Salmo 1:2-3 y Ezequiel 47:12.
“Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara. Y escribe el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; por cada jefe de familia de sus padres tendrá una vara. Y florecerá la vara del varón que yo escoja y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran”, Números 17:2-3 y 5. Y el verso 8 nos dice: “Y aconteció que al día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras”. Dios ordenó a Moisés realizar la maniobra de entregar varas secas a cada jefe de familia, para demostrar al pueblo, su pueblo escogido y rebelde de por sí, su poder de creador. Sólo una vara reverdeció, echó flores, arrojó renuevos y dio frutos. La vara de Aarón es un tipo de Cristo en su resurrección y su reconocimiento como Sumo Sacerdote. La autoridad del sacerdocio de Aarón había sido negada en la rebelión de Coré, Números 16:1-5; por tanto, Dios mismo lo confirma, verso 5. Cada uno de los jefes de tribu llevó una vara que estaba completamente seca; Dios dio vida solamente a la vara de Aarón. De la misma manera, todos los fundadores de religiones han muerto; Cristo también entre ellos; pero solamente Él, Cristo, ha resucitado de entre los muertos y ha sido exaltado para ser Sumo Sacerdote. Hebreos 4:14 y 5:4-10. El reverdecer de la vara de Aarón significa lo mismo cuando somos vivificados y transformados por el poder de la sangre de Cristo Jesús. Un nuevo renacer equivale a la renovación de un corazón, de una vida y esta vida se vuelve abundante para las personas que se han decidido por seguir a Cristo.
“Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como un árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”, Salmo 1:2-3. En su carta a los Efesios, el apóstol Pablo dice lo siguiente:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, Efesios 2:10. Hechura, del griego “poiema”, del verbo “poleo”, que es igual a “hacer”. Poiema hace énfasis en Dios como Diseñador-Maestro en el creyente.
Antes de nuestra conversión, nuestras vidas no tenían rima ni razón. La conversión a Cristo nos trajo equilibrio, simetría y orden. Cada persona es un “Poiema de Dios”, su obra de arte más perfecta que pueda existir. Es la enseñanza del salmista. Crecer una planta junto a las corrientes de un río, siempre estará verdecita, porque nunca le falta la fuente principal que alimenta sus raíces. Al recibir la bendición del agua, su fruto nunca llega tarde, sus hojas nunca se secarán ni caerán, y al final producirá muchos frutos; en otras palabras, será un árbol próspero. La prosperidad viene de Dios y esta incluye: Familia, matrimonio, progenie, negocios, empleos y por último, salud. ¿Qué significan todas estas promesas? Que Dios desea cumplir lo que promete: “Todo, absolutamente todo, prosperará”. Nuestro Dios desea bendecirnos cada día, pero se hace necesario entender que ninguna promesa que venga de Dios está exenta de alguna acción responsable de nuestra parte. Si queremos dar frutos y prosperar, debemos mantenernos junto a la fuente de “Aguas vivas” que llegan por medio de Cristo Jesús. Tomando de la Fuente provista por el Padre, jamás tendremos sed y seremos hombres y mujeres instrumentos de bendición para todas las personas que nos rodean. Debo añadir lo siguiente: Mucha gente desea los resultados prometidos sin el compromiso responsable que le acompaña. Nadie ganará algo que valga la pena instantáneamente. Nunca esperes que las respuestas divinas se ajusten a tu itinerario. Recuerda que sus respuestas llegan cuando pones su Palabra en acción. Así como un intenso período de estudios precede un título universitario, a través de la paciente búsqueda de sus promesas podemos esperar que la Palabra de Dios madure en nuestras vidas.
“Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”, Ezequiel 47:12. Y el profeta Amós nos dice:
“He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán”, Amós 9:13. ¿Cómo es posible que se cumpla en la vida de cualquier hombre o mujer de esta tierra lo anunciado por el profeta Amós? En lo humano es imposible. Ezequiel va mucho más allá en cuanto a su profecía, cuando dice que en ambas riberas crecerán árboles frutales y lo más grande de esto es que sus hojas, primero servirán de alimento y al final para la salud del pueblo. Existe un río de vida que fluye para vida y esta vida es eterna en Cristo Jesús. ¿Queremos ser bendecidos, prosperar en todo; esto incluye economía y salud? Permanezcamos junto al Río de Dios y al final veremos como nos convertimos en hombres y mujeres de Dios llevando y dando frutos para vida eterna a las personas que nos rodean, comenzando por nuestra propia familia.
En Efesios 2:10, señalado anteriormente, nos dice que somos hechura de Dios, por tanto, somos sus hijos, creados a su imagen y semejanza. En la Revista “El Aposento Alto” de hace unos años, encontré y pude leer el siguiente testimonio de la hermana Rebecca Canfield. Ella detalla como un árbol detrás de su hogar fue azotado varias veces por rayos candentes, deshojado y despojado de todo su esplendor. Era una masa de pulpa gris a causa de las lesiones recibidas, escribe la hermana. El árbol se ve herido, desfigurado, destruído y casi caído. Pero vaya sorpresa, una mañana, al despertar y observar el árbol, alcanza a ver una pequeña rama con un verdor asombroso que brotaba desde abajo del tronco. Son muchas las personas que han sido zarandeadas y azotadas por la inclemencia del tiempo, de la vida, heridas emocionales que en ocasiones son más destructivas que las físicas, casi en abandono, porque no hay fuerzas internas; físicas o espirituales para hacer frente a lo que les invade. Sin embargo, existe un Dios grande, misericordioso, clemente y de mucho amor: El Gran Yo Soy, el Alto y Sublime, que como el testimonio de la hermana Rebeca y lo acontecido con la vara de Aarón, hoy nace un nuevo renuevo conforme a los propósitos de Dios para tu vida. Tú tienes el potencial de Dios para luchar, crecer y desarrollarte si buscas la Fuente de Vida que está en Jesucristo. Hoy surge desde un árbol que a la vista no servía para nada, una nueva vida, un nuevo reverdecer, renacer que viene de Dios.
Tú puedes ser como ese árbol, te han lesionado o vejado, algunas personas te ven como el árbol de la historia de la hermana, una pulpa de masa gris sin ningún valor. El Dios de Abraham, de Jacob y de Isaac, hoy te dice que Él puede hacer de tí una mujer o un hombre que reverdezcan como la vara de Aaarón o que brote de tu interior una persona nueva, reverdecida con la Fuente de Agua Vivaque te lleva a una nueva y renovada vida, dando frutos y repartiendo de éstos a cada persona que necesite lo que Dios te ha dado.
“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya esperanza es Jehová. Porque será como árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar frutos”, Jeremías 17:7-8. En Dios debes fijar tu confianza y esperanza y así convertirte en una fuente de poder para socorrer al pueblo, al amigo y a la familia con lo que Él ha puesto en tus manos luego de reverdecer en Él. “Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones; y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que le vieren, reconocerán que son linaje bendito de Jehová. En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia; como novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones”, Isaías 61:9-11. ¡Tremenda declaración para tí! Tu descendencia también será bendecida, porque son los renuevos que brotan de tí; entonces te convertirás en bendición junto a toda tu familia. Sólo debes confiar en Dios, quien te ha reverdecido hoy para gloria de su nombre y tú te conviertas en alguien que sabe escuchar la voz de Él y responder para realizar la obra para la que te ha escogido. Es el tiempo de Dios para tí, mi amiga, mi amigo; tiempo de renacer a una nueva vida en Cristo Jesús. Tu vida será de bendición para mucha gente, gente que te conoce, admira y respeta. Sólo debes decidirte en seguir y servir a Cristo Jesús. Que Dios les bendiga grandemente.
Pastor: Héctor E. Contreras.



