismo calor al chocar con el pavimento caliente. A esto, mis amados y amadas, se le llama “apariencia”. Existe mucha gente que vive de ésta, la apariencia, del que dirán o lo que es lo mismo, la apariencia, muchas veces, convierte a este tipo de persona en envidiosa, porque desea adquirir lo que tiene o poseen sus vecinos o amigos. Vivir así, se convierte en un afán constante, una zozobra imparable, incontrolable inclusive. ¿Cuál debe ser nuestra actitud, vivencia, testimonio, deberes y obligaciones? ¿Tenemos la capacidad para aceptarnos tal como somos o simplemente tratamos de vivir a las alturas de las corrientes de los amigos, vecinos o el mundo actual? Nuestra primera cita nos dice: “Comenzamos otra vez a recordarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois cartas de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”, II-Corintios 3:1-3. Vivir de la apariencia nunca nos podrá conducir a una vida plena, sino de afanes que nunca terminan y al final, también al fracaso total.
Les invito a ser lo que realmente deben ser en cuanto a su manera de vivir. No NOS afanemos por lo de los demás, sino por lo que en verdad somos o debemos ser, siervas y siervos al servicio de Cristo Jesús.
¿Cómo debemos ser, cuál nuestro proceder? Mateo, en su Evangelio nos dice: “Sea vuestro hablar: si, si, no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”, Mateo 5:37. Cuando Cristo pronunció estas palabras, hablaba sobre el significado del juramento. Nuestro hablar y conducta, deben ser el sello de nuestra propia vida. Debemos ser hombres y mujeres creíbles de todo lo que somos en verdad. Pablo, en su carta a los Corintios escribió: “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no; más bien ha sido Sí en Él; porque todas las promesas de Dios en Él es Sí, y en Él amén, por medio de nosotros, para gloria de Dios”, II-Corintios 1:19-20. Le he pedido y rogado a Dios que en estos escritos su Palabra prevalezca por encima de todo, porque mi intención consiste en llevar a cada persona que lee estas líneas, una motivación inspirada en la Palabra de Dios, que es la Santa Biblia, la cual nos motiva e invita a levantarnos y a resplandecer, porque su gloria ha nacido en nuestras vidas. Tu vida, mi vida, nuestras vidas, dice la misma Biblia, está escondida en Dios, Colosenses 3:3. Lo que somos en el hogar, debe ser en la escuela, la universidad, lugar donde laboramos, con los amigos y vecinos, debe ser la misma, nunca pensando en lo que es el otro, sino en lo que verdaderamente somos a la luz de Dios. Son muchos los que aparentamos ser lo que nunca podremos ser, viviendo en una pompa de jabón, que se eleva por los aires de la vanidad, del orgullo de la apariencia, subimos y seguimos subiendo y al final, por las fuerzas de la gravedad y los rayos solares que aumentan la temperatura atmosférica, caemos al suelo vueltos un montón de migajas desechables que nadie quiere ver ni tocar. Sé tú mismo, sé tú misma, porque sólo así podrás salir vencedor o vencedora en este mundo de tantas exigencias que nos ha tocado vivir. Si nuestra vida, si tu vida está escondida en Dios, entonces debemos esforzarnos por alcanzar el ser nosotros mismos y si así lo hacemos, seremos semejantes a Jesucristo, el Hijo de Dios.
Uno de los pasajes de la Biblia que más trato de enseñar a los miembros de la congregación que Dios me ha dado la oportunidad de dirigir, dice:
“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”, II-Corintios 5:17. Es una cita bíblica que nos debe llevar a ser lo que debemos ser. Una nueva criatura que nos eleva, nos conduce y motiva a ser hombres y mujeres conforme a los propósitos de Dios. Dios busca, Dios llama gente imperfecta, que entienda que le necesita para el nuevo nacimiento. Volver a ser como niños, que al realizar esta metamorfosis del nuevo nacimiento en el corazón, se convierta en nuevas perspectivas para la transformación gloriosa que viene de Dios por medio de Cristo Jesús. ¡Cuán glorioso es el cambio operado en mi ser! Dice la primera estrofa de un himno muy antiguo. Todo cuanto ha acontecido en nuestro existir, siempre tiene una razón de ser, nada nos ha sucedido al azar; por tanto, si hemos fracasado en algo, si no hemos podido alcanzar lo que nos habíamos propuesto, no es razón para rendirnos o tratar de seguir a alguien creyendo que haciendo lo que haga esa persona nos servirá para realizar lo que nunca pudimos lograr por nosotros mismos. A esto se le llama utopía, que no nos conduce a nada en absoluto. Es el proyecto o plan ideal, atrayente y beneficioso para la persona que es muy improbable que suceda; simplemente es una aspiración, un deseo, en otras palabras; “Es una utopía”.
