En las colinas situadas al noreste de Jerusalén, Taybeh mantiene una singularidad que lo diferencia de cualquier otra localidad de Cisjordania: todos sus habitantes pertenecen a comunidades cristianas. Sus calles conservan iglesias antiguas, símbolos religiosos y una memoria vinculada a la tradición bíblica, ya que muchos identifican el lugar con la antigua Efraím mencionada en los Evangelios.
Durante décadas, sus cerca de 1.500 habitantes vivieron con la sensación de formar parte de un enclave protegido por su historia y su carácter religioso. Católicos, greco-ortodoxos y melquitas convivieron en un espacio que había quedado al margen de algunos de los episodios más violentos de la región.
Sin embargo, el crecimiento de los asentamientos israelíes alrededor del municipio ha cambiado ese equilibrio. Los vecinos denuncian que las incursiones de colonos, la pérdida de terrenos agrícolas y los ataques contra propiedades privadas han transformado la rutina del pueblo.
La economía local se hunde mientras crece el miedo a abandonar la tierra
La presión no solo afecta al patrimonio histórico de Taybeh, sino también a su supervivencia económica. Uno de los ejemplos más visibles es la situación de la Cervecería Taybeh, fundada en 1994 y considerada un símbolo empresarial palestino. La caída del turismo y las restricciones de movilidad han provocado un fuerte descenso de sus ingresos, debilitando uno de los pocos motores económicos de la localidad.
Otros proyectos han sufrido daños todavía mayores. Empresarios locales denuncian incendios, destrozos y amenazas que han obligado a cerrar instalaciones que generaban empleo para decenas de familias.
El conflicto también se ha trasladado al campo. Agricultores aseguran que olivares y viñedos han quedado afectados por la entrada de rebaños en terrenos privados, la destrucción de cultivos y la disputa por recursos básicos como el agua.
Para muchos habitantes, la preocupación principal no es únicamente la pérdida material, sino la posibilidad de que la presión constante termine provocando un nuevo éxodo. La comunidad cristiana palestina lleva años reduciéndose y Taybeh teme convertirse en otro ejemplo de una población histórica que pierde habitantes por falta de seguridad y oportunidades.
Una medida militar que divide a los vecinos y aumenta la incertidumbre
La decisión del Ejército israelí de declarar Taybeh y otras zonas cercanas como área militar cerrada buscaba, según las autoridades israelíes, contener episodios violentos y mantener el orden. No obstante, para muchos residentes la medida genera dudas porque limita también el acceso de visitantes, organizaciones internacionales y personas que acompañaban a los agricultores como mecanismo de protección.
Desde la comunidad religiosa local advierten de que la solución no puede consistir en restringir la movilidad de quienes viven allí, sino en garantizar que quienes cometen agresiones respondan ante la justicia.
El temor de fondo es que la combinación de inseguridad, aislamiento económico y pérdida de tierras termine acelerando la salida de familias jóvenes. Aun así, muchos habitantes insisten en permanecer en Taybeh como una forma de preservar una identidad que consideran inseparable de la historia de Tierra Santa.
«Esta tierra es nuestra», repiten quienes han decidido quedarse. Para ellos, resistir no significa solo proteger sus casas, sino mantener vivo un pueblo que durante siglos ha sido parte del mapa religioso y cultural de la región. @mundiario
