Job 14:1-4, 5:7 y Génesis 41:51-55.
Ministerio La Senda Inc.
El hombre o la mujer que posee la sabiduría de Dios, vive de acuerdo a las verdades que descienden desde las alturas, esto es, del Trono de la Gracia de nuestro Dios. Esta se acerca ante su presencia con humildad, sinceridad, mansedumbre y temor reverente. En su interior no está el acusar a Dios por cualquier error o adversidad que haya sufrido. Los sabios están en condiciones de enfrentar y soportar el sufrimiento en el entendido de que la mano poderosa y amorosa de Dios prevalecerá al final. A la mayoría de las personas que ahora leen este mensaje, Dios les ha dado la oportunidad de formalizar una familia, una empresa, un negocio y al final, poseer un buen empleo. Hace un año y días que nuestro país y el mundo, ha sido sacudido por la Pandemia Covid-19, generando un caos de salud, familia, económico y social. Ha sido una batalla campal librada por los pueblos para salir airosos de todo lo que ha traído a la humanidad esta pandemia, sin embargo, debo destacar el coraje y arrojo de cada nación, enfrentando con valor y gallardía la enfermedad más letal de los últimos tiempos. Hemos visto partir familiares, amigos, compañeros de labores y otros, con el dolor más profundo de no poder participar de una despedida formal como antes lo hacíamos. ¿Qué hacer, entonces, rendirnos arrodillarnos ante tal flagelo destructivo de la vida? No, antes bien, entiendo que debemos reponernos a todo lo malo que nos haya podido causar esta enfermedad y disponer todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo para proseguir adelante, siempre confiando en el poder de Dios. ¿Están conmigo?….pues, ¡Amén!.
David escribió: “El Señor es mi luz y mi salvación,; ¿De quién temeré? El es la fortaleza de mi vida: ¿De quién he de atemorizarme?”, Salmo 27:1. Como seres humanos que somos, vivimos la experiencia del temor y, si así no fuera, entonces no seríamos tales; pero con nuestros talentos y dones, también defectos, tenemos las promesas más poderosas que puedan existir de parte de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, cuando dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:33. ¿Qué más podríamos desear? Aferremonos a las promesas de Dios, porque Él siempre las cumple, porque también es fiel a ellas. En el libro de Job encontramos un ejemplo vivo de lo que es la aflicción para todas las familias.
“Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción”, Job 5:7. ¿Qué significa la aflicción cuando nos abate? La aflicción equivale a dolor, fatiga, dolor y muerte. Su raíz nace del verbo “armal”, que es igual a laborar o laborar hasta quedar totalmente exhausto. Vivimos en un mundo exigente, estamos en una carrera tal, que nos conduce a vivir en una zozobra constante, corriendo de un lado a otro; sea por el motivo que sea, luchando desde lo que es lo económico y familiar, pero siempre, están de por medio dos renglones en la vida diaria. “ECONOMÍA-FAMILIA”, esto es necesario que lo tomemos en cuenta, porque casi todo va en esa trayectoria. Pero,…..tenemos dos recursos poderosos: “LA ORACIÓN Y CONFIANZA EN DIOS”, de rodillas, en oración delante del Altar de la Gracia, obtendremos la respuesta que buscamos, siempre que ésta esté dentro de los propósitos de Dios. Recordemos, amados@s del Señor, los propósitos de Dios son eternos, no terminan nunca. “Ciertamente, yo buscaría a Dios, y encomendaría a Él mi causa”, Job 5:8. En este tiempo, cuando navegamos por el centro de un vendaval que azota nuestras vidas, nuestros cimientos familiares, económicos, sociales, de salud, inclusive nuestra propia fe, a mi entender, se hace necesario hacer lo que hizo Job: “buscar a Dios y encomendar a Él nuestra causa”. Es el mejor consejo que puedo darles a cada persona a la que llegan en estas líneas. “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo”, Salmo 55:22. Espera y confía en Dios, porque Él hará todo cuanto tenga que hacer en tu favor. ¿Estás cargado@? Te invito a que te atrevas a depositar todas tus cargas en el que todo lo puede, nuestro Dios y Señor. Mientras haya vida, también habrá o existirá la adversidad.
Según lo que encontramos descrito en el libro de Génesis 41:51-55, ninguna persona ha tenido un testimonio más contundente en medio de la adversidad que José. Sus padecimientos dan inicio cuando sus propios hermanos, por celos, lo venden a los ismaelitas; éstos, al llegar a Egipto, también lo venden. En tierra extranjera vivió lo indecible como ser humano; sin embargo, debemos destacar que, su fe en Dios nunca la abandonó. Fue acusado por la esposa de quien servía, ésta, al ver la fidelidad de este joven, lo acusa ante su esposo y éste lo envía a la cárcel. Por un buen tiempo permaneció encarcelado, injustamente, por supuesto.
