El Mundial dicta sentencia sobre el arbitraje español

Durante décadas, España fue una referencia arbitral dentro del fútbol mundial. Nombres como Sánchez Arminio, Díaz Vega, Medina Cantalejo, Undiano Mallenco o Mateu Lahoz ocuparon puestos de relevancia en las grandes competiciones internacionales. Sin embargo, el Mundial de 2026 ha dejado una fotografía muy distinta.

En el torneo más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos, los árbitros españoles apenas han tenido presencia sobre el césped. Alejandro Hernández Hernández ha sido el único colegiado principal designado por la FIFA y únicamente dirigió un encuentro: el Brasil-Haití de la fase de grupos. Después de ese partido, no volvió a recibir ninguna designación como árbitro principal.

El dato resulta llamativo por sí solo. Más aún si se compara con el protagonismo que han tenido árbitros de Inglaterra, Francia, Italia, Argentina o Polonia durante las rondas decisivas del campeonato. Mientras otros países han acumulado designaciones importantes, España ha desaparecido prácticamente del mapa arbitral del Mundial.

La explicación oficial de la FIFA siempre gira alrededor de los criterios de rendimiento. Cuando anunció la lista de colegiados para el torneo, el organismo insistió en que las designaciones se realizaban priorizando la calidad y el nivel mostrado por los árbitros durante los últimos años.

Sin embargo, resulta difícil ignorar el contexto que rodea al arbitraje español. La última década ha estado marcada por una acumulación constante de polémicas. Las discusiones sobre el VAR, la falta de uniformidad en los criterios, las críticas semanales de clubes y entrenadores y, sobre todo, el impacto reputacional del Caso Negreira han deteriorado la imagen internacional del colectivo.

Aunque no existe ninguna declaración oficial que vincule la escasa presencia española con el Caso Negreira, muchos observadores consideran evidente que el escándalo ha dañado la credibilidad exterior del Comité Técnico de Árbitros. La FIFA nunca reconocerá públicamente una relación directa, pero tampoco puede ignorar el ruido generado alrededor del arbitraje español durante los últimos años.

A ello se suma un problema más profundo: España ya no cuenta con árbitros considerados referencias mundiales. Durante años, los colegiados españoles aparecían regularmente en semifinales, finales de competiciones europeas o grandes partidos internacionales. Hoy esa percepción parece haberse debilitado. Hernández Hernández fue el único árbitro principal español seleccionado para el Mundial, mientras Carlos del Cerro Grande acudió exclusivamente como especialista VAR.

La situación ya había dejado señales de alarma anteriormente. España también perdió protagonismo en otras grandes competiciones recientes y la sensación dentro del fútbol internacional es que atraviesa una etapa de transición en la que todavía no han aparecido figuras con el peso que tuvieron generaciones anteriores.

Quizá lo más preocupante no sea que España solo haya arbitrado un partido. Lo verdaderamente preocupante es que el dato ya no sorprende demasiado. Hace años habría parecido impensable que una de las grandes ligas del mundo tuviera una presencia tan testimonial en un Mundial. En 2026, en cambio, muchos lo interpretan como la consecuencia lógica de una reputación que lleva tiempo deteriorándose.

Porque el Mundial no solo sirve para medir a las selecciones. También mide a entrenadores, federaciones, dirigentes y árbitros. Y en esta ocasión, el veredicto para el arbitraje español ha sido difícilmente más contundente. @mundiario