No recuerdo si antes he escrito lo que a continuación plasmaré en las siguientes líneas, pero si lo he hecho, pido disculpas; pero entiendo que es una historia que nos edificará. Es la siguiente: Charles E. Johson, alias “Chuck”, en el año 1999, con apenas 30 años de edad, ganaba 1.30 millones de dólares. Estaba considerado como el número uno en la sucesión de la empresa de su padre como presidente de la misma. Sus amigos y colaboradores decían de él que en un tiempo no lejano pasaría a ser el líder principal de la empresa. Poseía una maestría en administración de empresas de la prestigiosa Universidad de Harvard. El joven “Chuck” nunca pudo llegar a ser el VIP de lo que más anhelaba en su vida como profesional, presidir la empresa fundada por su padre años atrás. ¿Qué sucedió con la brillante carrera de este joven? El futuro heredero de una gran empresa, respetuoso, afable, gran colaborador con sus compañeros de labores; en otras palabras, dentro de la empresa era un respetuoso caballero, también un gran ejecutivo.
Este valeroso joven, de tanto porvenir en el futuro inmediato, cuando pisaba el umbral de su hogar, era otro hombre. Se convertía en un vendaval destructivo, en otras palabras, su gentileza y caballerosidad de la empresa, pasaba a ser otro renglón de su vida. Era un gran consumidor de alcohol incontrolable. La noche del 28 de Septiembre del 2002, lanzó a su esposa contra la estufa en la cocina de su hogar, fracturandose ésta varios huesos de la cara. Esto le costó a él 60 días de cárcel y al mismo tiempo, la suspensión de la empresa. Tiempo después, con unos años más, se describió a sí mismo como “un alcohólico que irrumpía en la vida de otras personas como un tornado”. “He hecho mucho daño, los hábitos más sombríos empezaron a controlar mi vida. Nunca bebí un trago en el trabajo, pero en mi casa, no tenía control alguno sobre mí. Me vino de forma indescriptible, fue crónico y progresivo. Me decía a mi mismo que realmente no tenía ningún tipo de problema”. ¿Qué podemos aprender de esta historia? Creo que la respuesta es simple: La doble vida tiene un costo, éste nos puede conducir al fracaso total, donde se pierde la cordura, familia, amistades, profesión, finanzas, empresa; es decir, todo queda, en la mayoría de los casos, en una derrota total. Les invito, junto a mí, a realizar un giro de 180´ y volvernos a Cristo Jesús, quien es el único que puede realizar el cambio que necesitamos hoy. Él, como en la cruz, con sus brazos abiertos, está esperando gente que verdaderamente quiera ser transformada por el poder de su Sangre preciosa.
“Lo que se opone más al hallazgo de la verdad no es la falta de apariencia que surge en las personas llevándolas al error, ni tampoco inmediatamente la debilidad de la inteligencia, sino la opinión y el prejuicio se impone a la verdad”, Arthut Schopenhauer, filósofo alemán.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. Conociendo la verdad y esta verdad no es más que Jesucristo, nuestros valores y principios nos conducirán a caminar por senderos de luz, seguros, porque caminamos siguiendo las pisadas de Jesús, no las pisadas del que creemos será nuestro trampolín para alcanzar propósitos por la debilidad de creer ser lo que no somos o queremos ser.
Al volvernos a Jesús, jamás intentaremos fijar nuestras miradas en otras personas, sino que forjaremos nuestro caminar en Jesucristo el Señor, convirtiéndonos en hombres y mujeres de una fe inquebrantable en Él. ¡Dios nos bendiga en abundancia!
Pastor: Héctor E. Contreras.




