De la derrota a la victoria

Josué 7:6-8, 19-21; 8:18 y 20.

Por: Héctor E. Contreras
hector.contreras26@gmail.com

¿Es el pecado un asunto privado que la persona debe solucionar por sí misma con el Señor? ¿Tiene el pastor, o el sacerdote la responsabilidad, o por lo menos el derecho de preocuparse por la conducta inaceptable en la vida de las personas? Ciertamente, existen muchas trampas que tenemos que evitar al tratar sobre el pecado en los demás. El relato del pecado de Acán que, con la ayuda de Dios trataré de desarrollar en este mensaje, señalando que Dios da una gran importancia aún a los llamados “pecados pequeños” y que los pecados de una persona pueden afectar el bienestar de todo un cuerpo,  grupo o familias, llevando, incluso al fracaso en determinados actos de la sociedad en que viven; sea esta familia, negocios o empresas. En el libro de Josué, en su capítulo 7, versos del 1-9, los israelitas estaban regocijados por su victoria sobre el pueblo de Jericó. Al parecer, las cosas no podían marchar mejor. Sin embargo, debajo de la superficie existía un grave problema espiritual que estaba a punto de traer consecuencias devastadoras a todo el pueblo de Israel. Josué 7:1 presenta tres hechos claves y son los siguientes:

1.-)    Los israelitas habían pecado con respecto a las cosas consideras anatema,

2.-)    Uno de los hijos de Israel había tomado algunas de esas cosas prohibidas

3.-)    Dios se airó contra toda la nación de Israel.

Dice la Biblia: “Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! ¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?”, Josué 7:6-8.

De los más de 600.000 hombres aptos para pelear por Israel, sólo Acán desobedeció al mando de Dios. Al parecer, nadie fuera de la familia de Acán se dio cuenta de su pecado. Sólo un hombre cometió el pecado, sin embargo, Dios consideró que toda la nación era culpable. Dios mira a su pueblo como un cuerpo colectivo y también como miembros individuales. Su respuesta al pecado de Acán nos recuerda que nuestras acciones no nos afectan solamente a nosotros, afecta a todas las personas que nos rodean. ¿Cómo puede el pecado de una persona afectar a otros? La borrachera o los juegos de azar pueden causar ruinas económicas y pena a toda una familia. El pecado siempre trae consecuencias devastadoras. “Porque la paga del pecado es muerte”, Romanos 6:23. Dios trajo juicio contra los israelitas cuando intentaron la conquista de Hai, sólo por el pecado de uno de sus hijos. Luego de haber derrotado a Jericó, el pueblo de Dios había dado por sentado que Él estaba de su lado, creyendo lo mismo que Sansón, quien no se había dado cuenta que “Jehová ya se había apartado de él”, Jueces 16:20. El pueblo creyó que Dios estaría allí como en el pasado reciente. Ellos vieron las circunstancias naturales en vez de discernir las espirituales. Con esto último, dieron a entender que su victoria sobre Jericó no tuvo nada que ver con el tamaño de su ejército. Dios, y no el ejército de ellos le había dado la victoria. En vez de buscar a Dios para recibir instrucciones, el pueblo planificó su propia estrategia. Para prepararse para pelear contra Hai, Josué envió hombres a espiar la región tal como había hecho en Jericó. Y también como en Jericó, estos espías regresaron con un informe optimista. Los enviados a conocer a Jericó, cuando regresaron, inmediatamente reconocieron su dependencia del Señor: “Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros”, Josué 2:24. Sin embargo, los espías que fueron a Hai no mencionan al Señor en su informe. Sólo se refirieron a la fuerza del pueblo de Israel y a la pequeñez de la población de Hai. ¡Craso error!

Siguiendo el consejo de los espías, Josué envió a 3.000 hombres para tomar la ciudad. En lugar de la victoria fácil que creyeron los espías se lograría, los israelitas sufrieron una derrota humillante. “Y los de Hai mataron de ellos a unos 36 hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarin, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua”, Josué 7:5. ¿Dónde debe residir tu confianza?

