Para los más jóvenes —aunque seguro que padres y abuelos ya se han encargado de ponerlos al día— puede resultar difícil imaginar hasta qué punto el Deportivo llegó a ser temido en España y media Europa. Entre finales de los noventa y principios de los 2000, jugar contra el conjunto herculino era un dolor de muelas. Hacerlo en Riazor podía convertirse directamente en una tortura. Y hubo un equipo que sufrió especialmente aquel embrujo: el Real Madrid.
El cuadro blanco parecía maldecido por mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Desde diciembre de 1991 hasta enero de 2010, el Madrid visitó 17 veces Riazor en Liga y no ganó ninguna: 12 victorias deportivistas y cinco empates. Dieciocho años y dos meses de maleficio hasta que Granero, Benzema y, sobre todo, aquel inolvidable taconazo de Guti terminaron por desencantar un estadio en el que habían caído varias generaciones madridistas.
La Copa que 100 años durará
Pero si existe un episodio que convirtió esta rivalidad en eterna no ocurrió en A Coruña. Fue en el Santiago Bernabéu. Al Deportivo de Jabo Irureta no se le ocurrió otra cosa que presentarse el 6 de marzo de 2002 en la fiesta del centenario del Real Madrid y llevarse la Copa del Rey. Sergio González y Diego Tristán tiñeron de azul y blanco una celebración preparada para ser completamente blanca. Había nacido el Centenariazo. Un cumpleaños arruinado, un hito irrepetible y una Copa que 100 años durará.
Ha pasado mucho desde entonces. Demasiado. El Deportivo desapareció de los grandes escenarios y tuvo que aprender una lección que ahora, precisamente cuando vuelve a Primera División, no debería olvidar: nunca se puede olvidar el barro del que venimos. Hoy aparecen nombres como Juan Carlos Escotet, Fernando Soriano, Massimo Benassi o Antonio Hidalgo, protagonistas del regreso a la élite, pero este camino empezó mucho antes.
Por eso también toca acordarse de Lucas Pérez, Imanol Idiakez, Ian Mackay y tantos otros que empujaron cuando el Deportivo todavía intentaba escapar de Primera Federación. Algunos estuvieron hasta el final y otros se quedaron por el camino, pero todos ayudaron a sacar al club de uno de los momentos más difíciles de su historia. El Deportivo está aquí también por ellos.
Entre los agradecimientos puede entrar incluso el Real Madrid, que ha aceptado regresar al Teresa Herrera para participar en una edición especialmente simbólica: la que precede al retorno del Deportivo a Primera. Gracias por venir. Hasta ahí. Porque cuando empiece a rodar el balón volverán a ser dos rivales con demasiadas cuentas, recuerdos y noches históricas compartidas como para convertir el encuentro en una simple fiesta entre amigos.
El Teresa Herrera servirá además para comprobar a qué nivel está realmente el nuevo Deportivo ante uno de los gigantes de LaLiga. El Real Madrid llegará a Riazor condicionado por numerosas ausencias y sin varios de los futbolistas que alcanzaron las semifinales del Mundial, además de otras bajas que reducen las alternativas del conjunto blanco.
Antonio Hidalgo presenta un panorama bastante más despejado y podrá contar con buena parte de su plantilla. La ausencia más destacada será la de Yeremay, que no estará ante el Real Madrid. El atacante todavía no está al cien por cien después de los problemas de pubalgia que han condicionado su preparación y el objetivo pasa por recuperarlo completamente para el comienzo de LaLiga.
Nadie sabe todavía cómo le irá al Deportivo en su regreso a Primera. Habrá días buenos, días malos y probablemente momentos en los que tocará recordar todo lo recorrido para llegar hasta aquí. Lo único que podemos pedir es que aquellos mouchos, coruxas, sapos e bruxas que durante tantos años hicieron de Riazor un lugar maldito para los gigantes vuelvan a engalanar el estadio. Ya no para alimentar un maleficio de 18 años, sino para ayudar a nuestra afición y a nuestro equipo a cumplir el objetivo de la salvación más pronto que deprisa. @mundiario
