Llevado al Parlamento, esta propuesta no obtuvo el apoyo necesario –algo que ya era esperado–, razón por la cual le correspondía al segundo partido más votado, el del showman Trifonov, quien ya había anticipado que devolvería de inmediato el mandato. Así, correspondía al jefe de estado decidir a cuál de las restantes fuerzas políticas ofrecerle esa posibilidad, decisión que recayó en el PS, que lo había nominado en su momento para la máxima jefatura del estado.
Agotadas las tres opciones, no quedaban más alternativas que convocar nuevas elecciones, cuya fecha fue determinada por el Presidente –derecho que le corresponde por Constitución– señalando el próximo 11 de julio.
Radev informó asimismo que la próxima semana firmará el decreto en virtud del cual se disuelve el Parlamento –el más breve en la nueva historia del país– y nombrará un gobierno de transición, cuyo objetivo es preparar los próximos comicios. Fiel a su orientación ideológica, el Presidente anticipó que incluirá en ese gobierno «a expertos de prestigio provenientes de la izquierda».
Ayer, el centro de la capital fue escenario de dos manifestaciones de corte totalmente opuesto: una en apoyo al Presidente Radev y otra, en contra, exigiendo su dimisión, y acusándole de querer imponer una dictadura pro-Kremlin, demandas que fueron secundadas en otras ciudades del país. Esta protesta se debe a la forma precipitada –en sólo tres días y cuando se celebra la Semana Santa ortodoxa– en que se aprobó, y publicó en el BOE –un sábado festivo– el nuevo Código Electoral.
Un mes después de celebrados las elecciones regulares, tras agotar Borisov su tercera legislatura, Bulgaria debe afrontar la convocatoria de nuevos comicios, aunque el país tiene muchos más temas acuciantes de tipo económico y social, además de tener que seguir batallando contra el coronavirus

