LaLiga le queda pequeña al Barça: aplastó al Valencia en Mestalla

Hay partidos que sirven para ganar tres puntos y otros que sirven para enviar un mensaje. El Barcelona hizo ambas cosas en Mestalla. En una tarde asfixiante, con 34 grados y un Valencia que intentó protegerse con cinco defensas, el equipo de Hansi Flick volvió a comportarse como una máquina perfectamente engrasada: goleó, dominó y terminó dejando la sensación de que el campeonato español empieza a quedársele pequeño. Cuatro jornadas, cuatro victorias, 12 puntos y 17 goles. El Barça ya no solamente gana LaLiga: empieza a imponerle su ritmo.

El 0-5 frente al Valencia fue especialmente significativo porque no hubo un solo momento en el que el resultado pareciera estar realmente en peligro. El conjunto local intentó cerrarse, acumular jugadores por detrás del balón y resistir el primer golpe. Pero el Barça tardó apenas seis minutos en encontrar el camino. Fermín López levantó el balón por encima de la defensa y Lamine Yamal apareció para resolver con una definición de enorme categoría. Poco después volvió a marcar, aunque el VAR anuló el tanto tras una larga revisión. La sensación, sin embargo, ya estaba instalada: el Barça había encontrado una grieta y sabía perfectamente cómo explotarla.

Fermín fue otra vez protagonista en la construcción del segundo tanto, aunque esta vez como asistente indirecto del gol de su compañero. Gordon puso el balón y el centrocampista azulgrana terminó cruzando la pelota lejos del alcance de Dimitrievski. El Valencia intentó responder y tuvo una oportunidad clarísima tras un error de Rodri, pero Joan García evitó el gol de Danjuma con una intervención decisiva. Fue casi un espejismo. El Barcelona tenía el balón, controlaba los espacios y, sobre todo, transmitía esa sensación tan peligrosa para cualquier rival: incluso cuando pierde una pelota, parece saber exactamente cómo recuperar el control.

Y ahí aparece uno de los grandes motivos para mirar con atención a este Barcelona. Rodri ya es titular. El centrocampista español debutó desde el inicio con el Barça formando pareja con Pedri, y aunque todavía necesita tiempo para alcanzar su mejor versión, su presencia introduce una dimensión diferente. Más control, más pausa, más capacidad para dominar los partidos y una experiencia que puede resultar fundamental cuando llegue el verdadero objetivo de la temporada: la Champions League. Flick no solamente está construyendo un equipo capaz de arrasar en España; está reuniendo piezas pensando en Europa.

La segunda parte confirmó que el Valencia ya no tenía respuestas. Lamine condujo una contra y Gordon estuvo cerca del tercero, que llegaría poco después con Raphinha tras otra asistencia de Fermín. A partir de ahí el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia local. Pedri hizo el cuarto y Lamine puso la guinda con el quinto para completar su doblete. El marcador pudo ser incluso más amplio. Dimitrievski evitó varias ocasiones y Fermín llegó a estrellar un balón en el poste. El 0-5 terminó pareciendo casi un resultado corto para lo que había ocurrido sobre el césped.

17 goles en cuatro jornadas: el Barça ya juega a otra velocidad

El dato explica mejor que cualquier adjetivo lo que está haciendo el equipo de Flick. 17 goles en cuatro partidos significa más de cuatro tantos por encuentro. Es una cifra que coloca al Barcelona en una dimensión ofensiva extraordinaria y que, además, llega sin depender de un único delantero centro. Lamine marca, Raphinha marca, Fermín marca, Pedri marca y los centrocampistas también aparecen constantemente en posiciones de remate. La ausencia de un nueve de referencia no parece estar siendo un problema porque el peligro llega desde prácticamente cualquier zona.

Lamine Yamal, mientras tanto, empieza a convertir la excepcionalidad en rutina. Lo que hace unos meses podía interpretarse como una irrupción extraordinaria ahora empieza a parecer la nueva normalidad. El extremo recibe, encara, encuentra espacios, asiste y marca con una naturalidad impropia de su edad. Su doblete en Mestalla vuelve a situarlo en el centro de una temporada en la que puede convertirse definitivamente en el gran rostro futbolístico del Barcelona. Ya no se trata únicamente de esperar qué hará Lamine en el futuro: el presente también le pertenece.

El otro gran argumento de este Barça es su profundidad. Gordon sigue creciendo, Fermín mantiene una capacidad competitiva enorme, Raphinha continúa apareciendo en los momentos decisivos y Pedri vuelve a ejercer como ese futbolista capaz de controlar el ritmo de un encuentro. Incluso los jugadores que llegan desde el banquillo parecen tener un papel definido. Gabriel Jesus debutó y tuvo una oportunidad para marcar, mientras que Flick pudo dosificar esfuerzos pensando en el siguiente compromiso europeo. La gestión de los minutos empieza a ser tan importante como la calidad de los titulares.

El contraste con el Valencia tampoco puede ignorarse. Mientras el Barcelona celebraba una nueva goleada y se colocaba líder en solitario, la afición valencianista volvió a mostrar su profundo malestar con la gestión del club. Las protestas contra la directiva fueron constantes y la Curva Nord abandonó las gradas en el minuto 19 como parte de las acciones contra la propiedad. El problema del Valencia trasciende un mal resultado: Mestalla está viviendo una crisis de identidad y de confianza que contrasta brutalmente con el momento deportivo de su rival.

Según MARCA, el Barcelona ya suma 17 goles en sus cuatro primeras jornadas, igualando un registro que no alcanzaba desde 2012. Ese dato ayuda a comprender por qué el equipo empieza a ser señalado como el gran dominador del campeonato. El Barça no solamente está ganando: está ganando con una superioridad que convierte muchos partidos en una cuestión de cuándo llegará el siguiente gol. Y esa diferencia es importante porque una liga larga no se conquista únicamente con talento, sino con la capacidad de transformar la superioridad en puntos una y otra vez.

El Barcelona ya es líder en solitario con pleno de victorias y tres puntos de ventaja sobre Real Madrid y Betis. Pero quizá lo más importante no aparezca todavía en la clasificación. Está en la sensación que deja cada partido. El equipo de Flick parece haber encontrado una velocidad competitiva que sus rivales todavía no pueden igualar. La cuestión ya no es si este Barça puede ganar LaLiga; después de cuatro jornadas, eso parece perfectamente posible. La verdadera pregunta es si LaLiga será suficiente para medir hasta dónde puede llegar este equipo.

Porque el campeonato español puede convertirse en el escenario donde el Barcelona construya su confianza, pero la Champions será el examen definitivo. Allí no bastará con marcar cinco goles al Valencia ni con dominar durante 90 minutos. Allí estarán los mejores equipos de Europa, los partidos cerrados, la presión máxima y los pequeños detalles que separan a un gran equipo de un campeón. Pero si este inicio sirve de indicio, Flick ya tiene una máquina preparada para llegar a ese escenario. LaLiga se le está quedando pequeña al Barça; ahora falta comprobar si Europa también termina pareciéndole poco. @Mundiario