La portería del Atlético vuelve a convertirse en un escenario de luces intensas justo antes del choque europeo ante el Barça. El pulso entre Musso y Oblak ha reabierto un viejo cajón que el club nunca termina de cerrar: quién debe custodiar el arco en el futuro inmediato.
En medio de ese ruido, desde Radio Marca —con Matías Prats como altavoz— emerge un nombre que empieza a sonar con la insistencia de un tambor lejano que se acerca: Leo Román.
El guardameta del Mallorca ya había sido observado la pasada campaña, pero esta temporada ha sido su verdadero escaparate. Sus 26 partidos, 81 paradas y 40 goles encajados no son simples cifras: son la huella de un portero que vive en la intemperie, obligado a intervenir sin red y a sostener a su equipo en escenarios de tormenta.
Román no conoce los encuentros plácidos; convive con el peligro, lo mira de frente y lo convierte en oficio. Y esa capacidad para sobrevivir en el caos es, precisamente, lo que más seduce en los despachos del Metropolitano.
Su actuación ante el Real Madrid en Son Moix fue el mejor escaparate reciente. Como lo explican en Marca, en el artículo firmado por Pablo Parra, en la victoria por 2-1, volvió a ser decisivo en momentos clave, firmando un 7,4 en SofaScore que resume su campaña. No es una actuación aislada, sino la prolongación de una regularidad que le ha llevado a encadenar valoraciones por encima del notable en varios tramos del curso.
En un equipo que concede ocasiones y vive largas fases sin balón, su papel adquiere aún más valor. Leo Román no solo para, sostiene. Y en un Atlético que podría enfrentarse a un cambio de ciclo en la portería, su nombre aparece como una alternativa coherente: joven, competitivo y acostumbrado a escenarios donde el error no tiene margen. @mundiario
