Por: Héctor E. Contreras.
El temor del Señor, equivalente al respeto y a la referencia adecuada, no es un temor aterrador que se vive ante una dictadura o un gobierno llamado de “manos duras”. Nuestro Creador es “Juez Justo”. Su justicia fortalece nuestra decisión, para agradarle únicamente a Él. Motiva nuestros esfuerzos para ayudar a otros a confiar en Él. Todos, en la mayoría de los casos, conocemos que es la apariencia, lo ficticio o lo engañoso de ésta. Cuando yo era muchacho, viajando desde la capital hacia el sur, en el trayecto de la carretera Santo Domingo/Azua, llamada Carretera Sánchez, después de cruzar lo que antes se conocía como “El Número”, por las curvas estrechas que tenía, al descender e iniciar la gran recta de varios kilómetros hasta llegar a la ciudad de Azua, con un calor infernal en el interior del autobús, yo alcanzaba a ver a la distancia como si estuviera cayendo un torrencial aguacero. Esperando ansioso encontrarnos con lo que yo creía era una buena lluvia, en la medida en que avanzaba el vehículo, ¡vaya sorpresa! No era más que un espejismo físico, causado por el mismo calor al chocar con el pavimento ardiente. A esto, mis amados, se le llama “apariencia”. Existe mucha gente que vive de ésta, del que dirán, convirtiendo a este tipo de persona en envidiosa, porque desea adquirir casi lo imposible, que tiene o poseen sus vecinos o amigos. Vivir así, se convierte en un afán constante, una zozobra imparable, incontrolable inclusive. ¿Cuál debe ser nuestra actitud, vivencia, testimonio, deberes y obligaciones? ¿Tenemos la capacidad para aceptarnos tal como somos, o simplemente tratamos de vivir a las alturas de las corrientes de los amigos, vecinos o el mundo actual? Este tipo de vida sólo puede ser transformado por el poder sanador de Cristo Jesús.
“Comenzamos otra vez a recordarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros?
Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois cartas de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”, II-Corintios 3:1-3. Vivir de la apariencia nunca nos podrá conducir a una vida plena, sino de afanes que nunca terminan y al final, nos conducen al fracaso total. Te invito a ser lo que realmente debes ser, en cuanto a tu manera de vivir. No te afanes por lo de los demás, sino por lo que en verdad debes ser, como siervo al servicio de Cristo Jesús. La Biblia dice: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, Mateo 6:33. ¿Cómo debemos ser, cuál nuestro proceder? Mateo, en su Evangelio nos dice: “Sea vuestro hablar: si, si, no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”, Mateo 5:37. Cuando Cristo pronunció estas palabras, hablaba sobre el significado del juramento. Nuestro hablar y conducta, deben ser el sello de nuestra propia vida. Debemos ser personas creíbles de todo lo que somos en verdad. Pablo, en su carta a los Corintios escribió: “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no; más bien ha sido Sí en Él; porque todas las promesas de Dios en Él es Sí, y en Él amén, por medio de nosotros, para gloria de Dios”, II-Corintios 1:19-20. Le he pedido y rogado a Dios que en estos escritos su Palabra prevalezca por encima de todo, porque mi intención consiste en llevar a cada persona que lee estas líneas, una motivación inspirada en la Palabra de Dios, que es la Santa Biblia, la cual nos motiva e invita a levantarnos y a resplandecer, ya que la gloria ha nacido en nuestras vidas, dice la misma Biblia y está escondida en Dios, Colosenses 3:3. Lo que somos en el hogar, debemos también ser fuera de este, ya sea en el trabajo, colegio, escuela, universidad, con los amigos y vecinos, debemos ser siempre lo mismo, nunca pensando en lo que es el otro, sino en lo que verdaderamente somos a la luz de Dios. ¡Bendito y alabado sea el nombre de Dios!
Son muchos los que aparentan ser lo que nunca podrían ser, viviendo en una pompa de jabón, que se eleva por los aires de la vanidad, del orgullo y de la apariencia.
Subimos y seguimos subiendo y al final, por las fuerzas de la gravedad y los rayos solares que aumentan la temperatura atmosférica, caemos al suelo, vueltos un montón de migajas desechables que nadie quiere ver, ni tocar. Sé tú mismo, porque sólo así, con la ayuda de Dios, podrás salir vencedor en este mundo de tantas exigencias que nos ha tocado vivir. Te invito a vivir solamente para Dios y su reino por medio de Cristo Jesús.
