Mirando hacia la Cruz,San Juan 3:14.

Por:                         Héctor E. Contreras.

Mirar hacia la cruz es un mensaje de aliento y esperanza. Nuestro Señor Jesucristo, hablando con sus discípulos, hace referencia a un mensaje escrito muchos años antes acerca de Él. Cuando el pueblo de Israel cruzaba el desierto, se quejó por la falta de pan y agua, y después de quejarse añadió: “Nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”,  Y  el pueblo habló contra Dios y contra Moises, por tal razón, Dios envió serpientes ardientes, que al morder producían la muerte y muchos del pueblo de Israel murieron. Números 21:5,6. Todo lo anterior sucedió en el desierto. El mundo de hoy tampoco ha cambiado, sigue sus lloros, quejas y protestas, porque al final las personas, continúan como antes. Por supuesto, que nos llega la incertidumbre e inquietudes,  porque muchos piensan sobre lo que será el mañana para sus vidas, de aquí y de todo el mundo. Sin embargo, en este tiempo, tiempo de recogimiento espiritual, nos muestra que aún tenemos esperanza, porque nuestra mirada la hemos enfocado hacia la cruz, no a la cruz como símbolo, sino al que murió en esa cruz por toda la humanidad, Jesucristo el Señor, quien proclamó al expirar: “¡CONSUMADO ES!”. 

Dios ordenó a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuera mordido y mirare a ella, vivirá. Lo de la serpiente en el desierto, no era más que un simbolismo, un avance de lo que habría de acontecer muchos años después, cuando Jesucristo fuera crucificado y levantado en el Monte Calvario, donde debemos fijar nuestra mirada, porque sus brazos abiertos en la cruz, también tienen sus enseñanzas y la principal de todas es que, Él nos espera con brazos abiertos. Jeremías escribió: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”, Lamentaciones 3:22-23. Nuestros padecimientos, sufrimiento, en ocasiones, estrechez, enfermedades que nos azotan, todo nos llega, porque también las aflicciones nos trastornan para que aprendamos, en la mayoría de los casos, a depender de Dios, no de nuestra propia sabiduría o de nuestra propia fuerza. 

No importa lo que padezcamos, miremos a la cruz, allí aún corre la Sangre del Cordero de Dios a raudal por cada uno de nosotros, no es que debamos esperar la llegada a nuestras puertas de lo que anhelamos llegue, tampoco se debe realizar un gran esfuerzo para mirar hacia esa cruz, no mis amados del Señor, todo lo cumplió nuestro Señor al proclamar: ¡CONSUMADO ES!

¡Bendito y alabado sea el Señor desde ahora y para siempre!

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”, San Juan 3:14-15. La liberación del pecado descrita más arriba en Números 21, es un tipo de la crucificción de Cristo. Cuando Jesús hablaba con los judíos acerca de su partida de este mundo al cielo, llegó el momento en que ellos le hicieron la siguiente pregunta: “Entonces le dijeron: ¿Tú quien eres?” Y Jesús les respondió: “Lo que desde el principio os he dicho.  Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo, Pero ellos no entendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mi mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.”, San Juan 8:25-28. CUANDO HAYÁIS LEVANTADO AL HIJO DEL HOMBRE, verso 28. Jesucristo mismo es que da testimonio de que en un futuro no lejano, sería elevado en la cima de un monte, cumpliendo así lo ya citado anteriormente cuando Moisés levantó la serpiente ardiente en el desierto con el propósito de dar vida. La crucificción y muerte de Cristo es lo que nos da vida, después de morir en nuestros propios pecados y delitos, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, es lo que cita el apóstol Pablo en su carta a la Iglesia de Roma, Romanos 3:23. Miremos siempre hacia la cruz, donde por fe podemos alcanzar a observar allí al que murió por nosotros. Según este último verso, nunca nadie alcanzará por sí mismo las normas divinas de absoluta perfección moral para merecer la gloria de Dios, por lo tanto, si va a haber alguna salvación, debe venir por otra vía, que es  el siguiente verso. “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, Romanos 3:24.  

Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”, I-Corintios 1:18. La palabra de la cruz hace que exista un mutuo antagonismo entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de Dios. El conflicto se manifiesta de manera suprema en la cruz donde murió Cristo. Dios obra sabiamente de manera más poderosa por vías directamente opuestas a las expectativas humanas. Aún cuando veían a Jesús en la cruz, los judíos pedían alguna señal de su poder, Mateo 27:40-43

Los griegos hicieron de la búsqueda de la sabiduría un fin carente de significado en sí mismo, como lo describió Pablo en Atenas, Hechos 17:21, que dice: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.”  Les invito a que, juntamente conmigo, nos volvamos locos con el único propósito de alcanzar nuestra salvación, habiendo pagado un precio muy alto y este de sangre,  llegando  a nosotros también gratuitamente. Al volvernos locos por seguir a Cristo, nos acercaremos más al calvario, donde Él murió y así podremos ver claramente al que está colgado en la cruz por la fe.  

Y tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea”, Lucas 24:5-6. María Magdalena, junto a otras mujeres, fueron a la tumba en busca de Jesús. Los ángeles que allí estaban le hicieron saber que el Señor había resucitado ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? A menudo vemos a personas que buscan a Dios entre los muertos. Van a la iglesia y piensan que están en un funeral, porque no han descubierto aún que Cristo se levantó de entre los muertos. ¡Gloria a Dios por su resurrección!

El que en la cruz murió y fue sepultado en un sepulcro sellado por los romanos con la finalidad de que nadie pudiera abrirlo; se levantó con poder y gloria, la piedra que sellaba el sepulcro fue removida por el poder que emanaba de Él. Su resurrección es el resurgir de una nueva vida para nosotros hoy. 

Levántate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo”, Efesios 5:14. Jesucristo vive por siempre y para siempre y Él quiere que tú le recibas hoy en tu vida e inicies un nuevo caminar por medio de Él

Que la gracia de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, reine en cada vida, en cada corazón, desde ahora y para siempre.  ¡Bendiciones!

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