Jesucristo, nuestra Primicia.

II-Reyes 4:42-44 y San Juan 6:1-14.

Proverbios 11:24-25 dice: “Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él será también saciado”. EL ALMA GENEROSA. Generosidad es un concepto que procede del latín “generosito” y se refiere a la inclinación a dar y compartir por encima del interés propio o la utilidad. Se trata de una virtud, un don y un valor único que pueda asociarse al altruismo, la caridad y la filantropía. En ambos pasajes existen dos personas que tal vez eran ignoradas por la mayoría. Algunas personas de las que leen estos mensajes podrán encontrar que, tanto Eliseo en la primera cita, como en la de Juan; en ambos casos se trata de la repartición de alimentos a mucha gente. Es interesante notar como surgen las mismas palabras: “Cómo pondré esto delante de 100 hombres” y “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco”. Ese es el concepto, el pensamiento humano, nunca el de Dios.

El capítulo 6 del Evangelio de San Juan, narra que Jesús había salido hacia el otro lado del mar, sin embargo, hasta allí le siguió una gran multitud de gente, cerca de cinco mil personas se habían dado cita en medio del campo en donde se encontraba el Señor. ¿Cómo dar alimentos a cinco mil personas? En lo humano, imposible; por ello la expresión del administrador del Señor, cuando declaró que tal cantidad de dinero no bastaría para repartir pan a tanta gente. El verso 6 nos dice: “Esto decía para probarle, porque Él sabía lo que había de hacer”. De repente, sin saber de dónde, aparece un muchacho ignorado por los discípulos del Señor, llevando a cuesta dos pececillos ensartados y dos panes, posiblemente para llevar a sus padres. Al ver a Jesús y esta gran cantidad de gente, el joven se detiene. Fue ignorado por la mayoría, menos por Jesús. Uno de los discípulos, Andrés, le dice al Señor: “Aquí hay un muchacho con cinco panes y dos pececillos y él mismo se pregunta: ¿Qué es esto para tantos?”. Jesús ignoró la interrogante del discípulo, simplemente ordenó a ellos que hicieran recostar a la gente, al final del verso 10. ¿Qué hizo Jesús con los panes y los peces?

Los tomó en sus manos y levantándolos hacia el cielo dio gracias y los repartió entre sus discípulos, para que ellos hicieran lo mismo con la gente que allí estaba. Después del gran milagro en la alimentación de tanta gente, muchos creen; otros dudan y es por ello que el mismo Señor, cuando surgen los murmuradores nos dice: “Yo soy el pan que descendió del cielo”, Juan 6:41. Ese pan del cielo, se convierte en primicias hoy para cada uno de nosotros, porque Él no solamente sacia el hambre física que podamos padecer, sino también el hambre espiritual que nos azota cada día. Les invito a detenerse y pensar un poco en lo que somos verdaderamente delante de Dios, delante de la gente, inclusive; aún delante de nosotros mismos. Dios busca gente, hombres y mujeres que sean como el muchacho de esta historia; que se despojen de todo, para darlo en favor de todos. ¡Gloria a Dios por siempre!.

II-Reyes 4:42 nos dice: “Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y dijo: Da a la gente para que coma”. Primicias, es simplemente una ofrenda de gratitud a Dios por la bendición o beneficios recibidos de parte de Él. Es una ofrenda para agradar al Señor y por ende, puede convertirse en bendición para otras personas. Fue lo acontecido con el muchacho de la historia anterior; también es el mismo caso con el hombre de Baal-salisa. Tu ofrenda, tus primicias, tienen un valor inmenso delante de Dios. Llega a mi memoria mi niñez junto a mi abuela “Ma”, así la llamaba yo. Al ser partera de la comunidad. “Partera”, para la gente que lee estas líneas que no conoce su significado, es una señora que se convierte en ginecóloga-obstetra y en los campos de nuestro País; entiendo que aún hoy existen. Los hombres, en este caso, los padres y las mujeres, madres, en gratitud por el servicio que ella brindaba al recibir a sus hijos a la hora de nacer, siempre estaba recibiendo un chivo, un cerdo, gallinas o víveres de toda clase. Estos aldeanos eran agradecidos y siempre llevaban sus primicias de gratitud a Ma. A mucha gente se le dificulta cumplir con el don de ofrendar, y algo más,   no les gusta que se les hable de eso; diezmar. Como dije en la última línea: “don”. Ofrendar, diezmar, es un don, no una imposición y creen también que al hacerlo, están dando su dinero al pastor o al cura de la congregación.

