El doble juego de Irán en el estrecho de Ormuz que descoloca a EE UU

Durante los últimos meses, la confrontación armada directa entre Estados Unidos e Irán —acentuada tras los recientes bombardeos mutuos y la campaña militar conjunta con Israel— ha entrado en una fase de extrema volatilidad. Las hostilidades se han centrado en la presión sobre las rutas energéticas globales tras el bloqueo naval impuesto por Washington y el cierre unilateral del estratégico estrecho de Ormuz por parte de Teherán.

El último episodio refleja la enorme brecha diplomática: el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró el domingo desde el Air Force One que la firma de un acuerdo era «inminente» tras suspender lo que calificó como un ataque masivo. Sin embargo, este lunes, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baqai, desmintió rotundamente la existencia de conversaciones activas con la Casa Blanca, confirmando que la República Islámica rechaza cualquier negociación directa mientras persista el asedio marítimo.

Más allá del cruce de declaraciones, el episodio revela un aspecto mucho más profundo: Irán parece decidido a prolongar los tiempos de la negociación mientras intenta obtener mayores concesiones de Estados Unidos, una táctica que pone a prueba la paciencia política de Trump y aumenta la incertidumbre sobre el futuro de la seguridad en Oriente Próximo.

El presidente estadounidense sorprendió al anunciar que había suspendido una operación militar de gran envergadura —que describió como un ataque de una intensidad «no vista desde la II Guerra Mundial»— tras recibir, según explicó, peticiones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar para dar una nueva oportunidad al diálogo.

Trump aseguró además que las conversaciones comenzarían de inmediato y justificó la suspensión del ataque afirmando que existían condiciones para alcanzar un acuerdo sobre el estrecho de Ormuz. Sin embargo, la respuesta iraní fue contundente.

El portavoz afirmó que Irán no iba a recibir delegaciones estadounidenses ni tenía previsto enviar negociadores al extranjero en los próximos días. Según explicó, el único proceso diplomático actualmente abierto afecta a las conversaciones con Omán sobre la gestión del estrecho de Ormuz, descartando cualquier negociación bilateral con Washington.

Una negociación que cada parte usa de forma distinta

Esta discrepancia de discursos no responde a un mero fallo de comunicación. Analistas de inteligencia de la región señalan que la administración de Donald Trump interpreta de forma deliberada el canal diplomático abierto con el Sultán de Omán, Haitham bin Tariq, como el preámbulo de un proceso negociador directo entre Washington y Teherán. Por el contrario, el Gobierno iraní circunscribe estos contactos exclusivamente a discusiones técnicas bilaterales con Muscat para trazar una ruta de navegación temporal y segura en el estrecho de Ormuz, evitando validar cualquier cumbre formal que sea leída internamente como una capitulación política ante la Casa Blanca.

Esta brecha de narrativa resulta estratégicamente vital para ambos líderes. Mientras Trump busca proyectar en vísperas de las elecciones de mitad de mandato que su campaña de máxima presión —que incluye el bloqueo naval y la incautación de crudo— está obligando al régimen islámico a capitular, las autoridades en Teherán envían el mensaje opuesto al entorno internacional. El propio portavoz Esmail Baqai ha recalcado que Irán no mantendrá ningún careo diplomático formal mientras persista el asedio marítimo militar estadounidense, defendiendo que su país es quien gestiona los tiempos del pulso en el golfo Pérsico.

La disputa gira principalmente alrededor del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes del planeta por el que, antes del conflicto, transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. En este escenario, garantizar la libre navegación constituye una prioridad estratégica para Washington, mientras que, para Teherán, conservar la capacidad de influencia sobre ese paso representa probablemente su principal instrumento de presión internacional. 

Según diversas fuentes diplomáticas y de seguridad consultadas por Reuters, Irán considera que controlar la incertidumbre sobre Ormuz le proporciona una ventaja negociadora muy superior a la que obtendría mediante una confrontación militar directa.

La estrategia iraní: alargar el tiempo para aumentar el coste

La evolución de los acontecimientos apunta hacia una estrategia relativamente clara, en la que Irán parece haber asumido que difícilmente podrá imponerse militarmente a Estados Unidos. En cambio, su enfoque busca incrementar progresivamente los costes políticos, económicos y energéticos del conflicto, un planteamiento que consiste en mantener abierta la posibilidad de nuevas escaladas sin llegar a provocar una guerra total.

Cada incidente en Ormuz, cada amenaza sobre las rutas marítimas o cada alteración del tráfico energético incrementa la presión sobre los mercados internacionales y obliga a Estados Unidos y a sus aliados a destinar más recursos para proteger el comercio internacional. Diversos expertos describen esta estrategia como una «escalada gradual», cuyo objetivo no sería vencer militarmente, sino convencer a Washington de que aceptar determinadas condiciones resulta menos costoso que mantener una confrontación permanente.

La respuesta del mandatario estadounidense tampoco se hizo esperar. Tras el desmentido oficial de Teherán, Donald Trump reaccionó desde el Despacho Oval calificando el comportamiento del liderazgo de la República Islámica como «increíblemente duplicitario», denunciando que las autoridades iraníes solicitan canales de mediación en privado a través de aliados del Golfo mientras niegan cualquier avance de cara a la opinión pública.

A través de una serie de declaraciones y publicaciones en su plataforma Truth Social, el presidente estadounidense insistió en que el proceso de resolución ya está en marcha por intermediación de terceros países y lanzó una severa advertencia al asegurar que esta es la «última oportunidad» de Irán para firmar un documento favorable antes de sufrir un ataque militar masivo. Al fijar su postura, Trump endureció su discurso de coacción económica al advertir de que el bloqueo naval de la Armada estadounidense sobre el golfo Pérsico se mantendrá inalterable hasta lograr un pacto definitivo o la «rendición total» de Teherán, sentenciando con firmeza su principal consigna geopolítica: «¡Irán nunca tendrá un arma nuclear!».

Al mismo tiempo, volvió a defender que Estados Unidos mantiene el control efectivo sobre la seguridad marítima en el estrecho de Ormuz, una afirmación que contrasta con la creciente preocupación internacional por los incidentes registrados en esa zona.

Un patrón que comienza a repetirse muestra que no es la primera vez que se produce esta secuencia. Durante los últimos meses se ha reiterado un esquema relativamente constante, en el cual Trump anuncia una posible ofensiva militar para, posteriormente, comunicar que ha decidido suspenderla con el fin de facilitar un acuerdo, mientras Irán niega públicamente que existan tales negociaciones.

Ambas partes mantienen la presión mientras continúan aumentando la tensión regional, un patrón que genera una sensación de incertidumbre permanente que dificulta tanto la labor diplomática como la estabilidad de los mercados energéticos. De hecho, tras el último anuncio de Trump, el precio del petróleo llegó a moderarse ante la expectativa de evitar una nueva escalada militar.

La gran incógnita es cuánto tiempo está dispuesto Washington a mantener esta estrategia, especialmente porque Trump llegó al conflicto con varios objetivos ambiciosos: limitar el programa nuclear iraní, reducir su capacidad militar regional y garantizar una navegación sin restricciones por Ormuz. Sin embargo, hasta ahora, ninguno de esos objetivos puede considerarse plenamente alcanzado.

Por el contrario, Irán continúa utilizando la incertidumbre estratégica como una herramienta negociadora, mientras evita realizar concesiones públicas que puedan interpretarse como una cesión ante la presión estadounidense. @mundiario