Hay esperanza en medio de la aflicción

Por: Héctor E. Contreras. hector.contreras26@gmail.com

Juan 16:33, Romanos 8:18.

¿Qué es la aflicción? Es adversidad, angustia, calamidad, dolor, miseria, padecimiento, quebrantamiento, sufrimiento, tribulación. ¿Quién es esa persona que no ha vivido alguna vez todo lo que encierra la aflicción? Podremos ser las personas con más poder o dominio absoluto en todo lo concerniente a lo que es la vida, pero la aflicción en algún momento nos llega y nos abate. En ocasiones hasta nos sentimos no ser nada por todo el sufrimiento que nos llega. En lo personal, he vivido momentos difíciles, sin embargo, he podido enfrentarlos y salir vencedor, porque Dios me ha dado la sabiduría y la fuerza para hacer frente y a la vez sobreponerme. Nunca con mis propias fuerzas o habilidades, sino con la ayuda que me ha brindado Dios, mi Señor. 

Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en tiempo de aflicción, a tí vendrán naciones desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho”, Jeremías 16:19. En esta oración, Jeremías se acerca a Dios con tres nombres descriptivos: Fortaleza, Fuerza y Refugio. Cada uno nos da una visión un poco diferente de cómo Jeremías experimentó la presencia de Dios, y a su vez es una descripción de seguridad y protección. Te invito a que permitas que Dios sea tu fortaleza cuando el enemigo de tu alma venga contra tí. También que su fuerza esté contigo cuando te sientas débil y refugio cuando necesites apartarte de las presiones que llegan a tu vida. ¡Dios es Bueno! Y para siempre es su misericordia. Cuando el profeta dice: “Oh Jehová, fortaleza mía”, está reconociendo el poder de Dios y la seguridad que le brinda. Fuerza  es igual a “oz”, sustantivo que nace del verbo “azaz”, que quiere decir “firme y fuerte”. La descripción que hace Jeremías de su Dios tiene calidad poética en el hebreo “Uzi u-M´-uzi”, que es igual a mi fortaleza y mi fuerza. Es lo mismo que describe David en el Salmo 8, veamos: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; De la boca de los niños que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo”, Salmo 8:1-2

Oh Jehová, Señor nuestro”: Estas son las primeras palabras de David en este Salmo. Este es el nombre personal de Dios, combinado con el título de Señor o Soberano. Su gloria cubre los cielos, tomando de ejemplo a los niños para enseñarnos a nosotros hoy sobre la fortaleza y así hacer callar a nuestro enemigo, Satanás. ¿Por qué razón David toma a los niños para hablar de fortaleza? Veamos lo que nos dice Jesús, cuando entró al templo y expulsó a todos los que lo habían profanado, diciendo: “Escrito está: Mi casa de oración será llamada; más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”, Mateo 21:13. Luego, en el mismo templo, sanó a mucha gente. Luego, los escribas y sacerdotes que allí estaban, al ver como los sanados clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! lo indignaron, diciéndole a Jesús: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dijo: Si, ¿nunca oísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza? Es tu tiempo para aprender a alabar y adorar al Señor .

En respuesta a las críticas de estas poderosas exclamaciones de júbilo y alabanza de los sanados, Jesús cita a David en el Salmo 8 y nos recuerda un gran secreto: ¡La alabanza perfeccionada producirá siempre fortaleza! ¡Es poderosa! En el momento mismo cuando los escribas y los sacerdotes rechazan a Jesús, estos niños y los sanados allí, están cautivados por la significación plena de la persona de Jesús. Al captar aquella revelación sobre el Señor, uno prorrumpe en alabanza audible y poderosa. ¡Cuán reconfortante debió haber sido esto para Jesús, mientras iniciaba su marcha hacia la cruz! En medio de la aflicción, del dolor, podemos tener esperanza y confianza en Dios por medio de Jesucristo el Señor. Todos los enfermos que Jesús sanó en el templo, de seguro vivían tiempos de angustia, aflicción, sufrimiento, etc., pero fueron a la Fuente de vida eterna, su Salvador y su sanador. ¡Bendito sea Dios para siempre!

Jesús, el Señor, en su conversación con sus discípulos, les dijo varias palabras para que ellos entendieran la magnitud de su vida entre ellos. De todas estas, se destacan las siguientes: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre” y “He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:28 y 32-33. El mensaje de Jesús para sus discípulos en aquella ocasión, es el mismo para nosotros hoy. En nuestra condición de seguidores de Jesucristo, debemos entender que continuará la tensión con el mundo incrédulo que no entiende en su corazón el significado de seguir a Cristo; tampoco su Evangelio. Seguir a Jesús conlleva dejar de lado todo lo que para nosotros se convierte en prioridades. Tú prioridad hoy, debe ser Jesucristo en tu corazón, en tu vida.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, Romanos 8:16-18. Es el Espíritu Santo que nos concede la seguridad subjetiva de que verdaderamente somos hijos de Dios. Es el mismo Espíritu que garantiza la gloria de Dios. La Palabra de Dios, que es la Biblia, a menudo que Dios guía a sus hijos a través del sufrimiento, de la aflicción antes de que alcancen su gloria. 

¨En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.¨ Fueron palabras de ayer para la posteridad y en esa posteridad estamos nosotros hoy. La aflicción, los problemas, enfermedades, pérdidas y fracasos, son parte del día a día para muchos. Ahora, en el nombre de Jesús, te invito a tí a que te despojes de todo lo que hoy entiendes que te carga y lo deposites en Cristo Jesús.

Que Dios nos bendiga abundantemente mediante Jesucristo su Hijo. Que su gracia sobreabunde en nuestras vidas y seamos revestidos del poder de su Espíritu Santo. 

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