Con el único propósito de llevar a cada persona que lee estos mensajes, le transcribo a continuación estos versos: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”,Malaquías 3:8-12.  Estos versículos nos enseñan los siguientes principios: Israel se mostraba negligente hacia sus relaciones con el Dios del pacto al defraudarlo en los diezmos y ofrendas; dando lugar al juicio retributivo. Dios emplaza a Israel a una rectificación probando su fidelidad. Si presentan todos los diezmos, Él abrirá las ventanas de los cielos (enviará las tan necesarias lluvias) y reprenderá al devorador (destruirá las langostas que devoran las cosechas). Aunque no exista un consenso en la iglesia contemporánea sobre la aplicación neotestamentaria del principio del diezmo, si se acepta unánimemente que el NT nos enseña a ofrendar con generosidad al Señor. También se está de acuerdo con que Dios responde proveyendo graciosamente, en especial en lo que toca a la satisfacción de lo más esencial. (Mateo 6:25-34). Diezmar, aunque algo prescrito en la ley, formaba parte de la vida del creyente en los tiempos de Abraham y forma parte de la vida de la fe. Dezmar puntualmente constituye una expresión de nuestra fe en que Dios es la verdadera fuente de vida. El no hacerlo, es desconocer sus bondades en favor nuestro. Se debe comprender que diezmar, no es sólo un precepto de la Ley Mosaica, sino un privilegio para ser practicado con gozo en la fe; no se trata de un pesado requisito legal. “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. 

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia”, II-Corintios 9:6-10.

El Espíritu de Dios me motiva a continuar escribiendo sobre este tema, veamos: Hay tres enseñanzas que las encontramos en los versos del 8-10. 1-(Dios es   quien hace que toda gracia abunde para nosotros, y quien nos provee de todo lo que necesitamos. Todas las cosas que son beneficiosas para nuestra vida provienen de las manos de Dios. 2-), A nosotros se nos da con suficiencia,   “abundantemente”, de manera que podamos hacer buenas obras. ¡Se nos bendice a fin de que seamos una bendición para otros!, Génesis 12:2. La palabra “suficiencia” significa “auto-satisfacción”, “contentamiento” o “competencia”, que son las señales del creyente cuya vida ha sido en verdad bendecida por estas cualidades, a medida que Dios le hace prosperar en todo, (ver de nuevo Génesis 12:2) y 3-) El Dios que puso en nuestras manos la semilla de la siembra es quien resuelve nuestras necesidades básicas, multiplica lo sembrado, nos concede abundancia para que podamos compartirla con las demás personas y quien nos hace crecer espiritualmente con amor, gozo, paz y todos los demás frutos del Espíritu Santo. (“el fruto de su justicia”). ¡Cuán grande es nuestro Dios! Con Él no carecemos de nada.

El hombre de Baal-salisa y el muchacho de los panes y los peces, puede ser cualquiera de nosotros. Unos hacen promesas, otros esperan riquezas o el tener mucho para ofrendar. En nuestro caminar con Dios no necesitamos tener riquezas o muchos bienes para dar; es simplemente dar sin esperar recompensa. Las primicias, las ofrendas y por ende los diezmos, es de lo que tú, en lo personal, tienes para Dios. Las primicias eran actos propios de una comunidad, lo que hacían los parroquianos con mi abuela Ma. Es muy posible que entre las personas que leen este mensaje exista alguien que practique la agricultura; si lo hay, pues ¡Gloria a Dios!, pero todos tenemos la sustentación para nosotros y nuestras familias, siempre de parte de Dios.

Tus primicias, tus ofrendas o tus diezmos, te bendicen y bendices a los que las reciben. Les recuerdo lo que dice la Biblia: “Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”, II-Corintios 9:7. Si tu ofrenda, tus primicias o tus diezmos al traerlos al altar de Dios sientes algún dolor, remordimiento o pena; entonces, amado, amada, devuélvete, porque Dios quiere gente sincera, que lo haga siempre para agradarle a Él. Si al terminar de leer este mensaje alguna persona se siente ofendida, me gozo de todo corazón, porque Dios le ha hablado a su vida, a su espíritu.

Para finalizar, les dejo el siguiente pensamiento de uno de los grandes líderes del siglo pasado: “Nos ganamos el pan con el dinero que ganamos, pero nos ganamos la vida con lo que damos”, Winston Churchill. Se que esta cita la he compartido antes, pero debido al tema de esta ocasión, pues…me permito plasmarlo al final. Dios les bendiga eternamente y para siempre.

Pastor: Héctor E. Contreras.

 

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