El cambio de rey en Noruega llega en un momento especialmente delicado. Haakon Magnus deja atrás 35 años como príncipe heredero y comienza una nueva etapa como Haakon VIII, después del fallecimiento de su padre, Harald V, a los 89 años.
No parte, sin embargo, desde cero. Haakon lleva décadas preparándose para el puesto y durante los últimos años ha asumido en numerosas ocasiones las funciones de su padre. Además, cuenta con un importante respaldo popular: una encuesta publicada en marzo señalaba que cerca del 80% de los noruegos confiaba en que desempeñaría bien o muy bien su papel como monarca.
Su principal problema no parece estar dentro del Palacio Real, sino en su propia familia. La imagen de Mette-Marit ha sufrido un fuerte golpe por las revelaciones sobre sus contactos con Jeffrey Epstein. La princesa ha defendido que fue engañada y manipulada por el financiero estadounidense y llegó a pedir disculpas públicamente por su relación con él. Actualmente se encuentra además apartada de buena parte de sus compromisos debido a su delicado estado de salud tras someterse a un trasplante de pulmón.
Y el escándalo de Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit, ha añadido todavía más presión. Su condena por violación y violencia doméstica ha situado a la familia real noruega ante una crisis de imagen sin precedentes recientes. A esto se suma Marta Luisa, hermana del nuevo rey, alejada de las funciones oficiales después de su matrimonio con Durek Verrett, una figura controvertida que se presenta como chamán.
Haakon tendrá que hacer de muro de contención
La paradoja es que Haakon llega al trono con una imagen personal mucho más sólida que la de algunos miembros de su entorno. Formado en Ciencias Políticas en Berkeley y con estudios posteriores en la London School of Economics, ha trabajado con Naciones Unidas y ha desarrollado buena parte de su actividad pública alrededor de la lucha contra la pobreza, la protección de los océanos y el cambio climático.
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También fue un príncipe que decidió romper algunas reglas. Se casó con Mette-Marit, una madre soltera y mujer ajena a la aristocracia, cuando aquella decisión provocó dudas sobre el futuro de la monarquía. Con el tiempo, la pareja consiguió convertirse en una de las más populares de la Casa Real noruega, hasta que las polémicas familiares comenzaron a cambiar el relato.
Y detrás de Haakon ya aparece Ingrid Alexandra
El nuevo rey tampoco tendrá demasiado margen para acomodarse. Su hija mayor, Ingrid Alexandra, de 22 años, se convierte ahora en heredera al trono, mientras su hermano Sverre Magnus continúa sus estudios. La nueva generación todavía está lejos de asumir un papel protagonista, lo que deja sobre los hombros de Haakon buena parte de la actividad de la Corona.
El reto, por tanto, es enorme: mantener la popularidad de una institución que históricamente ha funcionado como símbolo de unidad nacional mientras intenta separar la imagen de la Corona de los escándalos que se acumulan alrededor de algunos de sus miembros.
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Haakon VIII llega al trono con una ventaja: una reputación personal construida durante décadas y un considerable respaldo ciudadano. Pero también hereda una familia que atraviesa uno de sus momentos más turbulentos.
Su primera gran misión como rey quizá no sea modernizar la monarquía, sino convencer a los noruegos de que los problemas de su familia no son los problemas de la Corona. @mundiario

