EN TU SEMANA.
Artículo semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM Y EL GRAN. DO
Job 14:1-4, 5:7 y Génesis 41:51-55
El hombre o la mujer que posee la sabiduría de Dios, vive de acuerdo a las verdades que descienden desde las alturas, esto es, del Trono de la Gracia de nuestro Dios. Esta se acerca ante su presencia con humildad, sinceridad, mansedumbre y temor reverente. En su interior no está el acusar a Dios por cualquier error o adversidad que haya sufrido. Los sabios están en condiciones de enfrentar y soportar el sufrimiento en el entendido de que la mano poderosa y amorosa de Dios prevalecerá al final. A la mayoría de las personas que ahora leen este mensaje, Dios les ha dado la oportunidad de formalizar una familia, una empresa, un negocio y al final, poseer un buen empleo. Conocemos la adversidad, los desvelos, sin dejar a un lado la estrechez económica, las enfermedades. Son día muy intensos, difíciles, pero, en medio de todo ésto, podemos hacer nuestras las palabras del apóstol Pablo, cuando escribió: “Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros? Romanos 8:31. Dios cuida de cada uno de nosotros hoy. ¡A su nombre gloria!
David escribió: “El Señor es mi luz y mi salvación,; ¿De quién temeré? Él es la fortaleza de mi vida: ¿De quién he de atemorizarme?”, Salmo 27:1. Como seres humanos que somos, vivimos la experiencia del temor y, si así no fuera, entonces no seríamos tales; pero con nuestros talentos y dones, también defectos, tenemos las promesas más poderosas que puedan existir de parte de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, cuando dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:33. ¿Qué más podríamos desear? Aferremonos a las promesas de Dios, porque Él siempre las cumple, porque también es fiel a ellas. En el libro de Job encontramos un ejemplo vivo de lo que es la aflicción para todas las familias.
“Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción”, Job 5:7. ¿Qué significa la aflicción cuando nos abate? La aflicción equivale a dolor, fatiga, dolor y muerte. Su raíz nace del verbo “armal”, que es igual a laborar o laborar hasta quedar totalmente exhausto. Vivimos en un mundo exigente, estamos en una carrera tal, que nos conduce a vivir en una zozobra constante, corriendo de un lado a otro; sea por el motivo que sea, luchando desde lo que es lo económico y familiar, pero siempre, están de por medio dos renglones en la vida diaria. “ECONOMÍA-FAMILIA”, esto es necesario que lo tomemos en cuenta, porque casi todo va en esa trayectoria. Pero,…..tenemos dos recursos poderosos: “LA ORACIÓN Y CONFIANZA EN DIOS”, de rodillas, en oración delante del Altar de la Gracia, obtendremos la respuesta que buscamos, siempre que ésta esté dentro de los propósitos de Dios. Recordemos, amados del Señor, los propósitos de Dios son eternos, no terminan nunca. “Ciertamente, yo buscaría a Dios, y encomendaría a Él mi causa”, Job 5:8. En este tiempo, cuando navegamos por el centro de un vendaval que azota nuestras vidas, nuestros cimientos familiares, económicos, sociales, de salud, inclusive nuestra propia fe, a mi entender, se hace necesario hacer lo que hizo Job: “buscar a Dios y encomendar a Él nuestra causa”. Es el mejor consejo que puedo darles a cada persona a la que llegan en estas líneas. “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo”, Salmo 55:22. Espera y confía en Dios, Él hará todo lo cuanto tenga que hacer en tu favor. ¿Estás cargado? Te invito a que te atrevas a depositar todas tus cargas en el que todo lo puede, nuestro Dios y Señor. Mientras haya vida, también habrá o existirá la adversidad.
“Y llamó José el nombre de su primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción. Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto. Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, más en toda la tierra de Egipto había pan. Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere”, Génesis 41:51-55.
Según lo que encontramos descrito en los versos citados más arriba, ninguna persona ha tenido un testimonio más contundente en medio de la adversidad que José. Sus padecimientos dan inicio cuando sus propios hermanos, por celos, lo venden a los ismaelitas; éstos, al llegar a Egipto, también lo venden. En tierra extranjera vivió lo indecible como ser humano; sin embargo, debemos destacar que, su fe en Dios nunca la abandonó.
Fue acusado por la esposa de quien servía, ésta, al ver la fidelidad de este joven, lo acusa ante su esposo y éste lo envía a la cárcel. Por un buen tiempo permaneció encarcelado, injustamente, por supuesto. Su encarcelamiento, sufrimientos y calamidades, no eran más que los propósitos de su Dios en tierras lejanas, para aquel joven valeroso, tierras donde nunca pensó llegaría. Después de todo, Dios tenía para él una gran victoria. Después del faraón haber tenido un extraño sueño, no hallando nadie que lo interpretara, el sirviente del faraón recordó a José, con quien había compartido celdas en la cárcel y así, José llega ante la presencia del faraón e interpreta su sueño. Al ver la sabiduría del joven, el gobernante decide compartir su reino junto al valeroso José. Dice la Biblia así: “Entonces faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello”, Génesis 41:41-42. No importa la situación en que te encuentras ahora mismo, no importa la condición actual de lo que es tu propia vida, no importa la acusación o mentiras divulgadas contra tí; como José, que fue encarcelado injustamente por el deseo carnal de una mujer, Hoy Dios te dice no ¡temas!, hijo mío, Yo estoy contigo para defenderte y guardarte de cualquiera que sea tu situación actual. Solo debes permanecer fiel a Dios y a sus promesas, como José, que nunca denegó su fe en Dios. Después de su cambio de vida, desde la cárcel hasta el trono, de la miseria a la opulencia; sólo Dios hace este tipo de milagros. Al nacer su primer hijo, le pone por nombre “Manasés”, diciendo: “Dios me hizo olvidar todo mi trabajo”, Génesis 41:51. Al pasar el tiempo, tuvo la oportunidad de que llegara su segundo hijo, a quien bautizó con el nombre de “Efraín”, añadiendo las siguientes palabras: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”, Génesis 41:52. El mensaje de José ayer, también es para cada persona de este tiempo, tiempo de muerte, miseria, dolor, etc., que todo cuanto acontece a nuestro alrededor, nunca debemos perder la esperanza en Dios. Él nunca llega tarde, esperemos y confiemos, Él está por cada uno de nosotros. José fue un luchador incansable y sus propias palabras deben llenarnos de aliento y motivarnos a no desmayar nunca jamás. Desde una oscura cárcel, Dios le llevó a ser el segundo hombre del reino en tierra que él no conocía. En su interior, en el centro de su corazón, tenía la certeza, una plena convicción de que Dios jamás lo abandonaría, tampoco a tí hoy, ni a tu familia, porque Dios es fiel. Para consolidar las palabras de José, su testimonio vivo, debo plasmar aquí el siguiente versículo: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo librará el Señor”, Salmo 34:19.
Continuemos siempre hacia adelante, sin desmayar, aunque lleguen las adversidades, las aflicciones a nuestras vidas. Éstas, llevemoslas delante del Altar de Dios y allí obtendremos su respuesta.
Recordemos siempre que, la vida está diseñada para ser una historia de logros, pero sin dejar de lado las adversidades que nos llegan, porque sin la ausencia de éstas, nuestros logros alcanzados no tendrían ningún sentido, ningún valor. esperanza.
¡Dios nos bendiga siempre!