Por: Héctor E. Contreras.
Salmo 130:1-8.
¿Qué significado tiene la palabra esperar? Esperar es un verbo transitivo, que también se convierte en un adjetivo, lo que significa que pasa o se transfiere de uno a otro. Es tener esperanza de lograr o de que se realice algo que se desea. Es creer o saber que sucederá lo que se espera. En ocasiones la espera se transforma en esperanza. La esperanza viene de Dios y ésta forma parte del trío de palabras escritas por el apóstol Pablo a los corintios, que dicen: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”, I-Corintios 13:13. La esperanza es una de las virtudes de la fe. Cuando se espera, nuestra espera se convierte en un acto de fe y la fe es la que nos mantiene dentro del caminar con Dios por medio de Cristo Jesús.
“De lo profundo, oh Jehová, a tí clamo. Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos A la voz de mi súplica. Jah, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que sea reverenciado. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado”, Salmo 130:1-5. Desde las profundidades de la desesperación, el salmista clamó a Dios. La desesperación nos hace sentir aislados y lejos de él, de Dios; pero este es el preciso momento cuando necesitamos más de su ayuda. En vez de eso, nos debe llevar a la confesión y después a la misericordia, perdón y redención de Dios. Cuando nos abrume un problema, la autocompasión sólo incrementa la desesperanza. Sin embargo, el clamor a Dios vuelve nuestra atención al único que en verdad puede ayudarnos.
Mirar a los pecados, es igual a guardar rencor en nuestros corazones, es como construir una muralla entre uno mismo y otra persona, y es casi imposible hablar con franqueza mientras exista esta muralla. Cuando Dios nos perdona, lo hace por completo, derrumba cualquier muro existente entre nosotros y él. Dios no guarda una lista de nuestros pecados, sino que los borra todos. Por lo tanto, lo tememos reverentemente y aún así podemos hablar con él acerca de cualquier cosa.
Cuando oramos, debemos entender que Dios no guarda nada en contra nuestra. Las líneas de comunicación están del todo abiertas para hablar con nuestro Dios. Es bueno entender que, cuando estamos en plena comunión con Dios, cualquiera sea nuestra necesidad de espera, se convierte en esperanza y esta esperanza en vida plena en Cristo Jesús, porque sabemos que obtendremos la respuesta de parte de nuestro Dios y Señor.
“Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana. Espere Israel a Jehová, Porque en Jehová hay misericordia, Y abundante redención con él; Y él redimirá a Israel De todos sus pecados”, Salmo 130:6-8. Cuando plasmo las palabras “Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana”, me lleva a hasta las noches largas y oscuras que viví como recluta de la entonces Marina de Guerra en la Base Naval de las Calderas, en Baní. Cada puesto tiene su historia y ésta, en la mayoría de los casos, no es más que un invento de los más veteranos para inducir al miedo a los novatos. Cuando me tocaba estar de servicio en uno de estos puestos, específicamente uno que se encontraba en el muelle cerca de la carretera que bordea la bahía hasta llegar a Salinas, Baní. Recuerdo bien que el muelle era de madera. La historia consistía en que aparecía alguien y se le acercaba al centinela sin que éste se enterara de nada.
Este puesto tenía su numeración, era el número 7. Estar en este lugar en un horario de 12:00 de la noche hasta las 06:00, era un martirio para un recluta; en este caso yo. Hago este recuento para llevar al lector de este mensaje a entender que nuestro vivir en este tiempo es diferente al de ayer. El ayer ya pasó, por lo demás, fijemos nuestros ojos, nuestra espera en Dios, con la certeza de que no existe ningún miedo en nosotros, porque con nosotros está el Dios de la esperanza, del futuro y este futuro lo vivimos a la luz de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador.
Vuelvo unos versos hacia atrás para destacar la enseñanza que encierra el verso 3 de este pasaje. En el mismo aparece la palabra “pecados”, esta nace del hebreo “‘avon”, que es igual a maldad, falta, iniquidad, culpa, y culpabilidad. De igual modo se refiere a una enfermedad moral, y a la perversión. ‘Avon proviene de ‘avah”, que significa “doblar” o “distorsionar”.
Esto significa que el pecado constituye una “inclinación malvada” o una “distorsión” en la vida de los seres humanos. “‘Avon” aparece unas 220 veces en el Antiguo Testamento. Su primera mención está en Génesis 4:13, donde Caín finalmente comprende la magnitud de su acción y declara: “Grande es mi castigo para ser soportado”. El conocimiento de ese pecado es algo demasiado pesado de sobrellevar para la humanidad caída. Dios prometió que el Siervo Sufriente llevaría las iniquidades de su pueblo, Isaías 53:11.
Desde el inicio de este salmo, Dios nos indica que, el ejemplo de un verdadero arrepentimiento comienza con un grito que brota de lo más profundo de una vida que sufre por su iniquidad, verso 1 y termina con la seguridad de que Dios la redimirá, literalmente, de todos sus pecados, verso 8. Esto equivale a las palabras escritas por Juan, que dicen: “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, Juan 1:29.
“Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en él esperan”, Proverbios 30:5. Confiar en Dios y en su palabra, nos lleva a encontrar en él, el escudo de la fe, de la esperanza en nuestra espera. Esperar en Dios nos brinda confianza, porque entendemos que nuestra espera no es en vano. A él nos debemos, por él somos y por él vivimos. ¡Sea su nombre glorificado!
En su canción Esperar en Tí, de Jesús Adrián Romero, sus primeras letras son las siguientes: “Esperar en ti difícil sé que es. Mi mente dice no, no es posible. Pero mi corazón confiado está en ti. Tú siempre has sido fiel, me has sostenido”.
Terminando, cito a David, quien escribió esto: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”, Salmo 37:7. Lo más difícil para el hombre, en ocasiones, es guardar silencio. Aquí el salmista nos invita a hacerlo y esperar en Dios, porque de seguro él tiene la respuesta que tú esperas.
Dios nos bendiga y nos guarde desde ahora y para siempre. Que su gracia sobreabunde en nuestras vidas.



