Elecciones en Israel: participación récord y un Netanyahu que se juega su futuro frente a Eisenkot

Israel afronta unas elecciones parlamentarias decisivas para el futuro político de Benjamin Netanyahu. Con una participación del 66,7% a las seis de la tarde, nueve puntos por encima de la registrada a la misma hora en 2022, la jornada ha confirmado una movilización excepcional. El primer ministro busca prolongar su mandato al frente del Likud, mientras el centrista Gadi Eisenkot intenta transformar el desgaste del Gobierno en una mayoría parlamentaria capaz de abrir una nueva etapa.

Sin embargo, el dato de participación no permite anticipar por sí solo quién ganará. La clave no está únicamente en qué partido obtenga más votos, sino en la capacidad de cada bloque para alcanzar los 61 escaños de los 120 que integran la Knéset, el Parlamento israelí. Los sondeos previos situaban al bloque de Netanyahu alrededor de los 50 diputados, mientras las fuerzas opositoras sumaban entre 52 y 56, con los partidos árabes en una posición potencialmente decisiva.

La jornada deja así dos preguntas centrales: si la movilización electoral puede modificar las previsiones y si Eisenkot será capaz de convertir una eventual ventaja opositora en un Gobierno viable.

Los datos de la Comisión Electoral Central situaron la participación en el 66,7% a las 18:00, hora local, una cifra que supera ampliamente el registro de 2022 a la misma hora y apunta a una jornada de elevada implicación ciudadana. De hecho, en algunos centros se formaron largas colas desde primera hora, pese a las lluvias que afectaron a varias zonas del país. Uno de los elementos más relevantes de estos comicios es la movilización de los ciudadanos árabes, quienes representan aproximadamente una quinta parte de la población israelí; mientras que en las elecciones de 2022 la participación de este sector fue del 53,2%, en esta ocasión los datos difundidos durante la jornada apuntan a un aumento considerable, con registros especialmente elevados en localidades como Rahat.

El voto árabe está marcado por varias preocupaciones: el aumento de la criminalidad en sus comunidades, la percepción de discriminación y el rechazo a las políticas de los ministros ultranacionalistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich. Para una parte del electorado, acudir a las urnas supone expresar su oposición al Gobierno y reclamar mayor seguridad y representación política.

Esta movilización puede tener un efecto doble. Por un lado, aumentar la representación de las listas árabes y de las formaciones opositoras que reciban parte de esos votos. Por otro, dificultar que partidos pequeños próximos a Netanyahu superen el umbral electoral del 3,25%. En el sistema proporcional israelí, una formación que no alcanza ese mínimo queda fuera del reparto de escaños, lo que puede alterar el equilibrio entre bloques.

No obstante, el impacto final dependerá de la distribución efectiva de los votos y de cuántas listas consigan representación. Una participación elevada no beneficia automáticamente a la oposición: también puede movilizar a los votantes del Likud y de sus aliados.

Netanyahu activa las alarmas y reclama movilización

El primer ministro ha reaccionado con llamamientos reiterados a sus seguidores. Netanyahu difundió mensajes en redes sociales en los que advertía de la movilización de los partidos árabes y pedía a sus partidarios que acudieran a votar. En uno de los vídeos, elaborado con inteligencia artificial, aparecía un llavero con el mapa de Israel y Palestina que se entregaba simbólicamente a Mansur Abás, dirigente de Ra’am.

El Likud y su socio ultraortodoxo Shas solicitaron ampliar el horario de votación más allá de las 22:00 horas argumentando que se necesitaba más tiempo para facilitar la participación; sin embargo, la Comisión Electoral Central rechazó la petición. Desde la oposición, la iniciativa fue interpretada como una reacción a los indicios de baja movilización en determinados bastiones conservadores, una preocupación que se veía reforzada por los datos locales. De hecho, a la misma hora en que la participación nacional alcanzaba el 66,7%, algunas localidades tradicionalmente favorables al Likud registraban cifras inferiores, situando a Kiryat Shmona en el 53%, a Beer Sheva en el 55,8%, a Ashkelon en el 58,8% y a Bat Yam en el 47,6%, según los datos difundidos durante la jornada.

Esos porcentajes no determinan el resultado final, pero ayudan a explicar la inquietud del primer ministro. Si el voto conservador queda por debajo de las expectativas y aumenta simultáneamente la participación en las zonas favorables a la oposición, el bloque de Netanyahu podría alejarse de la mayoría necesaria para gobernar.

El líder del Likud también ha presentado su candidatura como una elección entre su experiencia en materia de seguridad y el riesgo de un Ejecutivo dependiente de partidos árabes. Esa estrategia pretende consolidar el voto de la derecha, aunque el tono de sus advertencias refleja la importancia que concede al resultado.

Estas elecciones son las primeras parlamentarias celebradas tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, en los que murieron alrededor de 1.200 personas y 251 fueron secuestradas. La posterior guerra y la gestión de la ofensiva han condicionado profundamente la política israelí, convirtiéndose en uno de los principales argumentos de la oposición contra el primer ministro Benjamin Netanyahu. En este sentido, figuras como Gadi Eisenkot y otras fuerzas políticas rivales cuestionan el fracaso de seguridad que precedió a los ataques, por lo que reclaman la creación de una comisión estatal independiente que investigue las responsabilidades; una iniciativa a la que Netanyahu se ha resistido firmemente tras considerar que una investigación de ese tipo podría estar condicionada políticamente.

