La Unidad en el Espíritu  

Por:  Héctor E. Contreras.

Efesios 4:3 y 4:13.

En su carta a la Iglesia de Colosas, el apóstol Pablo escribió: “Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laoidicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro, para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento”, Colosenses 2:1-3. Por medio de sus palabras, el apóstol expresa sus emociones de angustia y gozo. Se preocupa por su bienestar espiritual, agoniza en oración por los creyentes de Colosas y Laodicea, quienes están amenazados por falsos maestros. El énfasis de su oración descansa en que mantengan la unidad en su batalla contra la herejía y en pleno reconocimiento de su suficiencia en Cristo Jesús. Los líderes sabios hacen de Jesucristo el centro de sus ministerios y evitan las enseñanzas y las doctrinas efímeras. Se esfuerzan para que la madurez de quienes dirigen sea su máxima prioridad  y la obra redentora de nuestro Salvador. Un sinónimo de unidad lo encontramos a continuación: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades, y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”, Hechos 2:43-46. PERSEVERANDO UNÁNIMES, juntos, en común acuerdo con un propósito y lo más importante al final: SENCILLEZ DE CORAZÓN. Cuando un cuerpo unido fija metas, es difícil no alcanzar lo que se ha propuesto. La unidad, en empresas, congregaciones y por ende, en las familias, es sinónimo de TRIUNFOS en beneficio de ellas. Dios nos llama a trabajar unidos por la causa del Evangelio de Jesucristo el Señor y por nosotros mismos. 

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común”, Hechos 4:32

Hace varios años, militando en una gran congregación, nos vimos compelidos a realizar cambios en nuestra relación de hermanos-congregación. Cuando digo “nos vimos”, me refiero a mi esposa Elena y yo. Recuerdo que nos despojamos de varios artículos de valor, porque el Espíritu Santo nos condujo a tomar esa acción espiritual en favor de la Iglesia del Señor Jesucristo. ¡Fuimos grandemente bendecidos! Fue un movimiento del Espíritu Santo y por tal razón, todo resultó en beneficio de la obra de Cristo Jesús. ¡Gloria a Dios! Cuando nos dejamos guíar por Él, somos bendecidos. 

El verso 3 del capítulo 4, citado arriba, nos dice: “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. La unidad es una responsabilidad de todo creyente en Jesucristo y ésta debe buscarse constantemente, porque la misma nos lleva al desarrollo y crecimiento de todo cuanto emprendamos en nuestro existir. “Son tres las cosas que le diría a un equipo para ayudarlo a mantenerse unido: Cuando resulta mal, yo lo hice;  cuando algo resulta más o menos bien, nosotros lo hicimos y cuando algo resulta realmente bien, ustedes lo hicieron”, Paul (Bear) Bryant, entrenador de fútbol estadounidense. Y añadiendo algo más sobre la unidad, el filósofo inglés, Isaac Newton dijo: “Es una motivación para mantenerse unido en cualquier momento, sin importar las circunstancias. La unidad es la variedad y la variedad es la unidad, es la ley suprema del universo”. Después del versículo 3 de Efesios, del cual ya hemos escrito anteriormente, Pablo nos enseña lo siguiente: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una mis esperanza de vuestra vocación: Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos”, Efesios 4:4-6. “Un cuerpo-UN ESPÍRITU”, aquí, el cuerpo puede ser la Iglesia, una empresa, una familia, pero todo conforme al Espíritu Santo de Dios guiando nuestros pasos para llevarnos a la victoria final que hemos fijado en nuestras mentes y en nuestros corazones. Las lecciones sobre el cuerpo humano son aplicadas en la práctica de los individuos. No todos poseemos los mismos conocimientos, no todos podemos ser lo que es otra persona; pero todos unidos podemos llegar a lugares inimaginables  que podríamos alcanzar. Dios establece un orden jerárquico para todo, mis amados del Señor. Todo intento de establecer un orden de precedencia o jerarquía entre organizaciones, atenta contra la diversidad del conocimiento de cada quien en particular. El tiempo actual nos enseña que todo debe ser planificado y estudiado para llegar a un resultado favorable para cualquier entidad. Los grandes dirigentes, sean religiosos, gubernamentales o empresariales, todos se auxilian de consejeros que les ayuden en sus arduas tareas por desarrollar. ¡Eso es de sabios! Y la sabiduría nos lleva al conocimiento pleno de lo que deseamos. 

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, Efesios 4:13. Los progresos en la madurez, según este verso, la estabilidad y la integridad, versos 14 y 15, tienen lugar en la Iglesia del Señor y es una experiencia que vive cada hombre o mujer en el seno de la Iglesia de Cristo Jesús. Todo esto da lugar al crecimiento y desarrollo del cuerpo del Señor y la edificación, o sea al fortalecimiento interno de todo el cuerpo. En este mismo capítulo, después   que Pablo habla acerca de los dones, él añade: “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para edificación del cuerpo de Cristo”, Efesios 4:12. Perfeccionar, del griego “katartismos”, es igual a: Adecuar, preparar, entrenar, perfeccionar y calificar plenamente para el servicio del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. En el lenguaje clásico, la palabra se aplica a la colocación de un hueso durante una cirugía. El Gran Médico, nuestro Dios y Creador, está haciendo todos los ajustes de lugar a fín de que su Iglesia no quede “descoyuntada” por falta de unidad. Dios nos está llamando, no solo a la Iglesia, sino a toda la nación a una unidad en el Espíritu, para que así lleguemos a la perfección de Él en Cristo Jesús

Para finalizar, les dejo el siguiente escrito: “Las bacterias no tienen el sesgo de los sentimientos y del ego, buscan el beneficio de la comunidad, porque no tienen valor como individuos, sino como sociedad”, Francisco Martínez Mojica, microbiólogo. Busquemos la unidad en el Espíritu, sólo así alcanzaremos grandes victorias en nuestro vivir.

Paz sea para todos a quienes lleguen estas notas. Amor y fe, de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Sean bendecidos grandemente, amados del Señor.

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