Por: Héctor E. Contreras.
Juan 20:13-16 20:17-18.
María Magdalena fue una mujer muy agradecida, mostrándolo cuando fue al sepulcro en busca de su Maestro, tal vez por gratitud al Salvador de su alma, siendo la primera persona que pudo conversar con el Señor resucitado. Era el mismo Señor, quien había compartido en varias ocasiones con ella, pero en este encuentro entre el Jesús resucitado y ella, no pudo reconocerlo, ni tampoco su voz, por sus muchas lágrimas que brotaban de sus ojos. Es hermoso notar que, hasta que Él no la llamó por su propio nombre.
“Y le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? Le dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Y cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: ¿Mujer, por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni!, es decir: Maestro”, Juan 20:13-16. La falta de mujeres entre los doce discípulos ha incomodado a muchas personas. Pero sabemos que hubo muchas mujeres entre los seguidores de Jesús. También es bueno notar que Jesús no trató a las mujeres como lo hacía su cultura de entonces; las trató con dignidad, como personas valiosas. Todos somos valiosos para el reino de Dios. ¡Aleluya!
María Magdalena fue una de los primeros seguidores de Jesús y por tanto, fue llamada como parte de los discípulos del Señor. Fue una mujer enérgica, impulsiva y cariñosa, que no solo anduvo con Jesús, sino que también contribuyó a las necesidades del grupo. Presenció la crucifixión y fue a ungir el cuerpo del Señor la mañana del domingo, cuando descubrió la tumba vacía. Fue la primera en ver a Jesús luego de resucitado. Ella es un ejemplo de corazón ardiente que vivió agradecido. Todo ésto sobre esta mujer, nace desde el instante en que el Señor echó siete demonios que azotaban su vida. En todo cuanto se nos dice de ella, notamos su gratitud por la liberación que Cristo le concedió. El versículo clave para terminar con lo que fue esta gran mujer en los tiempos de nuestro Señor es: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”, Marcos 16:9. Después del intercambio de palabras entre el Señor resucitado y María Magdalena, Jesús le dijo:
“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre: mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”, Juan 20:17-18. La expresión “no me toques” refuerza la nueva condición que existe entre el Maestro y los discípulos, condición que Jesús dice a María que será plenamente inaugurada con la ascensión a los cielos de nuestro Señor.
“Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa”, Juan 21:2-7. La aparición del Cristo resucitado en el capítulo 20, tuvo lugar en las cercanías de Jerusalén. Pero esta vez ocurrió en Galilea, donde los discípulos habían regresado para seguir trabajando como pescadores. La pesca milagrosa y el desayuno con su Maestro, los convenció de que era Él, y aún así los dejó demasiado amedrentados como para echar a perder con palabras la maravilla de presencia y acciones.
¿Por qué razón nuestro Señor se presentó a la playa en esa mañana? Porque le era necesario tener un reencuentro con Pedro y Tomás.
En los versos del 15 al 19 de Juan 21, encontramos que se hacía necesaria la atención de Jesús en cuanto a Pedro. Fueron tres preguntas que le hizo Jesús a este hombre ¿Me amas? Al final, Pedro le dice: Tú lo sabes todo.
Tú sabes que te amo. Para el Señor, Pedro y Tomás eran importantes para Él.
Pedro, por haberle negado y Tomás, por haber dudado de su resurrección cuando dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”, Juan 20:25. Todos fueron dignos representantes del Reino de Dios por medio de Jesucristo el Señor. Tu nombre es de suma importancia para Dios. Él te escoge y te llama por tu propio nombre para que le sigas y seas verdaderamente su discípulo, para servir a otros en este mundo. Que la gracia de Dios Padre, de su Hijo Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo, sea con cada vida, ahora y siempre. ¡Bendición! Amados del Señor.



