Por: Héctor E. Contreras.
Filipenses 1:18.
La palabra felicidad evoca imágenes de regalos abiertos, estrechar la mano a quien se ama, recibir sorpresas en el cumpleaños o responder con una risa incontrolable por algo que se ha escuchado. Todo el mundo quiere ser feliz. Se persigue este ideal fugaz toda la vida. Se gasta dinero, coleccionando cosas y buscando nuevas experiencias. Con mucha frecuencia la felicidad se esfuma y la desesperación se hace presente. En contraste con la felicidad, se levanta el gozo. El gozo es quietud, es correr con profundidad y firmeza; es la seguridad confiada en la obra y el amor de Dios en nuestras vidas. Esto es, porque Él, nuestro Dios, estará allí presente en cualquier circunstancia. La felicidad depende de los acontecimientos, mientras que el gozo depende de nuestra relación personal con Cristo Jesús. ¡Sea Dios exaltado! Conjugando las palabras “felicidad y gozo”, podemos aprender que la experiencia cristiana no es simplemente algo que ocurre en derredor del creyente, sino algo que ocurre en el interior de él.
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Filipenses 4:4. Parece extraño que un hombre encarcelado pudiera decir a una iglesia que se regocije. La actitud de Pablo nos enseña una lección importante: la actitud interior no necesita reflejar nuestras circunstancias externas. Pablo estaba lleno de gozo porque sabía que pese a lo que sucediera, Cristo estaba con él. La exhortación del apóstol a los filipenses a regocijarse varias veces en esta carta, probablemente es porque necesitaban oírlo. Es muy fácil desalentarse frente a circunstancias que no son placenteras o tomar hechos sin importancia como si lo fueran. Si tú no has disfrutado el gozo últimamente, posiblemente es porque no estás mirando la vida desde la perspectiva correcta. Esta vida está en Cristo.
El gozo triunfante constituye la nota dominante de la carta a la Iglesia de Filipos. Aunque está preso, Pablo está extraordinariamente gozoso y llama a sus lectores a regocijarse siempre en Cristo. Para Pablo, Cristo era más que un ejemplo, era su propia vida.
“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”, Filipenses 2:1-2. Muchas personas, incluso creyentes, viven solo para dar una buena impresión a los demás o para satisfacerse a sí mismas. Pablo aquí enfatiza la unidad espiritual, pidiendo a los filipenses amarse unos a otros y trabajar juntos con un corazón y un propósito. Cuando trabajamos juntos, soportando los problemas de los demás como si fueran nuestros, mostramos el ejemplo de Cristo que pone primero a los demás y así experimentaremos la verdadera unidad. Si así actuamos y vivimos, se reflejará el cumplimiento en nosotros del completo gozo del cual nos habla el apóstol cuando nos dice: “completad mi gozo”.
“El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido”, Juan 3:29. El amigo del esposo, posiblemente era el mismo Juan el Bautista. Su gran gozo se debía al privilegio de haber sido enviado como precursor a preparar a la gente para el Esposo divino, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien es el esposo de su Iglesia. “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”, Juan 15:11. Cuando todo va bien, nos sentimos felices, contentos y jubilosos. Cuando se presentan las dificultades , nos hundimos en depresión. Pero debemos entender, que el verdadero gozo trasciende las olas agitadas de las circunstancias. El gozo viene de una relación con Jesucristo. Cuando nuestras vidas están entrelazadas con la fe en Cristo Jesús. Que Dios nos ayude a atravesar la adversidad sin hundirnos en depresiones debilitantes y administrar la prosperidad sin trasladarnos a alturas engañosas. El gozo de vivir con Jesucristo cada día nos mantendrá equilibrados a pesar de los altibajos de nuestras circunstancias.
“¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún”, Filipenses 1:18. Unos versos atrás de este mismo capítulo, el apóstol Pablo escribió: “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás”, verso 12. La prisión puede motivar en muchas personas enojo o abandono, pero Pablo la vio como otra oportunidad para difundir las buenas nuevas de Cristo. Pablo concluyó que las circunstancias presentes no eran comparables como lo que hizo con ellas. Al cambiar una mala situación en algo como el gozo, alcanzó a los soldados romanos del pretorio y animó a los cristianos que temían la persecución. No necesitamos estar en prisión, pero podemos tener muchas oportunidades para desanimarnos: tiempo de indecisión, preocupación financiera, conflictos familiares o pérdida del empleo. La forma como actuamos en dichas situaciones reflejará lo que creemos. Como Pablo, busquemos las oportunidades para demostrar nuestra fe aun en situaciones difíciles. Sea o no que la situación mejore, nuestra fe crecerá más sólida, porque el gozo de nuestro Señor está en nuestros corazones.
Lo cierto de todo lo escrito anteriormente en este mensaje nos muestra que el libro más gozoso de la Biblia, proviene de la pluma de un escritor encadenado a un guardia romano. Muchos expertos opinan que Pablo escribió Filipenses justamente cuando Nerón comenzaba a arrojar a los cristianos a los hambrientos leones y a quemarlos como antorchas humanas, para iluminar sus banquetes. ¿Cómo podía un hombre racional dedicar una carta al tema del gozo, cuando su propia supervivencia se encontraba seriamente amenazada? En un ambiente así, ¿cómo es posible que prospere el gozo? Esto solamente es posible cuando Pablo señala su muerte, para demostrar que Dios puede tomar el momento más oscuro de la historia y transformarlo para bien. La cruz y el hecho de que Jesús no permaneció muerto, demuestran que nada es lo suficientemente poderoso como para expirar la causa del gozo—gozo “en el Señor”, como nos dice el apóstol en su preciosa carta sobre el “gozo”.
Pablo asumió su filosofía de vida en un famoso soliloquio de “ser o no ser”, que llega a la conclusión de que “vivir es Cristo, y morir es ganancia”, Filipenses 1:21. Dios es aún más fuerte que la muerte, y eso hace que el gozo de un creyente en Cristo sea indestructible. Recordemos siempre: “El gozo del Señor es nuestra fortaleza”.
Que la gracia de Dios nos ayude cada día a disfrutar del gozo del Señor.




