El ascenso del Deportivo de La Coruña a Primera División ya es una realidad. Después de años de golpes, frustraciones y categorías impropias de su historia, el deportivismo vuelve a mirar de frente a la élite del fútbol español. Pero, con la celebración todavía reciente, en Riazor ya saben que lo más complicado empieza ahora.
Todavía queda una jornada para cerrar la temporada y el conjunto blanquiazul incluso puede coronarse campeón de Segunda División. Sin embargo, la cabeza de buena parte de la afición ya está puesta en el verano y, sobre todo, en el mercado de fichajes. El regreso a Primera obliga al club a tomar decisiones importantes para construir una plantilla capaz de competir y asegurar la permanencia.
Mientras continúan los actos institucionales y las celebraciones con patrocinadores y entidades que acompañaron al club durante el camino del ascenso, la dirección deportiva trabaja ya en silencio. El Deportivo llega a este mercado en una situación mucho más estable que en años anteriores: con las cuentas saneadas, margen salarial y una estructura deportiva mucho más sólida.
Dos vertientes
Dentro del deportivismo aparecen ahora dos corrientes muy diferenciadas sobre cómo debe actuar el club este verano. La primera apuesta por la continuidad. Mantener el grueso del bloque que consiguió el ascenso y reforzar únicamente posiciones concretas para elevar el nivel competitivo del equipo de Antonio Hidalgo. Es una fórmula que ya funcionó hace dos temporadas, cuando el Dépor ascendió desde Primera RFEF y apostó por dar continuidad a la plantilla para lograr una permanencia tranquila en Segunda.
Además, muchos consideran que este grupo se ganó el derecho a competir en Primera. Futbolistas como Soriano, Mella, Yeremay o Villares forman ya parte de una plantilla muy identificada con la afición y que consiguió devolver la ilusión a Riazor después de años extremadamente duros.
La otra corriente apuesta por una revolución mucho más profunda. Primera División exige otro nivel físico, técnico y competitivo, y hay quien considera que el salto de calidad debe ser importante si el Deportivo quiere evitar sufrir desde la primera jornada. La dirección deportiva ya demostró el pasado verano que no le tiembla el pulso a la hora de mover el mercado, con incorporaciones de peso como las de Luismi, Loureiro, Comas, Gragera, Stoichkov o Mulatieri.
Caso Yeremay
Y, por encima de cualquier otro nombre, aparece el gran asunto del verano: Yeremay. El talento canario será uno de los futbolistas más cotizados del mercado y equipos de primer nivel llevan tiempo siguiendo su evolución. En el club deslizan que la decisión dependerá en gran medida del propio jugador, que deberá elegir entre liderar al Deportivo en Primera División o aceptar un salto hacia un proyecto de mayor dimensión económica y deportiva.
Su futuro marcará buena parte de la planificación blanquiazul. Una posible venta dejaría una cantidad económica muy importante para reforzar varias posiciones, pero también supondría perder al futbolista más diferencial de la plantilla y uno de los grandes símbolos del ascenso.
Pese al respaldo económico de Juan Carlos Escotet, no parece que el Deportivo vaya a afrontar un verano de grandes dispendios. Todo apunta a una estrategia más controlada, enfocada en reforzar puestos clave y elevar el nivel competitivo sin romper por completo la identidad del equipo. Porque el objetivo en Riazor no parece ser construir un proyecto de impacto inmediato, sino consolidarse de una vez por todas en Primera División y evitar volver a vivir el infierno del que tanto costó salir. @mundiario
