El Madrid, un mar de dudas en el centro del campo

El Real Madrid puede intentar restarle importancia. También puede hacerlo una parte de la prensa cercana al club. Pero la realidad resulta bastante más incómoda: el no de Rodri Hernández ha supuesto un golpe importante para la planificación deportiva del conjunto blanco. No únicamente porque se haya escapado un futbolista extraordinario, sino porque se trataba precisamente del perfil que más necesitaba el equipo de José Mourinho.

La necesidad parece evidente para cualquiera que observe la composición de la plantilla. El Madrid tiene potencia, llegada, velocidad, talento ofensivo y futbolistas capaces de recorrer muchos metros, pero sigue faltándole un jugador que gobierne los partidos desde la base. Toni Kroos se marchó hace ya dos años y el vacío continúa ahí. Hace mucho frío en ese centro del campo sin el alemán y, después de dos inviernos, el Madrid todavía no parece haberse acostumbrado.

La situación resulta todavía más difícil de comprender después de comprobar la capacidad económica demostrada por el club durante este mercado. El Madrid ha realizado una inversión gigantesca por Yan Diomandé para reforzar un ataque que ya disponía de multitud de recursos, mientras que la medular continúa generando interrogantes. El madridista sabe que el club ha tenido músculo para acudir al mercado. Por eso cuesta entender que una posición aparentemente prioritaria pueda terminar sin una incorporación de primer nivel.

Eso no significa que el centro del campo madridista carezca de calidad. Todo lo contrario. Valverde, Tchouaméni y Camavinga forman un trío extraordinario desde el punto de vista físico, defensivo y competitivo. El problema aparece cuando Mourinho pretende construir su habitual 4-2-3-1. Tres futbolistas para ocupar fundamentalmente dos posiciones durante una temporada que puede acercarse a los 60 partidos parece una rotación demasiado corta para un equipo obligado a competir por todo.

Existen soluciones, pero prácticamente todas obligan a sacrificar algo. Mourinho podría retrasar a Arda Güler o Bernardo Silva para aumentar la capacidad asociativa desde la base. Ganaría toque, imaginación y circulación de balón, pero perdería presencia física y capacidad defensiva en una zona especialmente sensible. Y precisamente este Madrid, con las licencias defensivas que se permiten algunos de sus futbolistas ofensivos, necesita que alguien haga también el trabajo menos vistoso.

La otra alternativa sería Jude Bellingham. El inglés tiene físico, recorrido y capacidad más que suficiente para actuar unos metros por detrás, pero hacerlo supondría alejarlo de la posición en la que más daño puede provocar. Su capacidad para llegar al área, atacar espacios y aparecer cerca del delantero convierte la mediapunta en un ecosistema prácticamente perfecto para sus características. Retrasarlo solucionaría un problema creando otro.

Mourinho todavía dispone de otra posibilidad: cambiar el dibujo. Una defensa de cinco permitiría explotar todavía más las condiciones ofensivas de Dumfries y Cucurella como carrileros y, al mismo tiempo, construir una medular diferente. Con mayor protección por detrás, Bernardo Silva y Güler podrían participar más cerca de la creación sin dejar al equipo tan expuesto cuando pierda el balón. Sería una solución posible, aunque obligaría a modificar el sistema sobre el que el portugués está construyendo su nuevo Madrid.

Y aquí aparece la verdadera consecuencia del rechazo de Rodri. El problema no consiste únicamente en que el capitán de la selección española haya dicho que no al Real Madrid. Su negativa ha dejado al descubierto una carencia que ya existía y que el club pretendía solucionar precisamente con él. El Madrid buscaba un futbolista capaz de ordenar, ofrecerse, marcar el ritmo y conectar defensa y ataque. Sin Rodri, esas características siguen sin tener un dueño evidente.

El margen para rectificar tampoco parece demasiado amplio. El Real Madrid ha presentado sus dorsales con 26 futbolistas en la primera plantilla, mientras Thiago Pitarch mantiene ficha del filial. Si el club quisiera incorporar ahora ese centrocampista que sigue faltando, antes tendría que abrirle hueco mediante alguna salida. El mercado continúa abierto, sí, pero a estas alturas cualquier nueva operación parece condicionada a que primero alguien abandone el vestuario.

El no de Rodrigo Hernández Cascante ha dejado un proyecto potentísimo, pero algo cojo precisamente en su sala de máquinas. Mourinho tiene futbolistas, variantes y calidad suficiente para buscar soluciones, aunque todavía queda por saber quién cogerá el volante cuando el Madrid necesite controlar un partido en lugar de simplemente romperlo. Con el técnico portugués nunca se sabe qué espera a la vuelta de la esquina. Puede salir cal o arena. Pero, a día de hoy, en el centro del campo madridista siguen existiendo demasiadas dudas. @mundiario