Su encarcelamiento, sufrimientos y calamidades, no eran más que los propósitos de su Dios en tierras lejanas para aquel joven valeroso, tierras donde nunca pensó llegaría. Después de todo, Dios tenía para él una gran victoria. Después del faraón haber tenido un extraño sueño, no hallando nadie que lo interpretara, el sirviente del faraón recordó a José, con quien había compartido celdas en la cárcel y así, José llega ante la presencia del faraón e interpreta su sueño. Al ver la sabiduría del joven, el gobernante decide compartir su reino junto al valeroso José. Dice la Biblia así: “Entonces faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello”, Génesis 41:41-42. No importa la situación en que te encuentras ahora mismo, no importa la condición actual de lo que es tu propia vida, no importa la acusación o mentiras divulgadas contra tí; como José, que fue encarcelado injustamente por el deseo carnal de una mujer, Hoy Dios te dice no ¡temas!, hijo mío, hija mía, Yo estoy contigo para defenderte y guardarte de cualquiera que sea tu situación actual. Solo debes permanecer fiel a Dios y a sus promesas, como José, que nunca denegó su fe en Dios. Después de su cambio de vida, desde la cárcel hasta el trono, de la miseria a la opulencia; sólo Dios hace este tipo de milagros. Al nacer su primer hijo, le pone por nombre “Manasés”, diciendo: “Dios me hizo olvidar todo mi trabajo”, Génesis 41:51. Al pasar el tiempo, tuvo la oportunidad de que llegara su segundo hijo, a quien bautizó con el nombre de “Efraín”, añadiendo las siguientes palabras: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”, Génesis 41:52. El mensaje de José ayer, también es para cada persona de este tiempo, tiempo de muerte, miseria, dolor, etc., que todo cuanto acontece a nuestro alrededor, nunca debemos perder la esperanza en Dios. Él nunca llega tarde, esperemos y confiemos, Él está por cada uno de nosotros. José fue un luchador incansable y sus propias palabras deben llenarnos de aliento y motivarnos a no desmayar nunca jamás. Desde una oscura cárcel, Dios le llevó a ser el segundo hombre del reino en tierra que él no conocía. En su interior, en el centro de su corazón, tenía la certeza, una plena convicción de que Dios jamás lo abandonaría, tampoco a tí hoy, ni a tu familia, porque Dios es fiel. Para consolidar las palabras de José, su testimonio vivo, debo plasmar aquí el siguiente versículo: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo librará el Señor”, Salmo 34:19.
Continuemos siempre hacia adelante, sin desmayar, aunque lleguen las adversidades, las aflicciones a nuestras vidas. Éstas, llevémoslas delante del Altar de Dios y allí obtendremos su respuesta.
Recordemos siempre que, la vida está diseñada para ser una historia de logros, pero sin dejar de lado las adversidades que nos llegan, porque sin la ausencia de éstas, nuestros logros alcanzados no tendrían ningún sentido, ningún valor. Existió un gran líder, entiendo que la mayoría de ustedes conoce su historia. Fue un gran estadista también y él dijo lo siguiente: “Aprendí que el coraje no era la ausencia del miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino el que triunfa sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”, Nelson Mandela. En el año 1994, después de sus 27 largos años encarcelado, donde nunca le abandonaron los sufrimientos ni las adversidades, la angustia, el desprecio; desde allí sale, erguido y con un espíritu propio de haber estado encarcelado injustamente. Poco tiempo después alcanza la primera magistratura de su país como el primer presidente de color. Como Job, José, también Mandela, supieron enfrentar sus adversidades y al final fueron bendecidos, porque enfrentaron con valor su sufrir y padecer, siempre confiando en las promesas de Dios. Mandela fue un ejemplo vivo para su propio pueblo y para el mundo. Al final de su período presidencial, se le ofreció todo para que siguiera gobernando su nación, pero no lo aceptó. Tus penas, sufrimientos, desprecios, críticas destructivas en tu contra; todo esto no es más que un pasaje en el tiempo, porque Dios te ha dado la victoria, sólo debes estar dispuesto y preparado para aceptar el reto sin desmayar, porque Dios está contigo.
En pleno desierto, después de haber fallecido el líder principal que conducía el peregrinaje del pueblo de Israel, Moisés, al que sería su sucesor en el mando de tan ardua tarea, Josué, el mismo Dios se dirige a él y le dice: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”, Josué 1:5. Casi en todas la congregaciones cristianas, se utiliza un Himnario de Gloria, en éste hay un Himno, el No.126, que su primera estrofa dice así:
“Todas las promesas del Señor Jesús, son apoyo poderoso de mi fe, mientras luche aquí buscando yo su luz, siempre en sus promesas confiaré”. Cuando Dios promete, cumple su Palabra; todo depende de la actitud y responsabilidad con que afrontemos los retos que Él nos pone por delante. Cuando tú recibes por fe sus promesas, puedes tener la seguridad de que siempre estará a tu lado para ayudarte. “Como estuve con Moisés, estaré contigo”. Dios está por tí hoy y siempre. ¡Él nunca falla! ¡Alabanzas sean dadas al Rey de Gloria!
Alguien dijo: “Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca son estériles”, Joseph Ernest, escritor y filósofo francés. Termino con el apóstol Pablo y estas palabras: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de tí somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, Romanos 8:33-37. Nadie te golpeará tan fuerte como lo hará la vida, pero debes resistir y seguir adelante. La vida termina cuando dejamos de soñar y luchar, la esperanza cuando dejamos de creer y el amor cuando dejamos de cuidarlo y alimentarlo. ¡Dios nos bendiga siempre!
Pastor: Héctor E. Contreras.