Para ser confiado en medio de cualquier circunstancia aparentemente sobrecogedora, debes adueñarte de las palabras del apóstol Pablo cuando escribió: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquél que nos amó”, Romanos 8:37. Para esto, debes depender completamente de los recursos que Dios te ofrece. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”, Juan 15:5 Y también el siguiente versículo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”,Filipenses 4:13. Las montañas espirituales y emocionales a menudo van seguidas de los valles de la debilidad espiritual y se puede decir, hasta del fracaso. El versículo 6, escrito anteriormente en este mensaje, declara que Josué se encontraba abrumado por los acontecimientos en Hai, rasgando sus vestidos, postrado su rostro en tierra. Los ancianos de Israel se unieron a esta demostración de pesar de su líder, haciendo lo mismo que Josué; echando polvo sobre sus cabezas.Tal demostración por la pérdida de 36 soldados muertos, puede parecer poco razonable para militares de experiencia. Pero Josué y los ancianos reconocieron y se apesadumbraron por una pérdida mayor: “El Señor había retirado su ayuda”. ¿Cuáles son algunos beneficios de sufrir contratiempos? Esta  trágica derrota hizo que los israelitas se arrodillaran en una actitud de humildad. Con esta actitud Dios podía revelarles sus fallas y llevarlos a otra dimensión mucho más alta desconocida por ellos. En uno de sus grandes discursos, un líder mundialmente reconocido dijo: “Temo más a un hombre de rodillas que a un ejército”, Winston Churchill. Estando de rodillas ante el Dios que todo lo puede, se puede lograr no lo imposible, lo inalcanzable; porque Él siempre tiene la respuesta para todo aquel que le   busca de corazón. ¡Bendito sea Dios!

En Josué 7:10-26, encontramos la respuesta de Dios al señalar la falta de fe y la incomprensión de parte de Josué, acerca de la manera como Dios obra al responder al pecado de Israel.  Dios reprendió a Josué de forma indirecta respondiendo a su queja. En la reprension de Dios existe otro mensaje. Así como es de importante la oración para los creyentes en Jesucristo, hay veces cuando se necesita actuar inmediatamente. Esto es cierto cuando existe el pecado. La oración nunca puede ser eficaz a menos que se haya resuelto el pecado. “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado”, Salmo 66:18. ¡Ora, si, pero actúa de inmediato!

Dios había sido fiel en cumplir su pacto con Israel. Fue Israel quien había violado el pacto. Dios enumeró los siguientes pecados: Israel había robado lo que le pertenecía a Dios, había mentido y había tomado para su propio uso las cosas dedicadas a Dios. Dios no tenía necesidad de la plata, el oro o las otras cosas que Acán se había robado. La consagración de Jericó y de todo el pueblo junto con sus bienes, era la forma correcta de ofrecer a Dios las primicias, reconociendo el gobierno de Dios y que Israel estaba en deuda con Él. Si no se controla el pecado, es como el cáncer que se esparce por todo el cuerpo. “No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa”, I-Corintios 5:6-7. Debía confrontarse el pecado en el campamento, debía ser castigado y quitado para que no siguiera extendiéndose por todo el campamento, trayendo consigo graves consecuencias al pueblo de Israel. El pecado contamina todo lo que toca. Las posesiones tomadas ilícitamente contaminaron al ladrón, a su familia y a toda la nación. La victoria no sería posible sin la santidad en el pueblo de Dios. Para poder quitar el “anatema” de entre el pueblo, Josué tenía que reunir a toda la nación, examinar cada tribu una por una; luego examinar cada familia dentro de la tribu señalada hasta descubrir al culpable. Dios indujo a todo el pueblo a trabajar para dar con el anatema. Él sabía quién había sido el que había violado sus mandatos, pero quería que fuera el mismo pueblo que descubriera su propio pecado.

Luego de una exhaustiva búsqueda, Acán, de la tribu de Judá, fue aislado, ya que había confesado delante de Josué.  Más tarde, Josué envió mensajeros a la tienda de Acán, donde hallaron el tesoro enterrado y lo llevaron ante él. Acán, su familia, su ganado, su tienda y todas sus posesiones fueron llevadas al Valle de Acor, el significado de “Acor” es “problema”. Allí  todos los israelitas los apedrearon y los quemaron después de apedrearlos. Josué 7:25-26. “Entonces Jehová dijo a Josué: extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entrego en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía”, Josué 8:18, y “Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a la otra”, Josué 8:20. Después de tratar con el pecado, Dios le aseguró a Josué que Él cumpliría con su pacto. Ya no era tiempo de temer o desmayar; ahora era el tiempo de disfrutar una gran victoria. Josué 8:1-2. Cuando los hombres de Hai vieron el humo, se dieron cuenta de que no tenían a dónde huir. Después del triunfo de Israel en Hai, Dios permitió que los hijos de Israel se quedaran con todos los despojos. La razón por la cual se les prohibió al pueblo tomar los despojos de Jericó, no fue para privarlos de algo, sino para enseñarles a confiar en Él.

Cada persona, en algún momento de su existir, ha sufrido altas y bajas. Han sufrido pérdidas irreparables; sin embargo, nada de lo acontecido ha impedido que pueda proseguir hacia adelante. Lo más importante en toda lucha, es saber que Dios está siempre dispuesto a brindar el apoyo que se necesite.

Que la gracia de Dios, su Hijo Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo esté en cada vida.

 

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