Romanos 1:8-10 y Hechos 18:5.
Por: Héctor E. Contreras.
“Atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no lo permitió. Pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche; un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos”, Hechos 16:6-9. Las palabras finales del verso 9, que dicen: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”, eleva mi espíritu interior y recuerdo cuando en nuestra Iglesia del Ensanche Ozama teníamos un equipo formado por hombres y mujeres, encabezado por el pastor Pedro Vargas. Nos movíamos en el País de Norte a Sur y de el Este al Oeste, anunciando y divulgando la fe que habíamos recibido de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En este tiempo, donde no existe casi el tiempo para nada, debemos reflexionar sobre lo que Dios nos ha dado. “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. ¿Cuál es tu Macedonia para este tiempo? Te invito a que sepas escuchar la voz de Dios en la persona de su Espíritu Santo e ir a donde quiera que Él te envíe. Debes ser obediente a la voz de Dios y no temer, porque estoy seguro que si Él te envía, también te respaldará. Dios lo hizo con nosotros en aquel entonces. Lo hará contigo hoy.
No puedo decir cómo el apóstol Pablo recibió del Espíritu Santo, pero si se que Dios habla a sus siervos en determinados momentos de nuestra predicación. A nosotros nos llamaban e invitaban a asistir en ayuda de algunas congregaciones en todo el País. Lo más importante en nuestra vida de servicio a Dios, es siempre buscar en oración su dirección y cumplir sus propósitos para con Él. Estoy plenamente seguro que si tú dispones tu corazón para el Señor, Él te bendecirá en todo cuanto emprendas en su nombre. “En su nombre”, nunca en el tuyo propio. Por dos ocasiones el Espíritu le impidió al apóstol ir a otros lugares, sin embargo, una noche recibió una visión de ir a Macedonia, porque allí había necesidad de escuchar de Pablo y los que estaban con él, las palabras del evangelio de Jesucristo. En la medida que buscamos los propósitos de Dios es importante saber qué quiere Dios que hagamos y dónde quiere que vayamos. Todo depende de la decisión que cada persona tome en el nombre de Jesús.
“Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros”, Romanos 1:8-10. Como los creyentes romanos se hallaban en el centro del poderío político del mundo occidental, eran sumamente visibles. Por fortuna, su reputación era excelente; su fe sólida se daba a conocer en todo el mundo. ¿Qué dice la gente cuando habla acerca de tu congregación o denominación? ¿Son ciertos sus comentarios? ¿Qué podrías hacer tú para que noten otros aspectos de tu vida, de tu testimonio? ¿Cuál es la mejor manera de que la gente conozca de tu fe? Las respuestas a estas interrogantes son simples: Cuando ores por alguna preocupación, no te sorprendas por la forma en que Dios te responda. Lo más importante, es ir delante de Dios con la certeza de tu fe en que Él te escuchará y responderá también.
“Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo”, Hechos 18:5. Como Pablo, Silas y Timoteo, Dios busca hombres y mujeres que sepan afinar sus oídos espirituales, para escuchar la voz de Él cuando les llama, para que también sean testigos de la predicación de la Palabra de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.
En su sermón en la casa de Cornelio, centurión temeroso de Dios, el apóstol Pedro declaró lo siguiente: “Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén, a quien mataron colgándole en un madero”, Hechos 10:37-39. Jesús es el prototipo de la vida llena del poder del Espíritu Santo. Todo el libro de los Hechos es la historia de los discípulos, recibiendo lo que Jesús recibió, para hacer lo que Jesús hizo. ¡Alabado sea el nombre de Cristo!
Vamos a divulgar por todas partes de nuestro sector en donde vivimos, en la universidad, en la escuela o colegio, en tu lugar de trabajo, que Jesús vive.
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”, Judas 3. Antes de que tú puedas obtener tu licencia de conductor, seguramente pasarás algunas horas estudiando algún manual con las reglas de tráfico. Allí tendrás que aprender a reconocer las formas y los colores de las señales de advertencia, esas señales que anuncian puntos o tramos de peligro en la ruta. Leer todo eso parece algo muy académico, hasta que uno se sienta frente al volante. A partir de ese momento, cruzar inadvertidamente una señal que diga “Pare” no será solo algo que baje su puntaje en la prueba, sino que puede llegar a costarle la vida. Su examinador, en vez de corregirle con calma, le grita: ¡Cuidado!
El estilo del apóstol Judas al escribir, es el estilo del examinador que ve cómo un tren de carga se le viene encima al conductor. Las campanas de alarma están sonando, las barreras bajan y las luces rojas del tráfico están destellando. Judas admite que éste no es el tipo de carta que prefiere escribir; su intención era redactar un tratado más elevado acerca de la salvación, es lo que trata de enseñarnos en este verso 3, pero la iglesia enfrentaba peligros morales, así que Judas se apresura a enviar una vehemente advertencia.
En los versos 11-13, de Judas, el apóstol, en un ¡Ay de ellos! Nos habla del camino de Caín, Balaam y de Coré. Habla de nubes sin agua, árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados. También de fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza reservada eternamente a la oscuridad de las tinieblas. ¿Cuál es la enseñanza de estos versos? Que no seamos en nuestro andar como creyentes en Jesucristo, todo lo negativo que fueron los primeros tres hombres. En otras palabras, cuando nos habla de nubes sin agua, árboles sin fruto, de las fieras olas de mar oscuras en sus propias tinieblas, sino que seamos así: “Pero vosotros, amados, edificandoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna”, Judas 20-21.
Dios bendiga abundantemente y demos por fe lo que por fe hemos recibido.




