¿Filantropía o marketing?: el tour de los Sussex que convierte la solidaridad en ingresos

La visita de Meghan Markle y el príncipe Harry a Australia ha sido presentada como una gira centrada en causas sociales: salud mental, apoyo a veteranos de guerra y encuentros con colectivos vulnerables. Una narrativa cuidadosamente construida que recuerda a sus años dentro de la familia real británica. Sin embargo, tras esa imagen institucional se perfila otra realidad mucho más incómoda: la de una operación con claros intereses económicos.

Durante los cuatro días de agenda oficial, los duques han participado en actividades de corte solidario, como visitas hospitalarias o talleres en refugios para mujeres. Pero estas acciones conviven con una serie de compromisos privados que, lejos de la beneficencia, apuntan directamente a la rentabilidad. La frontera entre filantropía y negocio se difumina hasta el punto de resultar difícil distinguir si actúan como activistas o como celebridades en plena explotación de su marca personal.

Uno de los episodios más reveladores ha sido la aparición sorpresa de Meghan Markle en la versión australiana del programa MasterChef Australia. Mientras el príncipe Harry cumplía con actos oficiales en Canberra, la duquesa se convertía en jurado invitada en un espacio de entretenimiento, en una intervención que poco tiene que ver con la agenda humanitaria y mucho con su proyección mediática. Lo más controvertido: fue presentada como “duquesa”, explotando un título real que oficialmente dejaron de usar en funciones institucionales.

 

A esta aparición se suma su participación en la cumbre InterEdge, centrada en la salud mental, donde el príncipe interviene como ponente en un acto claramente remunerado. Las cifras no son menores: se habla de miles de dólares por intervención, en un evento que, paradójicamente, ha tenido dificultades para llenar aforo pese a los elevados precios de entrada. Las tarifas iniciales —cercanas a los 2.000 dólares australianos— tuvieron que ser rebajadas ante la escasa demanda, lo que cuestiona también el tirón real de los Sussex fuera del foco mediático.

Pero si hay un elemento que ha generado especial controversia es el retiro exclusivo liderado por Markle en un lujoso hotel de Sídney. Dos días de actividades dirigidas únicamente a mujeres, con precios que oscilan entre los 2.699 y los 3.199 dólares australianos. La oferta incluye charlas motivacionales, sesiones de yoga y, como reclamo estrella, una conversación en persona con la duquesa y una fotografía grupal. Un formato que muchos consideran más cercano al negocio del “coaching premium” que a cualquier iniciativa solidaria.

 

 
 
 
 
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Las cifras globales del viaje reflejan con claridad el potencial económico de esta gira. Solo la venta de entradas del evento sobre salud mental podría alcanzar cerca de medio millón de dólares, mientras que el retiro femenino superaría los 800.000 dólares en ingresos. Cantidades que, en función de los acuerdos firmados, podrían traducirse en beneficios directos o porcentuales para los duques.

El trasfondo comercial del viaje se refuerza con otro movimiento estratégico: el registro previo de la marca As Ever por parte de Markle en Australia. Una decisión que apunta claramente a la apertura de mercado y que sugiere que esta gira no solo busca visibilidad social, sino también posicionamiento empresarial.

 

 
 
 
 
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Todo ello reabre un debate recurrente desde que la pareja abandonó la Casa Real británica en 2020: ¿hasta qué punto siguen capitalizando su vínculo con la monarquía? Aunque ya no ejercen funciones oficiales, continúan utilizando su imagen y títulos para acceder a oportunidades que difícilmente estarían a su alcance como simples celebridades.

La gira australiana del príncipe y la duquesa se mueve en una zona gris donde la solidaridad convive —y en ocasiones queda eclipsada— por el negocio. Una dualidad que no solo alimenta la polémica, sino que pone en cuestión la autenticidad de un relato humanitario cada vez más difícil de sostener. @mundiario