El calor extremo llega antes del verano y pone a Europa bajo presión

Europa todavía no entra oficialmente en el verano, pero el continente ya experimenta condiciones propias de julio o agosto. La última ola de calor, que afecta a países como Francia, España, Reino Unido, Italia y Portugal, ha llevado las temperaturas a niveles inusuales para finales de mayo y reabre el debate sobre cómo el cambio climático está alterando el calendario meteorológico europeo.

En Francia, las autoridades mantienen alertas sanitarias en varias regiones después de que las temperaturas extremas coincidieran con actividades deportivas y jornadas de alta exposición solar. Según medios franceses y reportes meteorológicos europeos, el país atraviesa uno de los episodios de calor más intensos registrados tan temprano en el año. Varias escuelas adaptaron horarios, algunas competiciones deportivas fueron suspendidas y organismos de salud recomendaron evitar actividad física en horas críticas.

El impacto humano también empieza a sentirse. Las autoridades francesas confirmaron fallecimientos asociados a golpes de calor y ahogamientos durante jornadas de altas temperaturas, un fenómeno que suele repetirse cuando coinciden calor extremo, vacaciones y actividades recreativas acuáticas.

 

En Reino Unido, la situación también sorprendió a los meteorólogos. Londres registró temperaturas cercanas a los 35 °C en Kew Gardens, superando récords históricos para mayo. La prensa británica compara este episodio con las olas de calor excepcionales vividas en 2022 y 2023, aunque destaca un elemento nuevo: la anticipación. Lo que antes ocurría en pleno verano ahora comienza semanas antes.

España vive un escenario similar. En Andalucía y especialmente en el Valle del Guadalquivir, ciudades como Córdoba o Sevilla rozaron los 38 °C, mientras la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) advierte que las temperaturas se sitúan entre 5 y 10 grados por encima de la media histórica. Pero el fenómeno más llamativo no ocurre de día, sino de noche.

Las llamadas “noches tropicales” —cuando el termómetro no baja de los 20 °C— empiezan a aparecer con frecuencia antes incluso de junio. Esto no solo afecta el descanso y la calidad del sueño, sino también el consumo energético, la salud cardiovascular y el estrés térmico en adultos mayores y personas vulnerables.

El problema ya no se limita al sur de Europa. Países históricamente más templados, como Reino Unido, Bélica o Alemania, empiezan a experimentar episodios de calor intenso con infraestructuras poco preparadas para soportarlos. Hospitales, transporte público y viviendas construidas para conservar calor enfrentan ahora el desafío opuesto: disiparlo.

Diversos expertos climáticos y organismos europeos coinciden en que estos eventos encajan con las proyecciones del calentamiento global. Informes recientes del servicio climático Copernicus y de la Organización Meteorológica Mundial advierten que Europa es uno de los continentes que más rápido se está calentando. El Mediterráneo, en particular, funciona como una especie de “punto caliente” climático donde las olas de calor son cada vez más largas, frecuentes y tempranas.

La preocupación ya no gira únicamente en torno a temperaturas récord, sino a la normalización de estos fenómenos. Lo que hace una década era excepcional empieza a convertirse en parte habitual del calendario europeo. Y eso obliga a gobiernos, ciudades y sistemas sanitarios a replantear protocolos, infraestructura y hábitos cotidianos.

El calor extremo dejó de ser un episodio aislado del verano europeo. Ahora aparece antes, dura más y golpea con mayor intensidad. Y la sensación creciente en buena parte del continente es que Europa ya no se está preparando para un futuro climático distinto: ese futuro empezó antes de lo previsto. @mundiario