Por el Pastor: Héctor E. Contreras
Romanos 6:20-22.
Los versos 12 y 13 de este capítulo dicen así: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”. El poder de la resurrección de Cristo, que obra en nosotros, es mayor que el poder de cualquier pecado, no importando el tiempo que haya afectado nuestras vidas. El verso 14 nos dice, “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados”. ¨Habéis obedecido¨, oír como un subordinado, escuchar atentamente, obedecer como un súbdito, contestar y responder, someterse sin reserva. OBEDECIDO, del griego “hupakuo”, es utilizado particularmente a siervos que estuvieron atentos a las peticiones que se les hicieron y las cumplieron. El vocablo contiene la idea de oír, responder y obedecer. Según el verso 22, citado arriba, el ser humano nace esclavo de la corrupción, no nace libre, y solo puede llegar a ser libre a través de la sangre de Cristo. La redención equivale al acceso a la vida eterna, a la libertad de la esclavitud, estar en paz con Dios y a dar inicio a una relación directa con Dios mediante Jesucristo. Redención significa perdón, santificación, bendición, liberación y reconciliación; todo por medio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. El salmista reafirma esta enseñanza con los siguientes versos: “Mi alma espera a Jehová, Más que los centinelas a la mañana, Espere Israel a Jehová, Porque en Jehová hay misericordia, Y abundante redención con él. Y Él redimirá a Israel de todos sus pecados”, Salmo 130:6-7. ¨Centinelas a la mañana¨, no existe en la vida de un recluta, no importa a la rama militar a que pertenezca, algo más temeroso que estar en un puesto de centinela en horas de la madrugada. Cada puesto de éstos, tiene su historia, uno, como recluta, cuando se encuentra de servicio en uno de éstos, en todo tiempo está asustado, escucha ruidos sin existir y está loco porque llegue el nuevo día. Nuestra alma debe estar dispuesta a esperar a Dios con anhelo ardiente, como el centinela espera ver la luz del sol al despuntar en el horizonte, creyendo siempre en que Él nos redimirá por su misericordia. ¡Dios es Bueno! y para siempre es su bondad. Antes, en el verso primero, el autor de este salmo exclamó:
“De lo profundo, oh Dios, a ti clamo”. Cuando clamamos, cuando llamamos, cuando gritamos, es imposible que no seamos escuchados, mucho más si nuestro clamor o llamado va dirigido al Dios del amor y de la misericordia.
Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia, dice Pablo en Romanos 6:20. El apóstol utiliza la analogía humana de la esclavitud en su apelación a la santidad de los creyentes en Jesucristo. Al hacerlo, nos recuerda el contraste entre la vida vieja aún no regenerada, y la nueva vida en Cristo. Los esclavos del pecado no reconocen la necesidad de la justicia, sino que se abandonan al proceso de deterioro moral que culmina con la muerte, verso 21 del encabezamiento. Los siervos de Cristo, al contrario, se consagran a la santidad, a un camino que conduce a la vida eterna. Jesucristo, en el Evangelio según San Juan dijo “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”, Juan 8:34. Existe una adoración muy hermosa que da inicio en su primera estrofa con estas letras: “Ya no soy un esclavo del temor, yo soy hijo de Dios, escogido fui, antes de nacer, yo soy hijo de Dios”. Les invito a decidir a que sus vidas sean guiadas por el poder de Dios en la persona de su Espíritu Santo. Reafirmando la declaración de nuestro Señor en el verso citado sobre la esclavitud del pecado, el apóstol Pedro escribió: “Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de la corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que venció”, II-Pedro 2:18-19. La gente que está sometida a los deseos de la carne no tiene respeto por el estilo de vida de los que han sido lavados por la sangre de Cristo. Este tipo de gente se deleita en tratar de inducir a otros al pecado. Pero, debemos entender que, nuestro Dios conoce aquel que le ha confesado y anda conforme a sus propósitos. El falso maestro está guiado por la carne y sus deseos, también por el mismo Satanás, el cual es su amo, buscando obtener el poder o los beneficios del ministerio para sí mismos. El autor de la carta a los Hebreos escribió: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”, Hebreos 4:16. Existe un llamamiento que viene directamente de Dios y este llamamiento nos reviste del poder del Espíritu Santo, para que nunca más seamos engañados por las voces agoreras que se levantan en contra de los que, por fe, hemos alcanzado la limpieza de nuestra alma por medio de Cristo Jesús.
