El Brazo de Dios y Cristo la Roca.

Por : El Pastor  Héctor Contreras
Para El Gran Santo Domingo.com

Isaías 51:9, 41:10 y 13.

Sucedió en el año 1968, a mediados del mes de agosto. Muchos de los que leen hoy este mensaje aún no habían nacido. Recuerdo que era una tarde muy calurosa.

El Lic. Rafael Danilo Grullón, había convocado a varios jóvenes de nuestra Iglesia Metodista Libre con el propósito de formalizar lo que se convertiría en la Agrupación coral “Arpa Evangélica”.

Llevo en mi mente algunos nombres de éstos, ellos son: Kirina Alcéquiez, Fior D’Aliza Pérez y Angélica Reyes, de la Iglesia de Nagua.

También los hermanos Noemí, Livingston, Gerson y Eliezer Mieses, de la Iglesia de Los Mina. Diógenes Hernández, Ana Dolores Brito, Karen Brito, José López King, Fausto y Dulcita Maldonado, del Ensanche  Luperón. Juan Carlos Martínez, de Juan de Morfa.

Alberto Rubiera, de la Iglesia del  Ensanche Quisqueya. Eldon García, Gustavo Rodríguez y yo, Héctor Contreras, del Ensanche Ozama.

Algunos nombres se me escapan, pero todos estos nombres son parte de la historia que a continuación escribiré, con la ayuda de Dios y su Espíritu Santo, que siempre me conduce a lo mejor. A nuestro Señor sea la gloria.

“Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados.

¿No eres Tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón”, Isaías 51:9. Al profeta hacer mención de “Rahab”, nos está señalando que éste era un término derogatorio; es decir, dejar sin efecto o vigencia una ley o norma usada en Egipto en aquel tiempo.

También era un monstruo femenino de la mitología asociado con el leviatán. Cito a Isaías por lo acontecido en aquel verano del pasado 1968.

Todos nos encontrábamos en la playa de la Haciendas María, en San Cristóbal, a unos 40 km de distancia de nuestra ciudad. Siendo alrededor de las 2:30 de tarde de ese día, caluroso y ardiente sol, al pasar cerca de la hermana Ana de Rodríguez, una de los pocos ancianos que nos acompañaba.

Era ella de una inmensa paciencia y parsimonia, las cuales la caracterizaban como una gran mujer de Dios. Madre abnegada de 7 hijos, cuatro hembras y tres varones; todos ellos fieles seguidores del Señor. Sentada en la arena, bajo una gran mata de almendras.

Al pasar junto a ella, me detiene y con una tranquilidad asombrosa me dice: Hermano Héctor, ¿Usted ve aquella cabecita que se ve allá? Al fijarme detenidamente, le respondo que sí.

Vuelve y me dice: Ese es Fulano, mi hijo, le pregunto: ¿él sabe nadar? Y me responde: No, no sabe nadar. Sin perder tiempo alguno, informo a la mayoría del grupo sobre la situación y al instante, todos se pusieron a orar.

El joven  estaba aproximadamente a unos 150 a 200 metros de distancia de la playa. Después de haber orado, me lanzo a las aguas con olas turbulentas de la playa Haciendas María y nado hasta llegar hasta donde habían arrastrado las olas turbulentas a  éste joven.

Al estar  a su lado, le hago la misma pregunta que a su madre: ¿Sabes nadar? No, fue su respuesta. Recuerdo haberle pedido que me ayudara con su rescate remando con sus propias manos, ya que él se encontraba apoyado en un tubo de goma de camión y todo su cuerpo estaba sumergido en el agua. Cosa que no pudo realizar, debido a la situación en que se encontraba.

Después de mucho batallar contra las bravías olas del mar, con la ayuda de Dios, logré que llegáramos cerca de la orilla de la playa; estaba yo exhausto por el gran esfuerzo de empujar a aquel hombre que mide más de seis pies de estatura.

Al llegar allí, fue verdaderamente un gran milagro, ya que cerca de donde estábamos, había una gran roca  y las olas al chocar contra ella, se armaba un tremendo remolino, el cual nos impedía avanzar.

En lo alto de la roca, estaba la gran multitud de la Agrupación Coral “Arpa Evangélica”, entre ellos su Director el Lic. Danilo Grullón.

Todos gritaban y clamaban, sin saber qué hacer. Este acontecimiento fue algo asombroso, porque aún llevo en mi mente lo acontecido, y ésto no fue nada humano.

José López King, fue motivado por Dios y se movió de encima de la roca, regresando  con una gran penca de cocos.

Tomada del lado más ancho, la lanzó hasta donde estábamos el jóven y yo luchando contras las bravas olas que nos azotaban. ¡Vaya milagro de Dios! Este pudo asirse de la penca de cocos y sólo Dios sabe cómo él logró caer sobre la roca, sano y salvo.

Dios extendió la penca, Dios le dio la fuerza a él al tomarla con decisión firme; también a José López King, al cual nuestro Dios y Señor le dio las fuerzas para sostener la penca con un hombre de más de seis pies de estatura; pero también haberlo guiado nuestro Señor a encontrar la penca de la salvación.

Con esto se cumple lo escrito por Isaías, Dios extendió su brazo y éste jóven fue rescatado de las bravas aguas aquel día, porque Dios tenía grandes propósitos inimaginables para él.

Hoy, Dios extiende su brazo de poder y amor para tí y te ayuda a entender la magnitud de su poder, para que tú también puedas alcanzar grandes metas como las ha alcanzado el jóven del cual escribo, amado hermano en la fe de nuestro Señor Jesucristo. ¡Maravilloso y asombroso es Dios!

En su cántico en el medio del desierto, Moisés escribió y también cantó: “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto”, Deuteronomio 32:4. Tiempo después, David, el hombre que Dios había escogido y a quien llamó un “hombre conforme a mi corazón”, también escribió: “Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto”, Salmo 27:7 “Él es la Roca”, escribió Moisés y sobre esa Roca puso en alto a mi amado hermano en Cristo Jesús, utilizando como siervo a José López King, e  impartiendo fuerza para sostener aquella penca, la cual Dios extendió aquel día memorable, en el cual la gloria de Dios se manifestó con ese gran milagro, que sólo Dios, por medio de Cristo Jesús, pudo realizar para que nosotros hoy, en la posteridad, podamos dar gloria a Dios por su gran poder obrando en nuestras vidas. ¡A Él sea la gloria!

En nuestro Himnario de Gloria hay un himno que hemos cantado muchas veces en nuestras congregaciones. Su primera estrofa dice: “En las olas inmensas de embravecido mar, Que asaltan de mi alma la pobre embarcación, De rodillas a Cristo clamé, y el huracán Deshecho fue al instante a la voz de Dios”.

Aunque aquel jóven y yo no estábamos en una embarcación ese día, pero sí nos encontrábamos siendo azotados por las inmensas olas que abatían nuestros cuerpos y en un abrir y cerrar de ojos, nuestro Dios realizó el milagro que nunca imaginamos y que nos llevó reconocer que por el clamor en oración de nuestros hermanos ante Dios, pude llegar hasta el lado de mi amado hermano en la fe y ser utilizado como instrumento de Dios en ese momento.

Aún hoy, existen los milagros de Dios a tu favor. ¡Búscalo de corazón!  A través de la oración.  Amén.

Bendigo a cada lector de este mensaje, en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador.

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