El primer ministro, por su parte, defiende su trayectoria en materia de seguridad y presenta las operaciones militares contra Hamás, Hezbolá e Irán como parte de una estrategia destinada a reforzar la posición de Israel. La disputa electoral refleja, por tanto, dos interpretaciones enfrentadas: la oposición pone el acento en los fallos previos y en la responsabilidad política, mientras Netanyahu reivindica los resultados de su respuesta militar.

También han influido las informaciones sobre posibles nuevas acciones contra Irán antes de las elecciones. Medios israelíes y estadounidenses publicaron que Netanyahu habría presionado para impulsar una operación militar, mientras el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, se habría opuesto. El primer ministro ha negado esas versiones. Al tratarse de informaciones controvertidas, no pueden presentarse como hechos probados, pero su difusión contribuyó a intensificar el debate sobre el uso electoral de la política de seguridad.

Otros asuntos han completado la campaña: el coste de la vida, la reforma judicial, el aislamiento internacional, la exención del servicio militar de los jóvenes ultraortodoxos y la continuidad de la guerra. La combinación de estos temas ha convertido la votación en una evaluación amplia de la gestión del Gobierno.

Qué oportunidades tiene Gadi Eisenkot

El líder de Yashar encabeza la principal alternativa al bloque de Netanyahu a través de una candidatura que busca reunir a votantes centristas, sectores de la derecha contrarios al primer ministro y electores que reclaman cambios tanto en la gestión de la seguridad como en las instituciones. Su principal ventaja potencial radica en la amplitud del bloque opositor, un espacio en el que convergen figuras con trayectorias y posiciones muy diversas como Naftali Bennett, Yair Lapid, Avigdor Lieberman y Yair Golan; mientras algunos de ellos mantienen posiciones firmes en materia de seguridad, otros ponen un mayor énfasis en las reformas institucionales o en una agenda de centroizquierda. De este modo, su rechazo compartido a la formación de un nuevo Gobierno de Netanyahu constituye el principal elemento de cohesión de toda la coalición.

Aunque las encuestas previas atribuían a Yashar entre 22 y 23 escaños frente a los 19-21 proyectados para el Likud, la ventaja del partido de Gadi Eisenkot no garantiza por sí sola que pueda gobernar. El conjunto de las fuerzas opositoras seguía situándose por debajo del umbral de los 61 diputados, lo que plantea la necesidad de buscar apoyos adicionales. Es en este escenario donde aparece el principal dilema: la posible cooperación con las listas árabes, Ra’am y la Lista Conjunta, cuyo respaldo podría resultar decisivo ya fuera mediante una participación formal en el Gobierno o a través de un apoyo parlamentario externo. Sin embargo, esta fórmula afronta obstáculos importantes, ya que Avigdor Lieberman ha descartado categóricamente depender de partidos árabes para formar un Ejecutivo y el propio Eisenkot ha evitado comprometerse de antemano con una coalición de esa naturaleza.

Por tanto, sus posibilidades dependen de tres factores: el resultado definitivo de las listas pequeñas, la capacidad de reunir a las distintas fuerzas opositoras y la disposición de los partidos a aceptar acuerdos que antes de las elecciones parecían políticamente difíciles.

Las proyecciones difundidas antes del cierre de los colegios situaban al bloque de Netanyahu en torno a los 50 escaños y al conjunto opositor entre 52 y 56; no obstante, aunque las listas árabes podrían obtener entre 14 y 16 diputados, estas cifras no equivalen automáticamente a apoyos para Gadi Eisenkot. Por su parte, las encuestas a pie de urna previstas para después del cierre ofrecerán una primera estimación y no un recuento definitivo, cuyas diferencias entre sondeos pueden ser muy relevantes debido a que algunas formaciones se encuentran cerca del umbral mínimo del 3,25%. Asimismo, el posterior escrutinio de los votos especiales —entre ellos los emitidos por militares, diplomáticos, pacientes hospitalizados y otros colectivos— también podría terminar de modificar el reparto final de escaños.

En el sistema israelí, ser el partido más votado no garantiza ocupar la jefatura del Gobierno. Después de conocerse los resultados oficiales, el presidente Isaac Herzog consultará a las fuerzas parlamentarias y encargará la formación del Ejecutivo al candidato que considere con mayores posibilidades de reunir apoyos suficientes. Si ningún bloque alcanza una mayoría, podrían abrirse negociaciones para formar una coalición de unidad, explorar un Gobierno minoritario o, si fracasan los intentos, convocar nuevas elecciones. La experiencia reciente de Israel demuestra que la fragmentación parlamentaria puede prolongar durante semanas o meses la incertidumbre política.

Para Netanyahu, la jornada representa una prueba de su capacidad para mantener unido al bloque de la derecha y conservar el poder después de una etapa marcada por la guerra y las controversias internas. Para Eisenkot, es una oportunidad de convertir el desgaste del Gobierno en una alternativa parlamentaria, aunque la aritmética de las alianzas sigue siendo el principal obstáculo. @mundiario