Vamos pues a acercarnos, con confianza, ante el trono de Dios, y su gracia y misericordia siempre estarán con nosotros. En Jesucristo obtenemos una redención completa, es decir, el perdón total de todos nuestros pecados, los cuales Él clavó en la cruz del Calvario.
El verso 22 de nuestra cita central, nos declara: “Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fín, la vida eterna”. Romanos nos revela una nueva y victoriosa manera de enfrentar el pecado. Vivir libres de pecado se hace ahora posible porque ya no somos sus esclavos, sino que hemos llegado a ser siervos de Dios por medio de Jesucristo. Estamos capacitados para escoger la justicia, en lugar de continuar atados a nuestra vieja naturaleza. Obedecer a la Palabra de Dios, nos proporciona una naturaleza nueva de santidad. Es el mismo autor de esta hermosa carta que nos dice: “Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obran en nuestros miembros llevando fruto para muerte”, Romanos 7:5. En nuestro estado anterior antes de realizar el acto de confesión de nuestros pecados, las pasiones pecaminosas, que tenían su origen en la carne, nos conducían a la muerte. Como creyentes en Jesucristo, experimentamos conflictos similares con los pecados de la carne, pero estos no deben prevalecer. La diferencia proviene de la presencia del Espíritu Santo, que somete las pasiones al dominio del reino de Cristo que mora en nosotros. Me permito plasmar un ¡Aleluya, gloria a Dios!.
En su libro, el profeta Isaías escribió: “Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”, Isaías 60:1, y al final del verso 2 nos dice: “Más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria”. El pecado nubla nuestra mente, trastornando muchas veces nuestro existir en cuanto al desarrollo personal se refiere. ¨Gloria¨, del griego “chabod”, equivalente a algo sustancial, o pesado. Honor, esplendor, poder, riqueza, autoridad, magnificencia, fama, dignidad, riqueza y excelencia. Todos estos atributos de grandeza, Dios los pone en nuestras manos y corazones al venir a los pies de Jesucristo, levantándonos con poder y autoridad del lugar de pecado en que nos encontramos. La raíz de “chabod” es “chabad”, que es lo mismo a: pesado, glorioso, notable o reconocido. En el A.T. el ser pesado representaba un honor, mientras que, ligereza se igualaba a vanidad, inestabilidad, temporario o vano. Chabod designa la gloria de Dios, no sólo su honor, renombre y majestad. Levantarse es sinónimo de un bienestar glorioso en Jesucristo, es vivir una nueva vida, llena de esperanza, de fe, de amor. Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, cuando se disponía a sanar a un ciego, dijo: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura, la noche viene, cuando nadie puede trabajar”, Juan 9:4. Hoy es el día de tu redención gloriosa, dejando atrás la vida de un pasado en el que posiblemente enfrentaste momentos difíciles, sintiendo que no tienes fuerzas para continuar; pero ha llegado el tiempo de levantarse y avanzar, creyendo siempre como el salmista, que dijo: “Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob”, Salmo 46:7. Hoy es día de redención, de liberación en lo concerniente al pecado, porque la gloria de Dios puede nacer en cada vida que esté dispuesta a abrir su corazón y levantarse con poder en el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesucristo.
Como oración final, quiero dejar la bendición sacerdotal de Moisés en el desierto, que dice: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”, Números 6:24-26.