“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”, II-Corintios 5:17. Esta cita bíblica, nos debe llevar a ser una nueva criatura, que nos motiva a ser personas conforme a los propósitos de Dios. Dios busca, Dios llama a gente imperfecta, que entienda que necesita el nuevo nacimiento. Volver a ser como niños, que al llegar esta metamorfosis del nuevo nacimiento en el corazón, se convierta en nuevas perspectivas para la transformación gloriosa que viene de Dios por medio de Cristo Jesús. ¡Cuán glorioso es el cambio operado en mi ser! Dice la primera estrofa de un himno muy antiguo. Todo cuanto ha acontecido en nuestro existir, siempre tiene una razón de ser, nada nos ha sucedido al azar; por tanto, si hemos fracaso en algo, si no hemos podido alcanzar lo que nos habíamos propuesto, no es razón para rendirnos o tratar de seguir a alguien, creyendo que haciendo lo que haga esa persona nos servirá para realizar lo que nunca pudimos lograr por nosotros mismos. A esto se le llama utopía, que no nos conduce a nada en absoluto. El proyecto o plan ideal, atrayente y beneficioso para la persona, se inicia con el nuevo nacimiento. Lo contrario, simplemente es: “Una utopía”. Déjate transformar por Cristo Jesús. El nuevo nacimiento te conducirá a ser una persona diferente a lo que es ahora tu vida, en cuanto a lo que intentas lograr, viviendo de una apariencia que sólo te puede llevar a una derrota total.
No recuerdo si antes he escrito lo que a continuación plasmaré en las siguientes líneas, pero si lo he hecho, pido disculpas; pero entiendo que es una historia que nos edificará. Es la siguiente: Charles E. Johson, alias “Chuck”, en el año 1999, con apenas 30 años de edad, ganaba 1.30 millones de dólares.
Estaba considerado como el número uno en la sucesión de la empresa de su padre, como presidente de la misma. Sus amigos y colaboradores decían de él, que en un tiempo no lejano, pasaría a ser el líder principal de la empresa. Poseía una maestría en administración de empresas de la prestigiosa Universidad de Harvard. El joven “Chuck” nunca pudo llegar a ser el VIP de lo que más anhelaba en su vida como profesional, presidir la empresa fundada por su padre años atrás. ¿Qué sucedió con la brillante carrera de este joven? El futuro heredero de una gran empresa, respetuoso, afable, gran colaborador con sus compañeros de labores; en otras palabras, dentro de la empresa era un caballero a carta cabal, también un gran ejecutivo. Este valeroso joven, de tanto porvenir para el futuro inmediato, cuando pisaba el umbral de su hogar, era otro hombre. Se convertía en un vendaval destructivo, en otras palabras, su gentileza y caballerosidad dentro de la empresa, pasaba a ser otro renglón de su vida. Era un gran consumidor de alcohol incontrolable. La noche del 28 de Septiembre del 2002, lanzó a su esposa contra la estufa en la cocina de su hogar, fracturandose ésta varios huesos de la cara. Esto le costó 60 días de cárcel y, al mismo tiempo, la suspensión en la empresa. Tiempo después, se describió a sí mismo como “un alcohólico que irrumpía en la vida de otras personas como un tornado”. “He hecho mucho daño, los hábitos más sombríos empezaron a controlar mi vida. Nunca bebí un trago en el trabajo, pero en mi casa, no tenía control alguno sobre mí. Me vino de forma indescriptible, fue crónico y progresivo. Me decía a mi mismo que realmente no tenía ningún tipo de problema”. ¿Qué podemos aprender de esta historia? Creo que la respuesta es simple: La doble vida tiene un costo, éste nos puede conducir al fracaso total, donde se pierde la cordura, familia, amistades, profesión, finanzas, empresa; es decir, todo queda, en la mayoría de los casos, en una derrota total. Les invito a realizar un giro de 180 grados y volverte a Cristo Jesús, quien es el único que puede realizar el cambio que necesitas hoy. Él, como en la cruz, con sus brazos abiertos, está esperando gente que verdaderamente quiera ser transformada por el poder de la Sangre de Cristo Jesús. “Lo que se opone más al hallazgo de la verdad no es la falta de apariencia que surge en las personas llevándolas al error, ni tampoco inmediatamente la debilidad de la inteligencia, sino la opinión y el prejuicio se impone a la verdad”, Arthut Schopenhauer, filósofo alemán.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. Conociendo la verdad y esta verdad no es más que Jesucristo, nuestros valores y principios nos conducirán a caminar por senderos de luz, seguros y firmes.
Al volvernos a Jesús, jamás intentaremos fijar nuestras miradas en otras personas, sino que forjaremos nuestro caminar en Jesucristo el Señor, convirtiéndonos en personas de una fe inquebrantable en Él. ¡Dios nos bendiga en abundancia!




