Sali Hafiz, una decoradora libanesa de 28 años hoy en paradero desconocido, se ha convertido en la heroína de las decenas de miles de cuentacorrentistas que desde hace años tienen congelados sus ahorros en dólares en los bancos del país. Armada con una pistola (que ahora se sabe que era de juguete) y un frasco con gasolina y agua, Sali atracó el miércoles de la semana pasada una sucursal bancaria en Beirut, y exigió a los empleados que le dieran los 13.000 dólares de la cuenta familiar. El dinero, dijo, lo necesitaba para pagar un tratamiento en el extranjero de cáncer para su hermana. El ejemplo de Sali Hafiz cundió, y para el fin de semana se habían registrado ya al menos siete intentos de atraco de bancos en el Líbano, protagonizados por sus propios clientes. Anoche, la asociación bancaria del Líbano decretó un cierre «indefinido» de todas sus oficinas para «proteger a sus empleados». El Gobierno no solo es incapaz de ponerse de acuerdo y legislar en torno a las limitaciones para la retirada de líquido de los bancos, sino que tampoco puede ofrecerles seguridad. La situación, entre dramática y cómica, pone otra vez de relieve la crítica situación que vive el Líbano, considerado a mediados del pasado siglo «la Suiza de Oriente Próximo» por la pujanza de su sector bancario y el carácter cosmopolita de su capital, Beirut. Situación extrema Antes de que los bancos declararan el cierre indefinido, el Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió un comunicado para lamentar la «falta de reformas necesarias» en el Líbano antes de desbloquear un préstamo urgente de 3.000 millones de dólares. La situación económica y social es extrema, con un 80 por ciento de la población bajo el umbral de la pobreza según la última estadística nacional. Los libaneses, incapaces de tener acceso a sus ahorros desde 2019, achacan a la banca que está prestando su dinero al Gobierno -dada la incapacidad de este para acceder a los préstamos exteriores- y la incompetencia y corrupción ahondan la crisis. MÁS INFORMACIÓN noticia No Una mujer atraca un banco en Líbano para sacar dinero de su cuenta y pagar el tratamiento médico de su hermana galeria No Así fue la enorme explosión que arrasó Beirut En el terreno político, la situación es igualmente límite. La salida de Francia, potencia colonial, dejó condenado el país a la división sectaria por la religión -suníes, chiíes, drusos y cristianos maronistas-, y al reparto de poder que suele acabar en distribución de prebendas entre las elites políticas. Las ambiciones de los países vecinos, en particular de Siria, Israel, y finalmente Irán, alimentaron la larga guerra civil (1975-1990) y la inestabilidad posterior. Las últimas elecciones legislativas, celebradas en mayo, arrojaron un Parlamento aún más dividido, incapaz de ponerse de acuerdo para un Gobierno de consenso. La crisis política del Líbano encara un nuevo desafío en octubre, fecha en que termina el mandado presidencial de Michel Aoun.
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