La cuarta jornada de LaLiga quedará grabada a fuego en el colectivo blanquiazul como el punto de inflexión donde A Coruña volvió a evocar, con argumentos de peso, las noches gloriosas de Arsenio Iglesias y Jabo Irureta. Los fantasmas del pasado se disiparon sobre el césped para dar paso al espíritu del mismísimo Bruxo de Arteixo y de aquel genio que regaló a la ciudad el único título de Primera División de su historia. La gesta en La Cerámica, sellada con una remontada de empaque, representa una justicia poética para una hinchada castigada durante años por el calvario de la categoría de plata y descensos dolorosos.
Hoy, tras una travesía en el desierto marcada por la incertidumbre y el sufrimiento en el barro, la parroquia deportivista vuelve a sonreír con plenitud en la cima del fútbol español. El Deportivo ha dejado de ser una simple comparsa para convertirse, por méritos propios, en la gran revelación de este arranque liguero. La afición no solo celebra el regreso a la élite, sino la recuperación de una identidad competitiva que vuelve a infundir respeto en cada escenario que pisa.
Invicto y asentado con firmeza en plazas de acceso a competición europea, el bloque diseñado por Antonio Hidalgo tutea sin complejos a los gigantes del campeonato. La tabla refleja una realidad deslumbrante: el conjunto herculino aventaja al Atlético de Madrid en la clasificación y se sitúa a tan solo un punto del Real Madrid. Una declaración de intenciones en toda regla que confirma que el proyecto blanquiazul posee el empaque necesario para plantar cara a cualquiera.
En el horizonte asoma la sombra del todopoderoso Barcelona de Hansi Flick, el indiscutible rival a batir que, aun sin culminar el culebrón de Julián Alvarez, sigue aterrorizando al continente como demostró con su contundente exhibición por 0-5 ante el Atlético. El esperado pulso entre gallegos y catalanes tendrá lugar el próximo 29 de noviembre en un Riazor que promete vestir sus mejores galas. Aunque restan semanas de dura competición, la cita servirá para medir el alcance real de dos propuestas futbolísticas que están marcando el ritmo del torneo.
Muchas cosas pueden mutar de aquí a finales de otoño, pero el mensaje que emite el vestuario deportivista es tajante: la permanencia se queda corta para un grupo con este hambre competitiva. Apoyado en la garra de sus nuevos referentes y amparado por una ciudad volcada con la causa, este Deportivo invita a soñar sin límites. Si el equipo mantiene el rigor táctico y el colmillo mostrado en este arranque, Riazor volverá a presenciar noches para el recuerdo frente a las potencias del fútbol mundial.
El calendario que viene
Antes de que el torneo eche el freno por el parón internacional —donde la selección española afrontará dos compromisos de máxima exigencia en la Nations League ante Inglaterra y Croacia—, el Deportivo de La Coruña encara un tramo de calendario decisivo. La escuadra blanquiazul deberá visitar el Coliseum el próximo 13 de septiembre para medirse al Getafe, antes de retornar a su feudo de Riazor para recibir la visita del Sevilla el miércoles 16.
Se trata de dos compromisos de altísimo voltaje frente a rivales de perfiles antagónicos que pondrán a prueba la solidez del proyecto deportivista. El primer asalto exigirá un ejercicio de supervivencia pura en el feudo azulón. Medirse a los pupilos de José Bordalás equivale a esa incómoda y dolorosa visita al dentista: un choque áspero, de permanente fricción táctica y sin margen para el respiro cuando el rival asfixia la salida del balón.
El segundo reto enfrentará al conjunto herculino con la versión coral que propone el Sevilla de Luis García Plaza. Pese al tropezón sufrido en su feudo ante el Atlético de Madrid, el cuadro hispalense ha cuajado un arranque de campeonato sumamente interesante, sustentado en la dinamización ofensiva de futbolistas diferenciales como Isaac Romero, Robbie Ure y Jon Guridi.
Este doble examen servirá para calibrar la madurez competitiva de un Deportivo que ha encendido la ilusión en A Coruña. El vestuario afronta esta secuencia de partidos con la convicción de que mantener la identidad exhibida en el inicio de liga resulta indispensable para consolidar su plaza en la zona noble de la clasificación antes de la tregua de selecciones.
Si el bloque de Antonio Hidalgo sostiene el rigor táctico y el colmillo afilado que han marcado su seña de identidad en este arranque, Riazor volverá a vestirse de gala. La parroquia blanquiazul se prepara para noches de vértigo con la firme creencia de que este equipo tiene los argumentos necesarios para seguir regalando alegrías y derribar cualquier techo en la élite. @mundiario
