Si hubiera que elegir la posición más igualada de este Mundial, probablemente habría que mirar hacia la portería. En un torneo en el que las diferencias entre selecciones siguen siendo enormes en muchas zonas del campo, bajo palos ha ocurrido casi lo contrario: equipos modestos, candidatos al título y selecciones de segundo escalón han encontrado porteros capaces de competir a un nivel altísimo.
El caso más evidente ha sido Vozinha. Con 40 años, el portero de Cabo Verde se convirtió en una de las historias del campeonato. Desesperó a España, sostuvo a su selección ante Uruguay y llevó al límite a Argentina en los cruces. Su Mundial explicó mejor que ningún otro la democratización de una posición que ya no pertenece solo a las grandes potencias.
También apareció Orlando Gill, una de las grandes razones del recorrido de Paraguay. El portero paraguayo sostuvo a su selección en momentos límite y fue decisivo en la tanda ante Alemania. Su nombre no estaba entre los grandes focos del torneo, pero acabó dentro de una conversación reservada para los mejores guardametas del Mundial.
Ronwen Williams volvió a demostrar que Sudáfrica tenía bajo palos a un portero de enorme fiabilidad. Su selección no llegó tan lejos como otras revelaciones, pero él sí dejó la sensación de estar preparado para competir en escenarios de máxima exigencia. En un Mundial tan abierto, los porteros de selecciones menos mediáticas también encontraron su espacio.
Ørjan Nyland representa otro caso perfecto. Llegó al torneo sin equipo tras terminar su etapa en el Sevilla y acabó convertido en uno de los nombres propios del campeonato. Su actuación contra Brasil, con penalti detenido e intervenciones decisivas, fue una de las exhibiciones individuales más potentes del Mundial.
Tampoco han desaparecido los porteros de élite. Thibaut Courtois sostuvo a una Bélgica que dejó mucho que desear durante buena parte del Mundial. Cuando el equipo no convencía, aparecía su portero. Cuando Bélgica daba síntomas de fragilidad, aparecía su portero. Su torneo es un buen ejemplo de que la posición se ha igualado por abajo, pero también de que los mejores siguen teniendo la capacidad de cambiar el destino de una selección.
Diogo Costa también confirmó su lugar entre los grandes porteros del fútbol actual. Portugal no encontró continuidad suficiente para ir más lejos, pero su guardameta volvió a competir con una madurez impropia de un portero todavía joven. Algo parecido ocurrió con Gregor Kobel, pieza clave en una Suiza que ha avanzado con una seguridad construida, en buena parte, desde su área.
La comparación con los centrales resulta inevitable. Mientras casi todas las selecciones han encontrado un portero capaz de sostener partidos, no todas han sido capaces de encontrar defensores del mismo nivel. Los errores de marca, las pérdidas de concentración y los problemas para defender el área han aparecido constantemente durante el campeonato.
Nunca é fácil pic.twitter.com/Jyg6sxaMZp
— Vozinha (@vozinhapr) July 7, 2026
Por eso este Mundial deja una conclusión curiosa: nunca fue tan fácil encontrar buenos porteros en cualquier rincón del planeta y nunca pareció tan difícil encontrar centrales verdaderamente dominantes. Bajo palos, las diferencias se han reducido. Delante de ellos, siguen siendo enormes. @mundiario
